Elegir y conservar bien las manzanas puede reducir el desperdicio doméstico y evitar el consumo de fruta deteriorada. La revisión comienza en el punto de venta y continúa en casa, con medidas sencillas de higiene, refrigeración y separación de otros vegetales.
La piel íntegra y firme es el primer criterio de compra
Al seleccionar manzanas, conviene observar la superficie y comprobar la consistencia con una presión suave. La nutricionista Annessa Chumbley recomendó elegir ejemplares firmes, de piel lisa y sin golpes ni roturas, en declaraciones recogidas por EatingWell, sitio especializado en alimentación. Las zonas magulladas o abiertas reducen la calidad de la fruta y favorecen su deterioro.
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El aspecto no es el único indicador. Un olor agrio o fermentado puede advertir que la pulpa empezó a descomponerse, aun cuando el exterior parezca aceptable. Por ello, la compra puede guiarse por una revisión breve de tres puntos:
- Piel sin cortes, perforaciones ni daños visibles.
- Textura firme, sin áreas excesivamente blandas.
- Aroma fresco, sin notas ácidas o fermentadas.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aconseja desechar los productos frescos que parezcan podridos y retirar las partes dañadas o magulladas antes de prepararlos.
También recomienda separar las frutas y verduras que se comerán crudas de carnes, aves y pescados crudos, tanto durante su almacenamiento como en la preparación.
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El moho visible exige descartar la manzana completa
La señal que requiere mayor cautela es la presencia de moho. Mark McShane, especialista en seguridad alimentaria, señaló a EatingWell que no compraría una manzana con crecimiento algodonoso blanco, verde o azul, ya sea en la cáscara, cerca del tallo o sobre una parte dañada.
La razón es que el crecimiento fúngico puede extenderse más allá de la porción visible. Cortar el sector afectado no permite confirmar que el resto de la fruta sea apto para el consumo, explicó McShane. Ante una manzana con moho, la alternativa más prudente es descartarla.
Esto no equivale a tratar cualquier irregularidad superficial como moho. Una magulladura pequeña sin señales de descomposición puede retirarse antes de comer, tal como indica la FDA. Sin embargo, los cambios de textura, olor o color deben evaluarse junto con el estado general de la pieza.
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El frío prolonga la calidad y el lavado debe hacerse al momento de comer
Las manzanas conservan mejor su textura cuando se guardan refrigeradas. Chumbley explicó que además liberan etileno, un gas que acelera la maduración de productos sensibles.
Por eso, mantenerlas apartadas de verduras de hoja y brócoli puede ayudar a preservar estos alimentos durante más tiempo. Las pautas prácticas para el hogar son las siguientes:
- Colocar las manzanas en el cajón para frutas y verduras del refrigerador.
- Usar una bolsa perforada, que permita el intercambio de aire y conserve cierta humedad.
- Evitar que entren en contacto con carnes, aves o pescados crudos.
- Revisar periódicamente las piezas y retirar las que presenten deterioro.
La FDA recomienda lavar las frutas y verduras bajo agua corriente antes de prepararlas o comerlas, incluso si no se consumirá la cáscara.
No aconseja utilizar jabón, detergentes ni soluciones comerciales para lavar productos frescos, ya que pueden absorberse en alimentos porosos y sus residuos pueden resultar perjudiciales. El lavado reduce bacterias que pudieran estar presentes, pero no las elimina por completo.
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La recomendación de esperar hasta el momento del consumo también responde a la conservación. El agua que queda sobre la superficie durante el almacenamiento puede favorecer el crecimiento microbiano y acelerar la alteración del producto. Tras el enjuague, la FDA sugiere secarlo con una toalla de papel o un paño limpio.
Planificar la compra y conservar correctamente reduce residuos
La selección y almacenamiento de fruta forman parte de las medidas domésticas contra el desperdicio de alimentos. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) recomienda planificar compras, elaborar lista según los alimentos disponibles en casa y mantener heladera en condiciones adecuadas. También aconseja colocar delante los productos que deben consumirse primero.
Según la FAO, reducir el desperdicio en los hogares disminuye el uso innecesario de recursos como agua, energía, tierra, trabajo y dinero. Además de limitar la cantidad de residuos que llega a vertederos.
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