Este sábado se estrena el cuarto capítulo de La Máquina de Mirar, una serie biográfica en seis episodios que combina ficción y realidad para explorar la vida y el legado de Fernando Marín. Coproducida por Crónica TV e Infobae, el trabajo busca acercar al público a su trayectoria, a través de una narrativa que recorre desde su infancia hasta la actualidad, profundizando en el impacto que tuvo en la política, el deporte y los medios de comunicación.
En este episodio titulado Neustadt no conduce más se remonta a sus primeras experiencias laborales, y refleja especialmente cómo articuló su pasión de niño por el deporte -en este caso puntual, el futbol y el boxeo- con ese talento que fue desarrollando para la producción de eventos, un poco director de orquesta y otro piloto de tormenta.
Sus primeros pasos en el mundo laboral fueron en el exterior, en la Ciudad de Las Vegas. “Me fui de mi casa a los 18 años para conocer el mundo, mintiéndole a mi papá de que yo iba a estudiar y me fui en Aerolíneas Peruanas, que tardaba 14 horas hasta Miami. Cuando llegue ahí empecé a juntar la plata y me fui a Las Vegas, todavía no existía el Cesar Palace”, le dice a Teleshow palpitando el estreno. Y enseguida, aparece el primer trabajo, como valet parking. Y sin saberlo, estaba formateando su propio sueño americano.
Luego de una temporada viviendo allí, regresó al país y comenzó a trabajar codo a codo con Pepe Irusta Cornet, su cuñado: “Él era el presidente de Hit Producciones y yo estuve ahí varios años antes de formar mi propia empresa”. Fruto de esta relación de trabajo logró entablar amistad con Tito Lectoure, el representante de Carlos Monzón y mandamás del Luna Park. Consiguió los derechos para las peleas del santafesino, un furor absoluto en los 70, y su primer viaje fue a Dinamarca, en la quinta defensa del título mundial. Al llegar a Copenhague, y vio entrenar al retador Tom Bogs, supo que estaba en problemas. “Este a Monzón no le dura ni un round”, pensó. Eso significaba un combate corto, en el que no le iba a dar tiempo a colocar los cinco auspiciantes que había conseguido.

“Me le acerqué a Amílcar Brusa, le hago este cuento de los auspiciantes y le digo que sería bueno que la pelea dure seis rounds”, recuerda. El mítico entrenador lo miró atónito desde sus casi dos metros. “Me sacó picando”, concluye con una sonrisa. Al final, Monzón ganó por nocaut técnico en el quinto round y todos felices, hasta que fueron a los vestuarios. De repente apareció el embajador argentino, que quería conocer al campeón del mundo. También querían hacerlo su madre y su tía.
“Monzón estaba en las duchas, y yo disparé para avisarle que no saliera. Pero no hice a tiempo y el tipo se apareció con la toalla colgando, como si fuera un torero, así como vino al mundo”, remata con una carcajada, recordando la situación que parece salida de una comedia picaresca.
El otro campeón del mundo protagonista del capítulo es Diego Armando Maradona. Y aquí el relato da cuenta de la personalidad del crack cuando recién empezaba a ser la figura que terminó siendo. Claro que para entonces contaba con unos cuantos años en primera, la desilusión del Mundial 78 y la consagración del Juvenil 79. Entonces, lo invitó a Videoshow, pero el Diez le puso una condición.

“Yo voy al programa, pero no quiero que me haga la nota Bernardo Neustadt”, dijo con la personalidad que empezaba a aflorar. Si Marín quería tenerlo en el piso, debía correr al periodista más emblemático del momento. Y no tuvo ninguna duda a la hora de elegir. “En su programa de radio, Neustadt habló algo de la madre de Maradona que molestó mucho a Diego. Entonces le prometí que no iba a estar, que la nota se la iban a hacer Enrique Llamas de Maradiaga y Guillermo Salatino”, cuenta el productor.
Marín cumplió con su palabra y aprovechó un viaje de Bernie para recibir a Pelusa en Videoshow. Pero en pleno programa, vio ingresar al estudio a Neustadt, a paso fimre y maquillado, dispuesto a ocupar su lugar. El nombre del capítulo explica qué decisión tomó el productor. El gesto, contado con lujo de detalles por los protagonistas, le valió el respeto de Maradona, con quien mantuvo una cordial relación hasta su último encuentro, durante el mundial de Rusia 2018, dos años antes de su dolorosa muerte.
Además del relato de Marín, el episodio 4 tiene testimonios del fundador y CEO de Infobae, Daniel Hadad; los periodistas Nelson Castro y Marcelo Longobardi; los hermanos Rolando y Virginia Hanglin a quien Marín juntó por única vez de manera profesional; los periodistas deportivos Fernando Niembro y Guillermo Salatino; y dos de los hijos del productor, María José y Fernando.
El cuarto episodio de La Máquina de Mirar se estrena el sábado 23 de noviembre a las 22 por Crónica TV y repite el domingo 24 a la misma hora. En Infobae se verá el lunes 25.
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