Jorge Taiana abre su corazón por primera vez: “Sigo en pareja con Claudia, pero con sus hijas no tengo relación”

Tímido pero directo y claro, el actor habla del reestreno de su obra Juguete Arlterado. Y en una entrevista profunda, como no había concedido hasta aquí, recuerda su vida de carencia en el campo y su difícil llegada a Buenos Aires. Además, desmiente una separación de Villafañe y explica por qué no conviven

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Entrevista a Jorge Taiana - Sobre la obra Juguete alrterado

Es un artista que desde siempre optó por el perfil bajo. Que su figura haya cobrado una mayor exposición mediática no corresponde a una decisión propia. Jorge Taiana adquirió una notoriedad inesperada cuando se supo que era pareja de Claudia Villafañe, ex esposa de Diego Maradona.

Hoy, superada aquella tormenta inicial, Taiana se encuentra en un momento de empoderamiento y crecimiento profesional, haciendo lo que más le gusta: actuar. Los domingos a las 20:30 y bajo la dirección de Fernando Alegre, sube al escenario de Teatro Regina para protagonizar Juguete Arlterado -obra de Luis Sanz-, junto a Omar Lopardo.

En esta charla íntima con Teleshow, no solo hablará de trabajo. Nervioso al inicio, no dudará en abrirse a una conversación honda y sincera, donde recordará de su infancia en el campo, sus primeros pasos como actor en el teatro de su pueblo, de por qué eligió estudiar Farmacia y cómo se convirtió en productor y empresario.

Además, hubo tiempo para hablar de su relación con las críticas. Y también de su relación con Claudia y de su vínculo con Dalma y Giannina Maradona. Un actor escaso de maldad, y con extrema sensibilidad en un mundo que rebalsa de frivolidades y egos.

—¿Cómo está?

—Yo estoy muy bien, nervioso.

—¿Por qué?

—Porque no estoy acostumbrado a las entrevistas mano a mano. Pero estoy muy bien, feliz.

—De estreno.

—Sí, reestrenamos Juguete Alrterado. Es un juego de palabras con Roberto Arlt, porque esta es una obra basada en El juguete rabioso, de Arlt. Está basada en la última parte del libro, en donde el autor no deja claro por qué Silvio, que es mi personaje, traiciona al Rengo. Entonces Luis (Sanz, el autor de la obra) toma esa parte y edifica su propia historia dándole una justificación a esa traición y se mete en la psicología de estos dos personajes. ¿Por qué se pueden traicionar dos amigos? Está situada en los años 30 en el Abasto y tiene una profundidad interesante. De ahí el Alrterado.

—¿Hay algo de su personaje que coincida con Jorge Taina?

—Siempre hay algo en los personajes de uno, por más mínimo que sea. Este personaje en particular transita muchos estadios, pero creería que muy poco.

—¿Cuál es el parecido que encuentra?

—En algunos detalles. En hacer cosas por los demás. Pero el personaje en realidad lo hace porque necesita el perdón del otro. En mi caso no: yo lo hago porque me gusta ayudar. Siempre siento que me preocupo más por los demás que por mí.

Jorge Tatiana en escena con Juguete Arlterado, junto a Omar Lopardo
Jorge Tatiana en escena con Juguete Arlterado, junto a Omar Lopardo

—¿Quiere contarle a la gente que no lo conoce quién es Jorge Taina?

—¿Tenés tiempo?

—Sí.

—Bueno, yo nací en una localidad que se llama Campo del Medio, a 100 kilómetros de Santa Fe capital. Transité toda mi niñez y adolescencia, hasta los 18 años, en el medio del campo, sin luz eléctrica, con la lamparita a querosene. Iba a la escuela primaria caminando cinco kilómetros hasta donde estaba, en Campo del Medio. Y la secundaria, me recibí de Técnico Mecánico, caminaba los cinco kilómetros, me tomaba un colectivo, y diez kilómetros más hasta el pueblo; lo hice durante seis años. Más allá de que nos levantábamos a las cuatro y media de la mañana porque había que darle de comer a las gallinas, a los chanchos, sacar leche, prender la cocina a leña, preparar el desayuno, y después, a las seis y media, siete, teníamos que salir para el colegio porque había que caminar largo y tendido.

