En un nuevo episodio de La Fórmula Podcast, Adriana Noreña, vicepresidenta de Google para Hispanoamérica, repasó su historia, carrera y las claves que marcaron su camino hacia el liderazgo. Habló de la disciplina, la educación y la pregunta “¿por qué no?” como motores de su crecimiento, además de compartir las tres grandes lecciones que aprendió en Google: la humildad de los líderes, la importancia de buscar el progreso antes que la perfección y la necesidad de tomar decisiones, aprender de los errores y seguir avanzando.
Además, contó cómo organiza su exigente rutina entre el trabajo, la familia y el deporte, y explicó cómo incorporó la inteligencia artificial a su vida cotidiana y profesional. También reflexionó sobre el impacto de la IA en la ciencia, la medicina y la productividad, el potencial de América Latina como región de innovación, la importancia de la familia y la espiritualidad, y el desafío de aprovechar las oportunidades que ofrece la tecnología.
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Adriana Noreña es una ejecutiva colombiana y vicepresidenta de Google para Hispanoamérica, cargo que ocupa desde 2011 y desde el que lidera la estrategia y las operaciones de la compañía en los mercados de habla hispana de América Latina. Nacida en Cali y radicada en São Paulo, Brasil, Noreña se incorporó a Google en 2006, después de desarrollar su carrera en empresas como Avaya y PepsiCo y de fundar su propio emprendimiento de cosmética.
Es licenciada en Administración de Empresas por la Universidad Icesi, tiene un MBA de Babson College y una maestría en Gestión de Tecnología del MIT. Antes de asumir su actual posición, fue directora general de Google Argentina y ocupó distintos roles de liderazgo en ventas y operaciones para Brasil y Latinoamérica. En los últimos años se convirtió en una de las principales referentes de Google en la región en temas de transformación digital e inteligencia artificial. Desde 2020, Forbes Colombia la incluye cada año en su lista de las 100 mujeres más poderosas del país.
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El impacto de la IA en la región

Más allá de su adopción en la vida cotidiana y en el mundo del trabajo, la inteligencia artificial ya empieza a mostrar aplicaciones concretas en áreas sensibles para la región, desde la investigación científica hasta la prevención de desastres y la respuesta ante emergencias. En ciencia, por ejemplo, estas herramientas están acelerando procesos que antes demandaban años de trabajo, al permitir analizar grandes volúmenes de datos y detectar patrones con mayor rapidez. Uno de los casos más citados a nivel global es AlphaFold, un sistema que permitió avanzar en el estudio de la estructura de 200 millones de proteínas y que hoy es utilizado por millones de investigadores en líneas vinculadas al Alzheimer, el Parkinson, la malaria y el desarrollo de materiales o enzimas con potencial ambiental.
En el campo de la salud, la inteligencia artificial también gana espacio como herramienta de apoyo para mejorar diagnósticos, ampliar capacidades del sistema sanitario y reforzar la atención en zonas con menos acceso. Su uso en la detección temprana del cáncer de mama, así como en el fortalecimiento de servicios médicos en comunidades rurales y remotas, forma parte de una tendencia más amplia: la incorporación de modelos predictivos y sistemas automatizados para asistir a profesionales y reducir brechas de cobertura. A la vez, en América Latina estas tecnologías también se están aplicando a la gestión del riesgo. Durante los temporales que afectaron a Chile en julio, herramientas de monitoreo y predicción permitieron anticipar posibles inundaciones y mejorar la capacidad de respuesta de comunidades y autoridades. Entre esos desarrollos aparece Groundsource, un sistema que procesa información pública y puede prever inundaciones urbanas con hasta 24 horas de anticipación.
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El impacto también se extiende al plano ambiental y a la seguridad pública. En distintas ciudades de la región, la inteligencia artificial ya se utiliza para optimizar la circulación urbana y reducir emisiones asociadas al tránsito. En paralelo, los sistemas de alerta temprana frente a terremotos se consolidan como una de las aplicaciones más visibles de la tecnología con impacto directo en la vida cotidiana. En los últimos meses, millones de personas en países como Venezuela y Colombia recibieron avisos en sus celulares segundos antes de un sismo, un margen breve pero crucial para buscar resguardo. El funcionamiento de estos sistemas se apoya en redes de teléfonos que actúan como sensores distribuidos capaces de detectar movimientos iniciales, verificar el evento y emitir alertas en tiempo real.
