Café humeante, mate preparado, aroma a tostadas. La típica escena familiar de sábado a la mañana, es, para muchos, el mejor momento de la semana. Las ocupaciones por un rato son un recuerdo y el desayuno se disfruta con tranquilidad, sin obligaciones a la vista. Pero a veces, esos momentos de relax y disfrute se rompen de la manera más inesperada.
Y si no que lo cuenten Araceli González y Fabián Mazzei, que debieron lidiar con un pequeño altercado doméstico que los mantuvo en vilo durante un buen rato. Todo comenzó con el arribo de la gata, Rouge, algo preocupada por la presencia de un intruso en el hogar. Entre ronroneos, la mascota caminó a paso lento el pasillo hasta llegar al living, donde la pareja la recibió con un efusivo saludo de buenos días. Pero Rouge ni se inmutó. Se rascó un poco y a su manera, indicó que algo no estaba bien.
Con la filmación y el relato en primer plano de Araceli y los comentarios de Fabián, la escena se trasladó al dormitorio. Allí, la actriz contó el motivo de la preocupación de la gata, que pronto fue el de toda la familia: “Nos pasó algo rarísimo. De golpe, aunque no lo crean, tenemos un pajarito en nuestra habitación”.
Mientras Ara relataba, Fabián intentaba dar con el intruso. Levantaba las cortinas, se fijaba debajo de la cama, pero no había rastros. El pichón había levantado vuelo, por lo que continuaron la búsqueda en otros ambientes de la casa. Pasaron por la cocina integrada y finalmente lo divisaron posado sobre una lámpara, junto al ventanal que da al jardín. ”¡Es un pichón!”. “Pero, ¿cómo entró, en qué momento?”. “Lo tenemos que... “. “Esto no es normal”. Araceli se preguntaba y se contestaba, dominada por los nervios propios de la situación.
El pajarito otra vez voló, esta vez hacia la pared opuesta, con destino a la biblioteca. Iba y venía, a vuelo rasante, hasta que otra vez lo perdieron de vista. Mientras revisaban, debajo del sofá, más allá en la cocina, elaboraban teorías acerca de cómo había ingresado.
—Pero Fabi, evidentemente durmió toda la noche acá.
—Sí, ¿pero por qué no salió a la noche?
—¿Y por qué no nos molestó a la noche?
“¡Ahí está!”. El llamado de Fabián terminó con las elucubraciones. El pajarito orientó su vuelo rumbo al ventanal, que estaba cerrado. “Te vamos a abrir todas las ventanas”, le avisó Araceli, mientras su pareja deslizaba la hoja corrediza hacia un lado. El pichón salió de atrás del sofá, pero no calculó bien y estrelló su vuelo contra el ala cerrada del ventanal.
—¡Abrile la otra, Mazzei!
—Pero no puedo, abro una o abro la otra, Ara.
La situación ya era un paso de comedia costumbrista. Mientras Fabián corría la ventana para el sentido opuesto, el pichón había cambiado de nido. Ya no estaba detrás del sofá, sino que lo encontraron posando orgulloso en una alta lámpara de pie, lo más parecido a un árbol que encontró en su nuevo hábitat. “Aparece y desaparece, chicos. Se me está poniendo un poco la piel de gallina con toda esta situación”. confesó Araceli.
Mazzei se acercó sigilosamente dispuesto a agarrarlo, pero el pichón tenía otras intenciones. Volvió a levantar vuelo y esta vez sí acertó a la ventana abierta y recuperó su libertad. Voló alto hasta perderse detrás de la tupida arboleda del jardín. “Gracias por visitarnos”, lo despidió Araceli, ya más tranquila y contenta por el regreso del pájaro al lugar del que nunca debió haber salido.
Una vez que recuperaron la calma, cerraron las ventanas y apareció ella. Otra vez, con paso cansino por el pasillo y al compás del ronroneo. “¡Ahí volvió Rouge! Pobre, la echamos. Porque cuando vio el pájaro se volvió loca”, relató la actriz, pero la mascota ni se inmutó. Siguió su andar tranquilo, se asomó a la ventana para confirmar por sus propios medios que nadie iba a sobrevolar su casa. Recién ahí, trepó al sofá y se acercó a la cámara que manejaba Araceli. “Le salvamos la vida, porque se lo come en dos minutos”, razonó Mazzei en relación al pajarito.
SEGUIR LEYENDO: