Envenenaron más de 200.000 crías de canguro en Australia

La organización Contra la Crueldad Contra los Animales de Tasmania, Ivette Watt, explicó que más de una docena de agricultores de la isla King utilizaron la semana pasada dosis de monofluroacetato de sodio para matarlos

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"El uso del 1080 (monofluroacetato de sodio) es inhumano porque produce una larga agonía y una muerte horrible. Se tiene que encontrar una solución más compasiva y efectiva para controlar la población de canguros", manifestó Watt.

La activista defensora de los derechos de los animales señaló que el uso del monofluroacetato de sodio acaba con los adultos de esta especie y deja un gran número de huérfanos abandonados a su suerte.

Los canguros habitan varias partes del territorio de Tasmania y llevan a sus crías durante al menos seis meses en una bolsa marsupial.

Tanto ecologistas como científicos coinciden en que el problema del 1080 se agrava en la medida en que este veneno quedará impregnado en los cuerpos sin vida de estos animales y otros, de los considerados carroñeros, comerán estos restos y morirán indirectamente, con el consecuente daño a la cadena biológica.

Watt apuntó que va a resultar muy difícil determinar la proporción exacta de la matanza porque la isla en cuestión se encuentra en un lugar remoto del noroeste de Tasmania, y calculó que sólo serán visibles un diez por ciento de las muertes.

La Asociación de Agroganaderos de Tasmania salió al paso de las acusaciones vertidas contra ellos para desmentir la magnitud de la matanza, aunque no negó el empleo del veneno.

El portavoz de esa asociación, Ian Whyte, declaró que el hecho de que se crea que el agente 1080 tiene la capacidad de eliminar a 200.000 animales "no significa que hayan muerto 200.000 canguritos" en King.

Whyte aseguró que el veneno se empleó en cebos de zanahorias colocados en una línea de 115 kilómetros de largo como un "último recurso" y bajo estrictos controles gubernamentales.

Los agricultores y ganaderos de esa isla están preocupados por el crecimiento demográfico de los canguros, particularmente de las subespecie Pademelons (Thylogale billardierii) y Bennetts (Macropus rufogriseus), cuyo número alcanzaba el medio millón de ejemplares.

La familia de canguros representa un competidor natural para el ganado en cuanto a la alimentación se refiere.

Los expertos alegan, además, que en King no hay depredadores naturales de este pequeño canguro, especialmente después de la desaparición del quoll, una especie de gato salvaje nativo del lugar.

Whyte remarcó que los agricultores y ganaderos de King y Flinders intentan negociar con los gobiernos nacional y local soluciones viables y opinó que el uso del veneno no se puede descartar mientras no se hallen "alternativas comerciales aceptables" y "sin que afecten a la vida de los granjeros y sus estilos de vida".

El empleo de 1080 en los bosques estatales de Tasmania estará prohibido a partir de finales de año.

Hace poco se sacrificaron unos 250 canguritos en King, isla famosa por su producción de quesos y otros productos lácteos, para un estudio sobre sus posibles potenciales comerciales.

Los argumentos de los agroganaderos no calan entre los defensores de los animales, quienes proponen métodos dirigidos a conseguir la convivencia entre los granjeros y la fauna salvaje.