Adopción de la IA en Argentina y la región

La expansión de estas herramientas también se refleja en los niveles de uso en América Latina. Según un estudio de Google junto a Ipsos, en 2025 el 62% de las personas a nivel global afirmó utilizar chatbots en su vida cotidiana, frente al 38% registrado en 2023. En Hispanoamérica, esa cifra fue incluso más alta en países como México, con el 66%, y Argentina, con el 65%. El aprendizaje, además, aparece como el principal motor de uso: el 74% de los usuarios globales recurre a esta tecnología para profundizar conocimientos, una tendencia que asciende al 77% en México y al 75% en Argentina.
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En la región, este crecimiento también viene acompañado por una mayor oferta de capacitación y programas de formación en habilidades digitales e inteligencia artificial. En abril, se lanzaron 110.000 becas para certificados profesionales y cursos de inteligencia artificial en México, Chile, Argentina y Colombia. Además, en marzo se anunció un fondo regional de 4,6 millones de dólares para la educación en IA entre jóvenes latinoamericanos. En junio de 2026, se destinó financiamiento en Argentina para organizaciones sociales dedicadas a capacitar a educadores, estudiantes y entidades sin fines de lucro.
Ese avance también puede observarse en la masificación de las plataformas basadas en IA. En agosto de 2026, la aplicación Gemini alcanzó los mil millones de usuarios mensuales a nivel global, una cifra que da cuenta de la velocidad con la que este tipo de herramientas se incorporan a la vida cotidiana, tanto para consultas simples como para tareas de productividad, estudio y trabajo.
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En paralelo, también crecen los intentos de llevar estas discusiones al plano de las políticas públicas. Junto con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otros socios, Google presentó tres iniciativas orientadas a impulsar la inteligencia artificial y la transformación digital en América Latina: la publicación de un estudio estratégico sobre el impacto económico de la IA, la creación de una academia gratuita de capacitación para funcionarios públicos y una inversión de 5 millones de dólares para expandir la infraestructura pública digital en la región.
— Adriana, bienvenida. Sos la vicepresidenta de Google en habla hispana. ¿Qué aspectos de tu historia y de tu contexto temprano debería conocer para entender a la mujer exitosa que sos hoy?
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—Gracias. Poco tienes que entender. Nací en Cali, entonces debo hacer una mención a mi país y mi ciudad, que está sufriendo bastante por el terremoto. Poco debes entender, la verdad. Siempre mi papá creyó en que la educación iba a ser mi gran herencia y eso lo llevo marcado. Siempre traté de estudiar mucho y creo que eso va muy en línea con lo que estamos viendo hoy con inteligencia artificial. Y lo segundo, me marqué por una gran pregunta siempre en la vida: ¿por qué no? Entonces, por qué no salir de Cali, ir a una buena universidad. Me propuse ir al MIT y así lo hice. ¿Por qué no salir del MIT, bien sea de una ciudad, de un país de América del Sur como Cali, y aspirar a trabajar en una empresa gigante que va a cambiar el mundo? En ese entonces no sabíamos lo que iba a ser Google. Entonces, un poco hacerse esa pregunta, eso es un poco lo que me marca a mí.

—Te escuché mencionar tres lecciones que te dejaron los líderes de Google y me encantaría que vayamos una por una. La primera es la humildad de los líderes: el poder decir “no sé” y mostrar sus debilidades.
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—Sí, eso es algo que me marcó en Google. Vamos a diferenciar un poco el líder de el gerente o el jefe. Uno tenía el mito o el sofisma, distracción, de que el jefe te mandaba a hacer cosas y entonces, te decía y uno hacía porque sabía todo. Creo que a lo largo de la vida, y particularmente en Google, me enseñaron que el líder no es el que te manda a hacer cosas, sino el que saca lo mejor de ti de una manera tan natural y tan humana, que acabas haciendo cosas que nunca pensaste que tú fueras capaz de hacer. Y eso lo logra un líder a través de empatía, a través de ser muy humano, obviamente a través de trabajo duro y de humildad. A mí siempre me sorprendió cuando mi jefe decía: “Lo siento, me equivoqué”. Y yo decía: “Guau. Está haciéndose muy vulnerable frente a mí”. Y eso es parte de la humildad. Entonces, trato de ser así porque lo admiro, admiro ser humilde y creo que ayuda muchísimo.