—¿Con quién vivió allí?

—Con mi papá y mis seis hermanos: cinco varones, una mujer.

—¿Y mamá?

— Papá y mamá fallecieron el año pasado, que fue uno de los golpes más duros que he tenido. Y digo yo que el teatro es sanador, justo me llegó este proyecto de Juguete Alrterado, que para mí fue lo que me salvó de estar hundido en la tristeza por haber perdido en un año a mis padres. Falleció mi papá y a los diez meses falleció mi mamá.

—¿De qué murieron?

—Mi papá tenía Alzheimer, que es la enfermedad más triste de todas, creo. Llegó a los 83 años activo, yendo a trabajar a la carpintería, ensillando el caballo y yendo a ver a los animales. Y ver la decadencia y en lo que se transforma una persona así, es tremendo... Tomamos la decisión en familia de tenerlo en nuestra casa, que no lo aconsejo porque la persona que está con él y lo rodea, que en este caso era mi mamá y gente que lo ayudaba, termina tan enferma como él. Y bueno, cuando falleció mi papá pensamos que mi mamá iba a revivir por todo lo que había transitado, y se quebró la cadera. En el término de diez días la operaron y creo que hubo mala praxis, pero tema aparte. Sentí que el mundo se derrumbaba.

—Volvamos al campo. ¿Cómo llegó a la ciudad?

—Cuando era chiquito fantaseaba con ser actor. El único acceso que yo tenía a algo referido al teatro era el radioteatro, porque solo teníamos una radio a batería: no vi televisión hasta los 18 años. Mi papá, a las tres o cuatro de la tarde, que era el horario del radioteatro, paraba la carpintería, nos sentábamos todos alrededor de la radio tomando mate y escuchábamos el radioteatro. A mí me parecía maravilloso. Y otra cosa que me influyó: una tía de Rosario le traía a mi hermana fotonovelas. Entonces yo me encerraba en la pieza de mi abuela a ver las fotonovelas, porque si mi papá me veía viéndolas venía la paliza asegurada.

—¿Por qué?

—Tenía que ver con esa cosa machista de antes, que decían que los actores… Bueno, se sigue diciendo todavía. Cuando terminé la secundaria dije: “Yo me quiero ir”, y decidí estudiar Farmacia en Rosario. Me gustaba Matemática, Física, Química, así que elegí Farmacia. Y me quería ir del campo. Sentía que necesitaba otra cosa: no teníamos acceso a nada. Yo no conocía la ciudad. Una sola vez fui a Santa Fe capital, que estábamos a 100 kilómetros, a acompañarlo a mi papá a comprar cosas para la carpintería. Hasta los 18 años. Iba al pueblo, venía del pueblo. Los sábados era el único día que íbamos a los bailes con orquestas, que eran en general al aire libre, las chicas iban con la mamá y nosotros nos poníamos así y cabeceábamos. las chicas le decían a la mamá: “Me está sacando el rubio”. En mi primer noviazgo, salíamos del baile, iba de la manito, y los padres iban cinco metros adelante. Un besito y a casa. Era así. Era muy difícil.

Entrevista a Jorge Taiana - Plenitud, escenario y actualidad

—¿Y cuándo cambió todo eso?

—En Rosario empecé a recuperar un poco todo eso que había perdido. Empecé la carrera de arte dramático en el Centro Municipal de San Lorenzo y estuve en el elenco estable durante ocho años haciendo teatro, porque a los dos años de facultad, me di cuenta de que lo mío era el teatro. Empecé a pensar en Buenos Aires; nunca había venido. Me costó dos, tres años decidirlo. Agarré el bolsito y llegué a Retiro un día a las 7 de la mañana. Dejé el bolso en un depósito y salí a alquilar departamento, y me encontré con que necesitaba dos garantías. A las 3 de la tarde me encontré debajo de un árbol en Recoleta comiéndome dos peras y preguntándome qué estaba haciendo ahí. Agarré un diario y empecé a buscar pensiones. Recorrí tres o cuatro y terminé en una de Barracas. Estuve un año y medio en una pensión que era un piso, cinco, seis habitaciones, living compartido y cocinita compartida.

