Hugo Chávez entregó condecoraciones, reconocimientos y ascensos a los a los militares, pero en el lugar elegido para la ceremonia había un grupo de venezolanos que hicieron oír sus reclamos. "Se hacen ilusiones, pero esta revolución cada día será más radicalmente socialista", gritó el presidente mientras aún se podía escuchar el ensordecedor sonido de fondo.

"Toquen cacerolas, escuálidos de pacotilla, y háganse a la idea de que con eso van a tumbar a este Gobierno", ironizó el bolivariano. Y agregó que "ya han pasado 12 años desde que, gracias al despertar del pueblo venezolano, gracias al despertar de los militares, comenzó en Venezuela un gobierno producto de una revolución social e histórica que llegó para darle vida a una patria nueva".

Cuando las cacerolas dejaron de sonar, el mandatario retomó su discurso. Sin embargo, el blanco fue el mismo: la oposición. "Siguen los voceros de la burguesía (...) empeñados en tratar de tapar el sol con un dedo. Pero sus pretensiones manipuladoras seguirán estrellándose contra la verdad, contra las profundas verdades que sustentan la Revolución Bolivariana".

Además, aprovechó la oportunidad para justificar la Ley Habilitante que la Asamblea Nacional oficialista -sólo hasta el 5 de enero, fecha en la que se concretará el recambio de legisladores- aprobó en tiempo récord. Esta prerrogativa dota al Ejecutivo de poderes para dictar decretos con fuerza de ley.

"Las leyes habilitantes serán, sobre todo, para enfrentar la emergencia, pero ellos (la oposición) dicen que es una dictadura y que yo di un golpe de Estado (...) No habrá golpe de estado ni de Chávez ni contra Chávez", aseguró.

Para terminar su alocución exigió que le permitieran cumplir con lo que él cree que es su tarea. "Déjenme trabajar, déjennos trabajar que eso es lo nuestro. Ustedes son unos holgazanes y quieren siempre sabotear el trabajo del pueblo", advirtió.