—¿Te acordás del mejor jefe líder que tuviste en tu vida?
—Es una combinación. Tuve muchos y tengo todavía muchos. Pero es una combinación de alguien técnicamente fuerte, una persona que es muy capaz y que estudia mucho, que sabe reconocer que no sabe para aprender, que sabe reconocer quién sabe más para pedirle ayuda y que sabe unir lo mejor de cada persona para lograr algo mejor en conjunto.
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—Voy a pasar a la segunda que es: “No buscar la perfección y sí el progreso, moverse siempre para adelante y reiterar en el camino”.
—También eso lo aprendí en la vida, porque yo buscaba la perfección y entonces cuando buscas la perfección y no avanzas, te frustras. Creo que en el mundo de la tecnología se ve más, porque muchas cosas salen y no se sabe si van a funcionar correctamente. Yo siempre creo que hay que elegir un camino que un buen líder ayuda a montar o a definir ese camino a donde queremos llegar o el punto donde queremos llegar con un equipo, sacar lo mejor de ese equipo, las habilidades de ese equipo y decir: vamos para adelante y si nos equivocamos, vamos haciendo progreso, aprendemos de esos errores. Y creo que eso es algo que debemos aprender siempre y seguir avanzando.
Es como el dicho de: lo óptimo es enemigo de lo bueno. Y a veces uno no avanza. En Google tenemos mucha información y nosotros usamos mucha información para analizar la toma de decisiones. Un líder o un gerente usa la información que tiene y dice: “Bueno, vamos a tomar una decisión. ¿Cuál es el escenario A, B, C?” Y a veces caemos en ese error de quedarnos paralizados en el análisis y decir: “Bueno, esto es lo suficientemente bueno como para decirnos que es por este lado donde debemos movernos”.

—También creo que hay algo de eso: tiene que ser una cultura que permita equivocarse, porque muchas veces la parálisis viene de estar en una cultura que no permite el error ni probar cosas nuevas.
—Sí, recuerdo mucho cuando empezamos Google teníamos unas oficinas mucho más chicas, éramos 3.000 empleados en todo el mundo y teníamos, yo no sé cómo le dicen en Argentina, pero creo que es un mono, un animal. Un mono y un osito. Y el mono era: “¿En qué te equivocaste esta semana?” Entonces, hacíamos las reuniones todos los viernes con toda la oficina y alguien decía: “Bueno, el mono, qué hice yo. Este fue el error que cometí”. Y lo celebrábamos en el buen sentido de la palabra, pero aprendíamos de ello y siempre teníamos el osito o el perrito, era un animal así para decir: “Bueno, y esto fue lo bueno que hicimos”.
—La última lección es: “No hay una mala decisión, la mala decisión es no tomar una decisión”
—Sí, correcto. No moverse por miedo y además en el mundo de los negocios hay que moverse. Hay que moverse porque si no alguien se mueve para adelante. Lo importante es hacer un poco el análisis de cómo estamos yendo, si nos está funcionando y si no nos está funcionando, cambiar dirección.
—¿Qué parte de vos, alguna habilidad o característica, creés que, si te la sacara, no garantizaría que estés dónde estás o que hayas llegado hasta donde llegaste?
—Lo tengo clarísimo: disciplina. Yo tengo muchísima disciplina. Mi hija me dice que soy determinada, pero es disciplina. Yo me propongo algo y lo pongo en calendario, o sea, hago que eso suceda. Siempre menciono un libro que me marcó, pero es el de Atomic Habits. Yo lo leía y decía: “Pero esa soy yo un poco. Esto tiene que funcionar para mí, lo pongo en calendario y religiosamente lo voy haciendo y no lo abandono”. Yo creo que eso es parte de eso. Fueron los estudios. Dije: “Voy a estudiar en este lugar y hasta que no entre no lo voy a abandonar”...
—¿Creés que eso es algo que se construye? ¿Creés que es algo que nace con uno? ¿Creés que, si alguien hoy nos está escuchando y tal vez no tiene eso adentro, puede construirlo?
—Sí, yo creo que depende mucho de querer. Yo no lo tenía. Yo no me acuerdo cuando lo hice consciente, pero cada vez más ahora, ya más viejita (risas), lo hago consciente y lo pongo porque me ha funcionado, pero en el pasado yo no sé cómo vino a mí. No sé cómo vino, cómo lo adopté.

—¿Y qué pasa en esos momentos cuando uno está poniendo mucho esfuerzo en algo, todavía no ve resultados, la emoción del principio se pasó. ¿Qué te funciona para seguir motivándote y no dejarte desencantar tan fácilmente?
—Yo creo que hay momentos en que hay que dejarse desencantar también, es parte de la disciplina. Es como cuando alguien lanza un producto y ve que no funciona después de equis tiempo dice: “Hay que matarlo”. Pero pensando en que estamos en medio camino, siempre la visión a donde quiero llegar y si miro para atrás y si veo que hay progreso y que todavía hay opción.
Pero yo creo que hay que ser muy pragmático, como poner las cosas en la mesa y decir: “Ok, ¿cuál es el mejor escenario de todo este esfuerzo que llevo? ¿Todavía hay luz?”. Si hay un poco de luz, sigo. Las cosas buenas no nacen de las cosas fáciles. Si veo que no hay luz, digo: “Bueno, recalculando”. No voy a ir para atrás, pero sí pensar cómo le puedo dar la vuelta hacia otro lado. Yo creo que es como cuando los atletas salen al 100%, nadie sale al 80%. La pregunta es: ¿en algún momento vale ir al 80% para poder luego acelerar más? Y creo que es la reflexión.
—¿Cómo es un día tuyo?
—El día tiene veinticuatro horas. Mi agenda es diferente si viajo o no viajo, pero vamos a hablar de lo más general. Yo me levanto muy temprano y lo primero que hago es leer cosas que en el silencio yo puedo pensar mejor. Entonces, me levanto sola, yo no pongo el despertador, me levanto y leo algún documento para el cual yo necesite prepararme para alguna reunión, alguna entrevista para la cual yo necesite saber de la entrevistadora y similares, o cosas más de largo plazo para las cuales soy un elemento que genera una dependencia en mi equipo. Ese es el momento cero y pueden ser unas dos horas en la mañana. Luego hago ejercicio, yo soy triatleta, entonces tengo un plan muy pesado. Está en mi agenda, o sea, religiosamente paro y me voy a entrenar. Hago dos entrenamientos por día, corro y nado, nado y corro, o hago bicicleta y hago músculos. Me levanto aproximadamente a las 3.30 de la mañana. Pero la aclaración es la siguiente: me funciona. No es que esa sea una fórmula del éxito. Yo me despierto naturalmente en esas horas y es un momento muy silencioso. Entonces me sirve, no hay estímulos.
Entonces yo leo y reviso las cosas a esa hora. Y luego vengo y desayuno. Obviamente me alimento para hacer el ejercicio. Mi familia es una nena que ahora no está, está viviendo en Estados Unidos, pero es el momento de la familia y ya me voy a trabajar. La agenda la priorizo por prioridades de negocio. Entonces, yo miro la agenda y la comparo. Ahora uso inteligencia artificial para hacer eso con las prioridades del negocio y planeo. La agenda la revisé antes para ver si está bien, pero en el día, si hay algo que se cae, yo voy llenando los huecos con cosas que yo tengo que hacer, porque tengo muchas reuniones: con equipos de otros lugares, videoconferencias, y así se termina. Si tengo clientes, ya he leído sobre el cliente antes, entonces llego a la reunión preparada. Si no me da tiempo en la mañana, abro espacios durante el día para prepararme y así concluye más o menos mi día. Y es similar en viajes. En viajes el momento de desayuno casi no existe, es decir, lo hago sola y tengo mucho más compromiso social. Cenas y todo eso.
—En esas prioridades, ¿tenés marcados objetivos a mediano plazo, largo plazo? ¿Cómo las distribuís?
—Nosotros tenemos un plan anual, definimos unas prioridades a dónde queremos llegar y cuáles son los pilares de ese plan anual. Tenemos objetivos que se traducen en objetivos personales y objetivos del equipo y lo vamos revisando trimestralmente y hay cosas que se mueven semanalmente. Pero es algo continuo. Es algo que lo veo casi que todos los días de diferentes puntos de vista

—¿Qué lees para informarte? ¿Qué temas te interesan hoy?