—¿De qué trabajaba?

—El tipo que me alquila la casita en la pensión me preguntó: “¿A qué te venís vos?”. Le digo que venía a trabajar como actor. Y me dice: “Tengo en una pensión a un señor que es actor y trabaja. ¿Querés que te conecte con él?”. Resulta que era un extra de televisión que trabajaba en el SUTEP, que estaba en un programa de Canal 7, era el mozo. Yo pensé que trabajaba como actor; no, era extra. Y entonces me contacté con él y a la semana estaba trabajando como extra de televisión. Y al año me puse un tallercito de marcos, enmarcaba cuadros con un socio; lo tuve cinco años. Hacía mucho teatro independiente, cositas en televisión, bolos, y después ya empecé en producción. Se fueron dando las cosas.

—¿En qué momento se dijo: “Estoy donde quiero estar”?

En el único lugar donde yo me siento pleno y disfruto es cuando estoy arriba del escenario trabajando como actor. Productor es algo que lo hago y sé hacer, me gusta, pero tiene muchas cosas que me hago mucha mala sangre. Porque como no sé delegar, me ocupo de todas las áreas. Es mi forma de ser. Por ejemplo, tengo 54 años y vivo solo desde los 18 años: nunca entró nadie a mi casa a limpiar. Te invito a cenar a mi casa y vos decís: “Dejame que te ayudo”. “No, no me ayudás. No tocás nada”. Tengo la sensación de que no lo va a hacer bien como lo hago yo. Me pasa un poco eso. Está muy mal: hay que aprender, saber delegar.

—¿Alguna vez delegó y le fallaron?

—Es que he delegado muy poco. Y en general tengo la sensación de que… Por ahí no sé transmitir, no me sé expresar como corresponde para que eso se logre. Tal vez pase por ahí. Estoy pensándolo ahora.

—La obra se habla de la traición. ¿En algún momento lo traicionaron?

—Creo que no me han traicionado. Sí desilusionado. Eso, sí. Cuando vos creés que una persona tiene una amistad con vos, te abrís y lo incorporás a tu familia, y después ocurren cosas… Creo que es desilusión. Traición, no.

Jorge Taina en un acto en la primaria, en Campo del Medio, Santa Fe
Jorge Taina en un acto en la primaria, en Campo del Medio, Santa Fe

—¿Y cómo se percibe en el escenario? ¿Qué cosas siente que lo empoderan ahí arriba?

—Esta cosa que yo tengo del campo, de toda la vida transitarla ahí, de poca relación con la gente; soy bastante callado, tímido, muy tímido. Y el teatro me permitió eso: siento que arriba del escenario es donde tengo la libertad de que mi cuerpo se abra y exprese lo que siente en ese momento el personaje. En la vida soy muy contenido, como muy respetuoso.

—¿Cómo es ser un hombre respetuoso y tímido en este país tan revolucionado?

—Y... se puede. Eso yo lo aprendí de mis abuelos y de mis padres: el respeto hacia los mayores, hacia la directora de la escuela, hacia la maestra. Hacia distintas personalidades que tienen cargos. Hacia la autoridad. Que merece respeto. A mí me inculcaron esa cosa: “Están hablando los mayores”. Por ahí por la timidez, a mí siempre me gustó escuchar, y siempre me relacioné con gente más grande que yo. Y me gusta escuchar porque nuestros padres, que tenían sexto grado y demás, que no hablaban mucho, tenían sentido común, que hoy en día no abunda. Hablaban si sabían; si no sabían, no hablaban, se callaban. Porque eso daba vergüenza. Ahora se hace ostentación de la ignorancia. Todo el mundo opina. Ves los zócalos de los canales y opinan de todo sin saber, no es que estudiaron en Harvard. Cualquiera empieza a opinar del Fondo Monetario, de la guerra en Ucrania, y no sabemos nada de eso. En general, me rodeo de gente con sentido común, con la que se puede hablar. Y con la gente que no se puede hablar me corro. Es simple.

