La toxina botulínica tipo A es utilizada para una variedad de tratamientos. En el mundo son varios los fabricantes: Botox Cosmetic (producido por Allergan), Dysport (Ipsen LTD.) y Xeomin (Merz Pharma Alemania), por citar algunos ejemplos.
Su aplicación en primera instancia estuvo dirigida al tratamiento de distonías musculares, espasmos, movimientos involuntarios y estrabismo, entre otras patologías. Fue recién en 1989 cuando los doctores Clark y Berris la utilizaron con fines estéticos. En este sentido, actualmente puede utilizarse en forma segura y efectiva, con mínimos efectos colaterales, en el tratamiento de envejecimiento facial.
La aplicación requiere de un médico que conozca perfectamente la anatomía de la cara, la ubicación de los nervios que regulan los músculos de la mímica y las zonas de peligro facial, a fin de evitar complicaciones indeseadas, tales como las alteraciones en los movimientos de los párpados (ptosis) y de los labios o dificultades para tragar.
Por otra parte, para lograr los efectos deseados el especialista debe conocer en profundidad todas las cuestiones vinculadas a la armonía y la estética facial. Es por ello que habitualmente son los cirujanos plásticos y otros pocos especialistas muy bien entrenados los idóneos para la aplicación segura de la toxina.
La toxina botulínica actúa sobre los músculos en los que se aplica y, dependiendo de la dosis, genera desde relajación hasta parálisis de los mismos.
Su indicación cosmética es para el tratamiento de las arrugas dinámicas, es decir, aquellas que se generan como consecuencia de los gestos. Estas son: las perioculares (también llamadas "patas de gallo"), las arrugas horizontales de la frente y nariz, las arrugas verticales del entrecejo y, en casos seleccionados, arrugas peribucales y las bandas del cuello.
También es posible levantar las cejas, logrando una mirada más despejada y juvenil.
Los efectos se evidencian generalmente hacia los siete días y logran su máxima expresión hacia los doce días desde la aplicación. La duración de esos efectos oscila entre los tres y los seis meses (según reportan la experiencia clínica y los informes científicos publicados en prestigiosos journals médicos). Esto depende del tamaño de los músculos de cada individuo y de la presencia de anticuerpos generados por las reiteradas aplicaciones de la toxina, sobre todo cuando éstas se apresuran.
Habitualmente el especialista, con las sucesivas aplicaciones, identifica las características de cada paciente y adecua paulatinamente las dosis. En algunos casos puede requerirse un retoque a los 7 o 14 días de la aplicación. Esto debe consensuarse con el médico, dado que muchas veces lo pretendido por el paciente puede no resultar estético.
Está contraindicado en embarazadas, durante la lactancia, en individuos alérgicos a la albúmina humana y en quienes sufran enfermedades neuromusculares (miastenia gravis, esclerosis lateral amiotrófica, etc.).
Algunos medicamentos pueden potenciar el efecto de la toxina botulínica o generar hematomas en el punto de la inyección (que desaparecen en pocos días, pero resultan molestos).
En resumen, la toxina botulínica es ideal para mejorar, en forma temporaria, las arrugas de la cara. Pero también permite efectuar cambios sutiles en la fisonomía del rostro que representan un gran efecto de rejuvenecimiento, como generar una mirada más despejada al elevar la cola de la ceja.
Se inyecta con una aguja muy fina sobre los músculos faciales, en forma casi indolora.
Por último, también se utiliza para otras patologías médicas. Generalmente los especialistas en estética lo utilizan con éxito para tratar la sudoración profusa (hiperhidrosis) en manos y pies.
La aplicación de toxina botulínica en la parte superior de la cara combinada con rellenos en los surcos de la parte media de la cara y los labios, permite resultados realmente satisfactorios, siempre que se efectúen en su justa medida y por manos expertas.
Debe consultarse a médicos especialistas acreditados. La información más objetiva en la web se obtiene de claustros académicos, como la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires (en Argentina), universidades u otras entidades oficiales.
Por: doctor Edgardo Paulo Sabogal Alessio, especialista en Cirugía Plástica y Reparadora y especialista en Flebología (MN79653)
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