—Yo soy una persona que me gusta leer cosas muy cortas y al grano. Entonces, leo The New York Times, pero no lo leo todo. Leo la parte de tecnología, business y por encima lo que está pasando. Y hoy, sinceramente, mi consumo de contenido está muy en la inteligencia artificial. Digamos, el estímulo es el feed de Google con las noticias. Pero yo voy y profundizo en la inteligencia artificial. Entonces, sobre los terremotos, en estos días yo estaba curiosa y quería entender las placas tectónicas y todo esto de cuál es la que pasa por Cali, Nazca y no sé qué. Entonces, empecé a leer y a que me explicara. Hoy, yo te diría, desde hace un año, estoy mucho más en ese lugar de aprendizaje y de más profundidad usando inteligencia artificial.
—Recién me comentabas que sos triatleta. Escuché que tenés un objetivo que es correr diez medios Ironman antes de cumplir 60 años.
—Faltan 10 años y ya hice seis. Voy para el séptimo en un mes.
—Si me tuvieras que decir qué es lo que te da el deporte a vos, porque implica mucho esfuerzo, requiere mucho de uno, ¿en qué te compensa? ¿Qué versión de vos saca el deporte?
—Es una pregunta muy interesante porque yo corría y hacía bicicleta, pero no nadaba. Tampoco nado ahora. Me da momentos para mí, me da la capacidad de pensar en ambientes relajados, me da estímulos, que me inspiran. Por ejemplo, cuando vas en una bicicleta de triatlón, que es completamente aerodinámica, el viento en la cara es una sensación que, como al que puede jugar golf, es darle muy bien a la bola. Entonces, me da momentos muy míos, me da un juguete adicional.
Son muchas las variables que estás controlando. Es la alimentación, porque con ese nivel de entrenamiento, si no te alimentas bien, no funciona el cuerpo. También tienes que cuidar mucho de otra variable que es el cuerpo, la masa muscular, tu capacidad cardiorrespiratoria. Entonces, otro estímulo y otra cosa para aprender. Y te da tres disciplinas que son completamente diferentes. Lo lindo de eso es que todo eso se articula y se pone en un plan por un profesional y, cuando miras para atrás, vas haciendo progreso. Al final, esto que hablábamos de hacer, de moverse para adelante es importante porque yo nunca voy a ser campeona de eso, pero si veo progreso, eso me da motivación y sigo.
—Cuando miras para atrás en tu historia profesional, pero también en tu vida personal, ¿de qué progreso sentís que estás más orgullosa?
—Lo primero es haber estudiado en instituciones o en universidades que yo nunca me hubiera puesto de una manera natural el objetivo a hacerlo, de haber ido a Estados Unidos a hacer un MBA -luego fui al MIT- y de haberme probado a mí misma que yo era buena en la liga colombiana y en la liga de MIT. Yo quería ser una buena estudiante también allá. Creo que una de las mejores recompensas para uno como persona es lo que tú ganas por tu trabajo o por tus esfuerzos, sean ellos los que sean. Entonces, abrir puertas en el trabajo, porque soy yo, porque es lo que yo estoy adicionando y porque estoy aprendiendo, y estoy sabiendo jugar en la dinámica de ese juego. Y obviamente la familia. Creo que una de las cosas más lindas es haber sido mamá y hoy ser mamá de una amiga, una compañera, una persona que se está formando y se está forjando como una persona con unos valores inquebrantables.

—¿Cuál lección te gustaría que aprenda tu hija de vos?
—Esto de que imposible no es nada y que todo, si uno se propone, lo consigue. No viene todo gratis: hay que hacer un esfuerzo. Creo que uno no lo dice en la casa, pero el ambiente, básicamente, hace que ella aprenda eso de alguna manera. Mi padre decía: “A veces solo caminar para atrás para agarrar impulso”. Yo a veces miro para atrás para darme ese impulso. A mí lo que me mueve es como el impacto que yo tenga en algo, y puede ser muy chico. Puede ser que hablé con una persona y le ayudé a tomar una decisión. El impacto que yo puedo tener en toda la gente que trabaja en Google o el impacto que a través de Google yo puedo tener en la sociedad. A mí me mueve mucho ver esas cosas. Por ejemplo, estaba viendo lo del terremoto y yo decía: “Bueno, esas alarmas, qué increíble que una cosa tan sencilla, entre comillas, tecnológicamente, pueda ayudar a salvar vidas”. Entonces, el impacto es lo que me mueve y puede ser tanto cosas enormes como cosas muy chicas.
