Por Susana Ceballos

Él llegó al estudio canchero y seguro, con esa actitud que no te brindan los años sino la falta de ellos, con la confianza que se siente al ser y saberse bello, joven y exitoso. Ella llegó al set frágil, pero fuerte. Con esa actitud que te da el haber experimentado un par de cachetazos de realidad y con la entereza que te otorga haber sobrevivido a ellos.
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Y se encontraron, él un actor joven con una carrera que se preveía brillante, ella la actriz consagrada. Ambos amaban actuar, eran devotos creyentes que "lo mejor está por venir" pero acérrimos ateos de los amores perpetuos y comprometidos. Ella se llamaba Diana Hyland y había cumplido 40 años. Él tenía 22 y era un actor que hacia delirar a las adolescentes. Su nombre era John Travolta.
Hyland y Travolta habían sido convocados para protagonizar el dramón televisivo El chico de la burbuja de plástico. La película narraba la historia de Tob Lubitch, un niño nacido sin defensas inmunológicas que crecía en una habitación de plástico libre de gérmenes y se enamoraba de su vecina. Travolta era el protagonista y Diana, la mujer elegida para interpretar a su madre. Algo totalmente creíble ya que tenían 18 años de diferencia.
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Cuando los presentaron se saludaron con naturalidad. Seguramente a él le impacto esa mujer con un peinado a lo Farrah Fawcet y de belleza madura. Ella debe haber pensado "lindo muchacho". Es que Travolta con su metro ochenta y ocho, sus ojos celestes, su hoyuelo en el mentón y un andar despreocupado pero sexy no pasaba desapercibido.
La leyenda dice que entre toma y toma comenzó la atracción. Las escenas compartidas duraban minutos y las charlas, horas. Fue así que poco a poco Diana fue conociendo más de la vida de su compañero. Él le contó que era un muchacho de Nueva Jersey, que creció en una familia con cinco hermanos con un padre que vendía neumáticos y una madre actriz y profesora de actuación.
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Ella no pudo evitar la risa cuando él recordó que su papá les había armado un escenario en el jardín para que representaran obras con sus hermanos, pero que nunca logró saber si fue una manera de incentivarlos, un método para entretenerlos o una manera simple pero eficaz para que lo dejaran tranquilo. Le confesó que cuando le propusieron actuar en Broadway en la obra Rain no lo podía creer y que desde entonces tomaba clases de danza con Fred Kelly. ¿El hermano de gran Gene Kelly?, preguntó. "Ese mismo", le respondió. Ella sonrió admirada. ¿Y él? Bueno él se dio cuenta que esas cosquillas que sentía cada vez que ella lo miraba como lo miraba no eran solo hormonales….

Las charlas siguieron y las bromas también. Como al pasar él le contó que gracias a su papel de Vinnie Barbarino en la serie Welcome Back, Kotter recibía diez mil cartas de adolescentes enamoradas por mes. "El amor de mis fanáticas debe ser proporcional a la bronca de mi cartero", remató y otra vez rieron.
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Entonces ella le contó que era una chica de Ohio y que su primer papel lo tuvo a los 19 años en un episodio del programa Robert Montgomery presenta. "Fue en el año 55, un año después de tu nacimiento", agregó, pero a ninguno el dato le importó. Y de las charlas de infancia y trabajo pasaron a otras más íntimas y propias. Conversaciones que solo se suelen compartir con aquellos que deseamos se queden en nuestras vidas y no sigan de largo.
Diana le dijo que estuvo casada con el actor Joe Goodson, que se habían divorciado el año anterior, que tenían un hijo en común, Zachary, al que adoraba y que había cumplido tres años. Le confesó que no era sencillo atravesar un divorcio y criar a su hijo sola porque "esta carrera tiene muchos altibajos y cuesta proyectar". Pero cuando John pensó que comenzaría con un discurso de victimización escuchó "pasé un divorcio difícil pero salí adelante". Fue en ese momento que él descubrió que ella no solo era importante comenzaba a ser imprescindible.
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Porque John, el ídolo de las adolescentes hasta ese momento había tenido muchos amoríos pero ningún gran amor. Sentía que nunca viviría una relación exitosa, de esas que no cambian el mundo pero cambian tu mundo de una vez y para siempre.
John descubrió que estaba enamorado de esa mujer por la que se sintió increíblemente atraído desde el primer día. Y ella experimentó lo mismo. Porque la belleza seduce y arrasa pero una conversación llena de secretos y risas enamora y se te instala en el alma sin que quieras desalojarla.
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Mucho tiempo después John recordó esa relación. "Nunca estuve más enamorado de nadie en mi vida. Pensé que había estado enamorado antes, pero no. Desde el momento en que la conocí me sentí atraído. Éramos como dos maníacos hablando todo el tiempo en el set de Bubble. Después de un mes se volvió romántico".
Cuando terminó la filmación los actores anunciaron la convivencia. "Podría ser tu madre", fue lo mínimo que le dijeron a él. "Se va a cansar enseguida", fue lo que le profetizaron a ella.
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Pero ni los comentarios maliciosos o escépticos ni la diferencia de edad pudieron contra el amor que sentían. Es que cuando se ama a una persona poco y nada importa el afuera, pero si esa persona además te divierte cualquier riesgo vale la pena.