—¿Cómo se maneja en la comunicación, con las redes sociales?

—Sé que hoy en día mucho pasa por ahí. Todo ha cambiado. Pero yo estoy bastante negado. No sé cómo hacerlo. Dicen que ahora se facilita todo porque se hace desde la computadora. El otro día renové el carnet. Y te metés y tenés que llenar 50 planillas que decís: “¿Acá qué pongo?”. Y yo a los dos minutos me pongo como loco, cierro todo, llamo a alguien. Siento que la tecnología complica todo cada vez más. Para ciertas cosas está bien. Me abrí un Instagram y todos los días me pasa lo mismo. Llega la tardecita, que dicen que es el mejor horario para publicar, y entonces digo: “¿Qué publico?”.

—¿Está atento a la mirada o a lo que le escriben los que miran?

—Reviso poquito.

—¿Le molestan las críticas?

—Es que eso sí lo aprendí, porque un par de veces vi mensajes que digo: “¿Perdón? Si no me conocés, no sabés”. Y entonces empecé a escribir para contestarle y dije: “¿Por qué le tengo que contestar?”. Que cada uno piense lo que quiera. Eso es lo malo que le veo a las redes sociales. ¿Viste que la gente tiene necesidad de protagonismo? Pero es feo porque es sin conocer a la persona, por qué está transitando eso, por qué publicó eso.

—¿Alguna vez alguna crítica le molestó?

—No. Al menos yo no le di importancia.

Entrevista a Jorge Taiana - El amor y su relación con Claudia Villafañe

—Dijo que es tímido. ¿Cómo hace con las mujeres si es tan tímido?

—Depende de qué ángulo se mire.

—¿Se casó?

—No, nunca me casé.

—Está disponible entonces.

—No, yo no estoy disponible.

—¿Está en pareja?

—Sí, estoy en pareja. Vos lo sabés.

—¿Con Claudia?

—Sí.

—Leí que no seguían juntos.

—¿Ah, sí? No, no, no...

—¿Le da vergüenza hablar de Claudia?

—Sí. No hablo mucho de mi vida. No hablo prácticamente de mi vida privada en realidad.

—¿Y con ella cómo están? Para saber.

—Bueno, se dijo toda esa cosa pero no hay nada cierto. Es única e inigualable esa mujer.

—¿Y con sus hijas cómo se lleva?

—No, no tengo relación.

—¿Pero por una decisión suya?

—Sí, claro. Sí, decisión de uno que por ahí es esa cosa de que se preguntan los periodistas el por qué y demás. Cada uno maneja su vida y sus relaciones como puede y como quiere. Y bueno, en mí se dio así y son cosas que suceden, reglas y acuerdos de pareja. Y lo transitamos así muy bien. Cada uno en su casa.

—Cama afuera.

—No hay nada mejor para sostener una pareja. Yo digo eso porque nunca conviví, entonces no sé cómo es la convivencia.

—¿Qué le gusta hacer cuando está en su casa?

—Cocinar. No me hago nada frito, porque tengo una gastritis crónica, me hago mucha cosa al horno. Aprendí a cocinar con mi mamá en el campo desde chiquitito. Mi mamá estaba enferma y entonces íbamos de la pieza a la cocina. Y aprendí a cocinar así, mi mamá me enseñaba. Y esas típicas comidas: guiso de lentejas, puchero.

Jorge Taiana: "Claudia es una mujer única e inigualable"
Jorge Taiana: "Claudia es una mujer única e inigualable"

—Cuando no está en el teatro, ni con su pareja, ¿cuál es su momento de gloria?

—Mi descarga a tierra cuando estoy acá en Buenos Aires y cuando estoy alterado, es la carpintería. Soy carpintero: hacer muebles me baja a tierra. Y después, bueno, lo que hace cualquier ser humano: juntarse con sus amigos, ir al cine, al teatro.

—¿Qué es lo peor que le puede pasar a un actor sobre el escenario?