—¿Qué está pasando hoy en día en Google con la inteligencia artificial? ¿Dónde está puesto el foco? ¿Cuáles son las cosas que ves que pueden tener más impacto en la región?
—Está pasando todo. Google es una empresa que ha venido invirtiendo en la inteligencia artificial hace muchos años, yo te diría, pero en los últimos cuatro años se ha visto más evidente para todo el mundo cuando los lenguajes, los LLM, salieron al mercado, incluyendo el de Google. Todas nuestras soluciones tienen hoy inteligencia artificial a través de una marca que se llama Gemini. ¿Y qué me entusiasma? Hay tres niveles de impacto de esa inteligencia artificial que me entusiasman. Uno es resolver grandes problemas del mundo. Entonces, a través de la inteligencia artificial, hoy Google está en proyectos en donde podemos anticipar la predicción o la prevención del cáncer de mama a través de análisis con la inteligencia artificial, que humanamente no serían posibles en milésimas de segundos, crear remedios, entender la estructura de las proteínas para crear medicinas. Desastres naturales, para mencionar, algunos pocos. Entonces, eso en el mundo, es el impacto más grande para la humanidad. El segundo es mucho en la productividad de las empresas, y ahí es donde el carro jefe de Google, que es el área de publicidad, está básicamente ayudando a muchas empresas a tener resultados muy buenos. Eso y Cloud, digamos, la publicidad para afuera y Cloud para adentro. Y en el mundo cotidiano, en la vida, en el día a día, no hay forma ni manera de que nos neguemos a usarla porque es una ayuda. Nos hace más competitivos. Mi vida cambió desde que me incorporé, y todavía me falta por incorporar muchas de las herramientas de inteligencia artificial.

—¿Qué cosas de tu vida cotidiana transformaste, solucionaste u optimizaste con IA?
—Vamos a hablar desde el momento en que me levanto. Los entrenamientos, la inteligencia artificial, por ejemplo, hoy me filman nadando y yo los pongo en inteligencia artificial y digo: “Bueno, ¿dónde están los errores? Hazme un plan para corregir la manera como yo nado”. Yo no soy nadadora. Otro ejemplo es solucionar el problema cotidiano del menú de casa cuando yo nunca estoy. Entonces, cómo hago, basándome en las costumbres alimentarias de mi casa, para dejarles un menú y cuando yo no estoy les hagan algo diferente, porque si no, nadie les dice. En el día a día en el trabajo, en rutas, mapas ya tienen desde hace tiempos, la mejor ruta para evitar el tráfico, etcétera. En el trabajo, nosotros hacemos videoconferencias, las videoconferencias las ponemos a anotar, entonces ya automáticamente se termina la videoconferencia y llegan las notas de la videoconferencia.
Imagínate eso en el mundo agregado, en donde yo tengo todas las notas de todas las videoconferencias que he hecho con mi equipo y digo: “Bueno, ¿cuáles son las tendencias de lo que estamos oyendo?” Cosa que me tocaría leer notas antes. Tomar notas. Muchas veces, si estamos hablando, le digo: “¿Te molesta que se ponga aquí a grabar esto? Tomo nota y luego te mando las notas de lo que hablamos”. Eso es un ejemplo muy mundano. Traducciones. Yo tengo que hablar en portugués, en español y en inglés. Entonces, muchas veces lo uso en el día a día para hacer emails. Productividad en el email: cuáles son los emails que necesitan una acción y proponme prioridad basado en mis prioridades de negocio. Y lo que yo hago mucho es qué de esta agenda no está alineada con el plan. Ejemplos muy cotidianos de lo que se puede hacer. Y ahí vas... Hay parte que es un estímulo, que es el estímulo social en la empresa, porque lo bueno de trabajar con gente tan inquieta es que muchos te traen el estímulo: “Mira, esto lo hice”. “¿Y cómo lo hiciste con inteligencia artificial?” Entonces, me genera curiosidad y el momento puede ser muy temprano en la mañana. Muchas veces después del almuerzo me pongo a hacerlo. También hay equipos que se dedican, por ejemplo, dentro de Google, a hacer herramientas para eso. Entonces, les digo: “Ayúdenme a aprender”, pero mucho es estimulado por el equipo también o por mí misma muy temprano en la mañana.
