Rosalía aterrizó en Buenos Aires junto a Loli Bahía en la madrugada de este jueves, a bordo de un vuelo privado que llegó al aeropuerto de Ezeiza sin previo aviso y con un hermetismo tal que ni el propio club de fans de la cantante lo anticipó. Las dos viajaron desde Chile y se instalaron en la suite presidencial de un hotel de Recoleta, el mismo espacio que en otros tiempos recibió a figuras como Madonna, los Rolling Stones y Luis Miguel. Afuera del hotel, escasos fans esperaban un saludo de la artista catalana. Bahía, la modelo francesa que desde hace meses acompaña a la artista catalana en cada escala de su vida pública, volvió a quedar en el centro de la atención.
Su vínculo con Rosalía nació en el desfile Spring/Summer 2026 de Christian Dior en París: la cantante asistía como invitada mientras Bahía caminaba la pasarela. De ese primer encuentro surgió una relación que se fue consolidando en público, con paseos por Madrid, salidas en París y la celebración del año nuevo en Río de Janeiro. Ambas mantienen una presencia calculada en redes, con fotos de los mismos lugares y encuadres cómplices, pero sin declaraciones ni sobreexposición. En Instagram prefieren el juego del POV: imágenes del mismo sitio, tomadas con horas de diferencia, que sugieren compañía sin confirmarla.
Días antes de llegar a la Argentina, un video grabado a la salida de un hotel en Chile encendió las redes. Las imágenes muestran a Bahía caminando unos pasos adelante de Rosalía, quien apura el paso para alcanzarla e intenta tomarle la mano. Loli retira la mano con rapidez, acelera el paso y deja a la cantante unos metros atrás, sin girarse ni mediar palabra visible. La escena, de apenas unos segundos, fue suficiente para desatar una oleada de especulaciones sobre una posible pelea. Quienes analizaron el video con más atención señalaron que, en ese mismo instante, Bahía intentaba contener la risa, y que Rosalía hizo lo mismo un segundo después. La lectura más extendida apunta a una broma internal.
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Esa ambigüedad es parte del juego que ambas manejan con precisión. Desde que se las vio juntas por primera vez, Rosalía y Bahía eligieron no confirmar ni desmentir nada sobre la naturaleza de su relación. Los gestos cómplices, las sonrisas y la agenda cada vez más entrelazada alimentan las especulaciones, pero ninguna declaración pública las ancla a una definición concreta.
Nacida en Lyon en 2002, Bahía tiene raíces multiculturales: padre español y madre de origen argelino. Antes de pisar las pasarelas, estudió en el Conservatorio de Lyon, donde desarrolló afinidad por el jazz y aprendió a tocar el trombón y la batería. Esa formación musical, poco habitual en el mundo de la moda, es uno de los puntos de contacto más evidentes con Rosalía. Su ingreso a la industria fashion fue casi accidental: en 2020 ganó el concurso Egeri Tours, lo que llamó la atención de la agencia Women y la llevó a debutar en Louis Vuitton. Desde entonces desfiló para Chanel, Céline, Saint Laurent, Gucci, Versace y Prada, entre otras casas, y consolidó una imagen que mezcla androginia y elegancia con una presencia difícil de encasillar.
A diferencia de muchas modelos de su generación, Bahía mantiene una relación muy controlada con la exposición mediática. No tiene cuenta en TikTok, la plataforma donde más se viralizan sus imágenes de pasarela, y en Instagram evita la sobreexposición. Su estilo personal es relajado y urbano, con prendas oversize y una naturalidad que contrasta con la sofisticación que despliega ante las cámaras. En 2023 dio el salto al cine con Jeanne du Barry, la película de Maïwenn protagonizada por Johnny Depp, donde interpretó a la protagonista en su juventud. La experiencia confirmó su interés por la actuación como disciplina paralela a la moda, terreno que continúa explorando sin abandonar las pasarelas.
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Rosalía tiene cuatro shows agotados en el Movistar Arena, todos vendidos en tiempo récord, y llega al país en medio de una polémica que la precede: días atrás reposteó un video en contra de la selección argentina tras la final del Mundial 2026, un gesto que encendió las redes y que tiñó de tensión su arribo. El operativo de seguridad incluyó la reserva de plantas completas del hotel y acceso totalmente restringido, con indicación expresa de que la artista no recibe fanáticos en los lobbies.