Cuando el robo se vuelve un arte que deja suculentas ganancias

En las últimas horas, desaparecieron pinturas de "Prilidiano Pueyrredón" y de un joven artista de tan solo 14 años. Argentina no es ajena a un delito que mueve más de u$s 1.000 millones al año

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Dos casos de robos de obras de arte en las últimas horas dejaron al descubierto que sigue tratándose de un negocio sustancioso en la Argentina y el mundo.

Un hombre de nacionalidad alemana denunció que un grupo de delincuentes ingresó a su casa de la ciudad de Godoy Cruz y robó un original de Prilidiano Pueyrredón que estaría valuado en una cifra superior a los 500 mil pesos. También se llevaron réplicas de Quinquela Martín

El episodio fue denunciado por Gerardo Otto Leiberecht Gamell, de 72 años, quien vive al sur de Mendoza. Según dijo, el hecho ocurrió durante la madrugada del sábado y fue descubierto al día siguiente, cuando llegó a su casa.

En un episodio similar, se robaron las obras de un joven artista cordobés, valuadas en "30 mil pesos", cuando eran transportadas desde Río Cuarto a Buenos Aires para una muestra de grabado y pintura en una galería de arte. El hecho ocurrió en la ciudad de Laboulaye, distante 346 kilómetros al sur de la capital cordobesa.

El chico de 14 años iba a presentar sus trabajos por segunda vez en una muestra de grabado y pintura que comenzó el jueves pasado, en la Galería de arte Desde la Plástica, de la ciudad de Buenos Aires.

Los museos en la mira

Un capítulo parecido, aunque bastante más tortuoso sucedió hace tres años en el Museo Nacional de Bellas Artes de Argentina, en Buenos Aires. La obra ?Estudio para manos, estudio para el secreto?, de Auguste Rodin, desapareció del recinto en mayo del 2003, ante el absoluto estupor de curadores y encargados del centro artístico.

La pieza de bronce, de 17 x 7,9 centímetros estaba valuada en diez mil dólares, y permaneció extraviada durante cuatro meses. Sólo fue recuperada cuando un hombre intentó venderla a un anticuario y fue interceptado por la policía.

El negocio

Según cifras de la Unesco, entre los negocios ilícitos, el tráfico de obras de arte ocupa un lugar primordial. Sólo el negocio de las drogas y las armas lo superan en volumen y ganancias. El robo y la reventa de estas creaciones mueve más de mil millones de dólares al año, y sólo en Francia se ha duplicado durante los últimos años.

Entre quienes sustraen obras de arte de gran valor ya se han confeccionado varios perfiles. En primer lugar están los expertos en arte, coleccionistas compulsivos, que bien se describen en la película "El caso Thomas Crowne". En el filme, un amante del arte aparentemente roba un codiciado cuadro para sumarlo a su colección personal. Luego se descubre que el delito nunca se llevó a cabo. El problema con este tipo de delincuentes es que no intentan vender las obras, por lo que encontrarlas se hace prácticamente imposible.

En segundo lugar aparece el ?traficante ocasional?, que roba una pieza cuando se encuentra con la oportunidad. Como no cuentan con contactos para vender la mercancía terminan, tarde o temprano en anticuarios o lugares de arte tradicionales, y las obras son recuperadas.

Los mayores saqueadores, en tanto, lo constituyen las redes de tráfico organizadas, bien estructuradas, y que cuentan con todos los mecanismos y contactos necesarios como para manejar el ?negocio?. Se trata de expertos en arte y, sobre todo, en sistemas de seguridad. Las obras también terminan, como en el primer caso, en manos de coleccionistas privados.