—Me mencionabas AlphaFold, la prevención del cáncer de mama, la anticipación de catástrofes. ¿Cómo llega una idea así a Google? ¿Hay personas que se dedican a pensar, probar o proponer proyectos y después algunos avanzan y otros no? ¿Cómo se llega a desarrollar algo así?
—Depende. En el caso que mencionaste, mucho viene de DeepMind, que fue una empresa adquirida por Google y se dejó, inicialmente, como una incubadora de lo que ellos hacían en su momento, que era soluciones sobre inteligencia artificial. Mencionaste AlphaFold y tal. Entonces, mucho viene porque es el core de ellos. Las otras ideas son más incrementales y menos transformadoras, y así es Waymo. Waymo vino así. Para quien no conoce Waymo, son los carros automanejados, pero todo es inteligencia artificial. Y están los ejemplos más cotidianos, que sí son cosas que nos proponemos. Entonces, por ejemplo, ¿cómo podemos optimizar? Y hay un equipo que le decimos: “Ayúdennos a ver cómo podemos optimizar el manejo de una reunión para ser más productiva”. Y el equipo de herramientas se va a pensar cómo lo hace. Entonces, es así que se incuba ese tipo de idea.

—Y en cuanto a la inteligencia artificial en general, ¿qué es lo que más te sorprendió? ¿Qué es lo último que viste, que leíste, que te contaron, que te dejó sorprendida?
—La personalización. Cuando tú a un Gemini le dices: “Te autorizo para que personalices y acceses todas mis cosas”, y le dices qué cosas quieres, la capacidad de ayudarte es infinita. Entonces, cuando yo te hablaba del menú, yo soy vegetariana. Entonces, me decía: “Como tú eres vegetariana y en un mes tienes un medio Ironman, entonces tienes que reforzar A, B, C y D, y este es el menú para Adriana”. Ese tipo de cosas de lo cotidiano me ha parecido que es guau.
—Quiero volver a tu rol como líder y preguntarte cuál es el rasgo que más buscás cuando contratás a alguien.
—No es uno específico, es capacidad de aprender. Yo creo que la capacidad y la flexibilidad para aprender es importante. Es difícil verla en una entrevista, a través de casos y todo te das cuenta, porque el mundo tecnológico cambia mucho. La Adriana que entró a Google hace casi 21 años no es la misma de hoy. Entonces, es la capacidad de adaptabilidad, de aprender, de trabajar en equipo y de construir sobre los otros. Entonces, mucho de eso lo ves en la dinámica, parte en el currículum, pero mucho es en la dinámica de cómo esa persona resuelve un problema. El proceso de Google es muy online, por obvias razones. Entonces, uno busca el rol online y aplica, es decir, manda su currículum. Las entrevistas son pocas.
Nosotros aprendimos. Cuando yo entré me hicieron 14 entrevistas, hoy son pocas, tres o cuatro. Siempre se forma un equipo multifuncional para que vea varios rasgos de la persona. Nosotros hemos llegado a contratar médicos para el área de ventas. Y entonces, ¿y cómo llegas allá? Yo creo que hay una descripción del rol, como toda empresa, y unas habilidades básicas que debes tener, y entonces, si las tienes y crees que las tienes, pues debes aplicar o solicitar admisión, y ahí las van a analizar y empezamos a hacer el proceso de entrevista. Obviamente, la capacidad de demostrar impacto y ese aprendizaje en empleos pasados ayuda, pero mucho es de la dinámica de la entrevista también.
—¿Y crees que lo que buscaban hace 15 años atrás cambió de lo que se busca hoy?
—Sí, correcto. Creo que ha cambiado bastante. También el mundo competitivo ha cambiado. Google como empresa, como sus áreas de revenue han cambiado. O sea, antes éramos solo publicidad, ahora somos publicidad, cloud y otra serie de apuestas. Yo te diría que el único común denominador es esa capacidad de aprender. Antes éramos más formales en qué buscábamos en un currículum. Ahora somos mucho más abiertos a ver si las habilidades las demuestra y tal.
—Recién me dijiste que antes el revenue de Google venía casi exclusivamente de la publicidad y que hoy eso cambió. ¿Siendo todavía la publicidad la principal fuente de ingresos? ¿Creen que va a seguir siendo así en los próximos años o que ese mix va a cambiar?