—Olvidarte la letra.

—¿Le pasó alguna vez?

—Sí, con Juguete Arlterado me pasó. En Mar del Plata. No había tenido un buen día. Decí que fue al comienzo, el monólogo del principio. Y lo retomé, retomé... Hice como si el personaje se hubiera olvidado que le pasó algo y volví a arrancar. Pero fueron décimas de segundo de decir: “¿Me voy del escenario o qué hago?”. Y la cabeza hizo un clic y retomé. Nunca nadie se dio cuenta. Y nada, fluyó.

Jorge Taiana: "En el único lugar donde yo me siento pleno y disfruto, es cuando estoy arriba del escenario"
(@juguetearlterado)
Jorge Taiana: "En el único lugar donde yo me siento pleno y disfruto, es cuando estoy arriba del escenario" (@juguetearlterado)

—¿Termina la obra y cómo sigue Jorge?

—Y espero que algún productor de televisión, de cine, de teatro, me llame para algún proyecto. Ojalá que eso suceda. Si no seguiré produciendo.

—¿Le gustaría trabajar en la televisión, sabiendo la gran exposición mediática que ella le da? Lo digo por su bajo perfil.

—Sí, me gustaría trabajar en la tele. Pero trabajar en la tele no significa que tenga un alto perfil.

—Es que al trabajar en la tele ya automáticamente entran los programas de espectáculos.

—No, bueno, lo que pasó siempre conmigo es que siempre me han llamado de todos los programas para hacer notas y yo he dicho que no, simplemente porque no tenía nada para contar. Lo único era mi vida privada.

—Y le molesta hablar de eso.

—No, no me molesta. No me resulta positivo sentarme en un programa a hablar de mi vida privada. Ahora tengo algo interesante para contar: Juguete Arlterado. Cuando yo tengo algo para contar, después yo sé que viene la pregunta obligada.

—¿Y cómo hace? ¿Tiene la respuesta pensada?

—Contesto normalmente como te estoy contestando a vos. Yo no tengo problemas. Pero no quiero ir a hablar solo de eso. Yo tengo un producto para vender, en este caso la obra de teatro.

—¿Ve televisión?

—Sí. Cuando estoy en mi casa la televisión está prendida. Soy muy consumidor de televisión.

—¿Qué ve?

—Mucho zapping. Noticieros, programas de espectáculos. Veo todo.

Entrevista a Jorge Taiana - Algo personal

—¿Algún sueño por realizar?

—Poder vivir de la actuación. Lo que resta de mi vida, poder seguir trabajando en teatro. Tener la posibilidad de hacer cine, televisión. Pasa por ahí. Y después poder salir del teatro, ir a cenar con mis amigos, y una vez cada tanto poder hacer un viaje. La pandemia me hizo un cambio importante en mi casa. Yo tenía esa cosa que me habían inculcado de chiquito, casarte, tener hijos, tener tu casita. Yo no tengo casita.

—¿Alquila?

—Sí, alquilo. No me casé. No tengo la responsabilidad de tener hijos. Perdí muchos amigos jovencitos en la pandemia y entonces hoy en día quiero que me alcance para poder vivir. No quiero comprarme la casa. Ya te digo, no tengo el peso de no tener hijos y demás.

—¿No tener hijos ya es una decisión tomada?

—En un momento sí tuve la fantasía y la ilusión de tener hijos pero con el tiempo se diluyó. Tengo la sensación de que traer un hijo a este mundo es una responsabilidad muy grande y en el momento que vivimos siento que yo no estoy preparado. Seguramente si llega un día voy a ser el mejor papá, pero siento que no estoy capacitado para lo que significa un hijo. Lo veo en mis amigos que se han separado y los quilombos con sus hijos y me fui convenciendo cada vez más de que no quiero tener un hijo.

—Si pudiera repetir un solo día de sus 54 años que le haya encantado, que haya sido feliz, ¿qué día sería?

—En mi niñez, con mis hermanos y mis viejos.

—¿Por qué?

—(Llora) Porque a pesar de no tener nada, éramos felices.

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