Diana y John estaban juntos y contra el mundo, ese mismo mundo que aplaude a los hombres que salen con mujeres 18 años más chicas pero se asombra si pasa al revés (y si no que lo diga Emmanuel Macron y su esposa Brigitte o en estas pampas Viviana Saccone y su ex novio, 25 años menor). Por eso si a John le preguntaban por la diferencia de edad simplemente contestaba: "Me divierto más con Diana que con nadie en mi vida. Y lo extraño es que antes de que nos conociéramos pensaba que nunca tendría una relación exitosa. Ella me dijo que pensaba lo mismo. Entonces, bam, nos encontramos y enamoramos".
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Travolta compartía su vida con Diane y su hijo. El actor le contagió su pasión por volar y todos los fines de semanas, la pareja realizaba travesías en la pequeña avioneta aircoupe que habían logrado comprar. Cuando Zachary no estaba con su papá también se sumaba. Era en esos momentos, acompañado por las personas que amaba que John se sentía el tipo más feliz del mundo.
La convivencia era tan buena que comenzó a buscar una casa más grande en uno de los barrios más lindos de Los Ángeles para poder instalarse los tres. Con Diana comenzaron a planear un viaje a Río de Janeiro. Al otro día, John se apareció con un traje blanco "para altas temperaturas" que logró primero la risa y luego la aprobación de Diane porque le quedaba "sexy y elegante".
Pero a la pareja no solo le había llegado el amor, también muy buenos proyectos laborales. A ella le ofrecieron un protagónico en la serie Con ocho basta y a él ser Tony Manero en la película Fiebre de sábado por la noche.

Para muchos esta película cambiaría la vida de Travolta, pero los que lo conocen bien aseguran que lo que verdaderamente lo cambió fue lo que sucedió en la Navidad de 1976.
Unas horas antes de la cena navideña Diane se empezó a sentir mal. Creyó que probablemente estaba engripada porque le dolía mucho la espalda y se sentía extremadamente cansada. Así que fue a una consulta médica. El médico la revisó, le hizo unos estudios y le dijo que esperara en el consultorio. Al regresar su cara indicaba que lo que ella padecía era mucho más que una gripe. El diagnóstico fue durísimo: cáncer de mama, el tratamiento una mastectomía urgente. Así lo hizo.
Pero lamentablemente la enfermedad fue diagnosticada en un momento muy avanzado y la ciencia mucho más no pudo hacer. En apenas unas semanas el cáncer consumió la vida de la actriz. Cuando se acercaba el final, John abandonó sin dudar la filmación para quedarse junto a la mujer que amaba. La sostuvo de su mano mientras agonizaba, la acompañó con su amor tangible y su dolor encapsulado para que pudiera irse en paz. Diana falleció el 27 de marzo de 1977, lo último que vio fueron los ojos más hermosos y tristes del mundo, los del hombre que la amó hasta que –literalmente- la muerte los separó.

Travolta quedó acribillado de pena. "Estaba devastado no solo por la pérdida. Siempre sintió que tenía el control de su vida pero la muerte de Diana le demostró que a veces no podemos hacer nada para cambiar el destino", recordó una de sus hermanas.
Diana pidió ser incinerada luego de su muerte y Travolta cumplió su pedido. En la casa que habitaban, amigos y familiares se reunieron para recordarla. Pero el murmullo se convirtió en silencio cuando Travolta apareció vestido con un traje blanco, el mismo con el que había soñado viajar y que ahora usaba para despedir a su mujer. Cuando todos se fueron, se quitó el traje, lo envolvió con meticulosidad y lo guardó en una caja. Se lo envió a su madre y le pidió que lo conservara en su casa de la infancia. Nunca más se lo puso,
nunca más lo miró pero jamás pudo tirarlo. Ese traje quizá simboliza lo que hizo con su dolor, lo guardó, lo escondió y lo anestesió pero nunca logró abandonarlo.
La experiencia afectó profundamente al actor. Después de la despedida de Diana vino la gloria y la fama mundial con Fiebre de sábado por la noche. Travolta filmó más de 70 películas, su vida transcurrió entre éxitos, períodos de ostracismo y resurgimientos. Desde entonces su figura siempre estuvo rodeada de más rumores que escándalos, más conjeturas que verdades.
Se sabe que es seguidor de la cienciología, que está casado con Kelly Preston hace 28 años y que bailó con Lady Di ante la mirada -¿de indiferencia?- del príncipe Carlos. Se dudó muchas veces de su sexualidad, de la calidad de sus implantes capilares y del éxito de sus dietas para adelgazar.
Pero todas estas dudas y conjeturas se detuvieron en el 2009 cuando el dolor volvió a arremeter contra Travolta. Luego de un episodio de convulsiones su hijo mayor, Jett falleció a los 16 años. Su tristeza fue tan inmensa que por mucho tiempo no logró ponerla en palabras. "Dicen que lo más duro es perder a un padre. Puedo asegurar que no es verdad. Lo más duro es perder a un hijo", logró expresarse muchos años después.
"Lo que yo aprendí de todo esto es a vivir y a amar cada día como si fuera el último. Arriesgate y viví la vida. Decile a los tuyos que los querés. No des todo por garantizado. La vida merecer la pena ser vivida", palabras que un día escribió Travolta. Con ellas rendía homenaje a Jett pero también a ese joven de 22 años que se animó a jugarse por un amor aunque la muerte dispuso lo contrario.
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