—Lo acabamos de reportar hace un mes creo. Reportamos resultados del segundo trimestre del año. Todavía la publicidad es muy grande. Google como un todo creció más de 20% en sus ingresos, siendo que cloud creció más de 80%. Entonces, cloud está ganando una participación muy importante. El mundo de cloud y el mundo de la publicidad se complementan con la AI. El mundo de suscripciones también está ganando relevancia, con los productos de AI, y esto es información pública. Entonces, nos vamos adaptando a donde esté la demanda y donde podamos causar impacto. Pero sí, cada vez más imagino que esos tres mundos, otros van a ganar más importancia. ¿Cuál? No sé, pero el mundo del cloud es una apuesta importante. Le da capacidades a la empresa internas con AI. El de publicidad le da capacidad de adquirir demanda con AI. Y las suscripciones son más para el usuario cotidiano.
—¿Tenés una misión en Google? Algo que decís: “Yo quisiera dejarle esto a la empresa o que mis años allí representen esto”.
—La verdad no es explícita, pero sí algo que quiero dejar es la importancia relativa de América Latina como una fuente de innovación y un mercado de crecimiento. Y hoy lo estamos viendo porque en el pasado América Latina se quedaba un poco atrás porque no teníamos, cuando yo entré, la internet no existía. Recordemos que el celular movió mucho de eso. Hoy estamos en las mismas condiciones que un mercado avanzado y, de hecho, los usuarios latinoamericanos somos más positivos con la AI. Además la usamos más frecuentemente o con mayor intensidad que el resto de usuarios en el mundo. Entonces, quisiera dejar ese legado dentro de Google: cómo América Latina puede ser un foco de innovación y crecimiento en un mundo tecnológico.

—¿Cuál es el libro que más te ha transformado en tu vida y que más recomendás?
—Yo leo pocos libros. Yo diría que el libro que más leo y que más me transforma es la Biblia. Yo todo el día, todos los días leo la lectura del día y trato de sacar una reflexión. Entonces, es eso.
—¿Te acordás de la última reflexión que te haya dejado alguna lectura de la Biblia?
—Bueno, la humildad está muy marcada en la Biblia. En los últimos días ha habido mucho sobre el respeto al otro, la humildad, el sentarse atrás, el primero no es el que está adelante. Entonces, todo eso, lo incorporo en la vida. Es la fe, cómo la fe mueve montañas.
—¿Y a quién le pedís un consejo cuando estás en dudas, cuando tenés que tomar una decisión, cuando hay una situación que te abruma? ¿Quién sería tu junta directiva personal?
—Mi marido es un gran consejero. A veces demasiado duro, pero sí, mi marido. Me ha ayudado a tomar decisiones interesantes, cosas que yo nunca pensé. Un ejemplo fue cuando vine a Argentina. Yo tenía la oportunidad de venirme como directora general de Google Argentina, pero acabamos de comprar una casa en Brasil, tenía una nena muy chica y me dijo: “Tú vas”. Y le digo yo: “Pero es muy complicado”. Me dice: “No”. Y me mandó un artículo de The Economist, y me dice: “Léete este artículo”. Y era la CEO de una empresa que vivía en Dallas y trabajaba, creo que era en California, y hacía de lunes a viernes California y se volvía a Dallas. Y me dijo: “Tú puedes, hazlo, hazlo”. Y lo hice. Al principio iba y venía y luego me quedé aquí.
—Adriana, voy a despedirte con la última pregunta, que más que una pregunta es una sección de recomendaciones que hacemos al final del podcast. Puede ser lo que sea: un libro, una frase, un hábito, una idea, algo en el último tiempo te haya sorprendido, conmovido o entusiasmado y que hoy quieras compartir con nosotros.
—Yo siempre doy un consejo que me funcionó a mí y es una pregunta muy sencilla. Son dos palabras. Pregúntate siempre: ¿por qué no? Siempre me pregunto por qué no. Ayer alguien me decía: “¿Por qué no vamos por este mercado?”. Y le dije: “Exactamente, ¿por qué no?”. Pero a nivel personal, cuando empecé a hacer triatlón, dije eso. ¿Por qué no? ¿Por qué no puedo hacerlo? Esa es la pregunta.
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