Hay reconocimientos que distinguen una obra y otros que permiten leer una trayectoria. El Premio Konex 2026 otorgado a Fishel Szlajen pertenece a esta segunda categoría. El Gran Jurado de la Fundación Konex lo eligió como una de las cinco figuras más destacadas de la Argentina en Ética y Bioética por su actuación durante la década 2016-2025.
La distinción encierra además un hecho singular: Szlajen es el primer rabino reconocido específicamente con un Premio Konex en Ética y Bioética y el primero distinguido individualmente en el campo de las Humanidades. El dato excede lo biográfico, expresa una trayectoria intelectual que ha articulado tradiciones y ámbitos que no suelen converger en un mismo recorrido. Al respecto, Szlajen, agradeciendo a la Fundación Konex y al Gran Jurado, expresó a Infobae: “No llego a la bioética desde la innovación tecnológica, sino desde una pregunta más antigua, ¿qué le debemos al otro? La tecnología no cambia esa pregunta, la vuelve más urgente”.
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Rabino, magíster y doctor en filosofía, con posdoctorados en bioética, desarrolló su trabajo en la intersección entre pensamiento judío, medicina, inteligencia artificial, biotecnología, derechos humanos y políticas públicas. Su actividad académica incluye experiencias de investigación en Oxford, Israel, Brasil y Hungría, además de una producción de más de 450 publicaciones.
Es miembro titular de la Pontificia Academia para la Vida en el Vaticano, de la Comisión Nacional de Bioética en el Ministerio de Salud y del Consejo Académico de Ética en Medicina en la Academia Nacional de Medicina. En 2018 recibió la Mención de Honor Senador Domingo F. Sarmiento; en 2019 fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires; y en 2025 obtuvo el Diploma de Honor al Mérito y la Medalla de Plata de la Pontificia Academia para la Vida.
Durante la última década amplió su trabajo desde algunos de los escenarios clásicos de la bioética como el comienzo y final de la vida, la relación médico-paciente y la investigación biomédica, hacia ámbitos donde la creciente capacidad tecnológica transforma las condiciones mismas de la decisión humana: inteligencia artificial, algoritmos, neurotecnologías, edición genética, vigilancia digital y nuevas formas de gobernanza.
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De ese recorrido entre filosofía, bioética, legislación y políticas públicas surgió la Ética del Límite, el marco desarrollado por Szlajen alrededor de una pregunta que atraviesa hoy a personas, instituciones y Estados. ¿Qué criterios permiten determinar aquello que no debería hacerse aun cuando exista la capacidad técnica, económica o jurídica para hacerlo?
El límite, desde esta perspectiva, es una condición para el ejercicio responsable de la libertad y del poder. Que una tecnología permita hacer algo no significa que deba hacerse; que una conducta sea legal no garantiza que sea justa; y que una institución posea facultades para decidir no elimina la obligación de justificar hasta dónde ejercerlas.
Ese planteo no quedó circunscripto al ámbito académico. Szlajen promovió iniciativas vinculadas con la regulación de la edición genética humana, los bancos de datos genéticos, la transparencia y rendición de cuentas de sistemas de inteligencia artificial y plataformas digitales, los cuidados paliativos y la autonomía de los pacientes. Durante la pandemia diseñó e impulsó, junto a otros referentes, el Protocolo de Triage y Asignación de Recursos Vitales, posteriormente aprobado por la Legislatura porteña; recibió además una distinción del Estado de Israel por su excepcional contribución a la bioética y al bien común, y participó en el protocolo de acompañamiento a pacientes en situación de últimos días. En 2024 propuso la creación de una Comisión Nacional de Bioética, organismo finalmente establecido en 2025.
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Ese recorrido fue llevando su reflexión hacia un problema cada vez más presente en gobiernos, empresas, hospitales y organizaciones, ¿cómo decidir responsablemente cuando las posibilidades técnicas e institucionales avanzan más rápido que los criterios disponibles para gobernarlas?
La cuestión ya no pertenece al terreno de la anticipación. La inteligencia artificial interviene en la medicina, la educación, el trabajo, el crédito y la administración pública. Los algoritmos clasifican personas, producen inferencias y condicionan oportunidades. La discusión ética, por eso, dejó de ser patrimonio exclusivo de filósofos y especialistas, forma parte de las decisiones que enfrentan funcionarios, legisladores, médicos, empresarios, desarrolladores y responsables institucionales.
Es en esa convergencia entre obra académica, intervención pública e incidencia institucional donde puede leerse la trayectoria reconocida por el Konex. Szlajen amplió la discusión bioética hacia algunos de los espacios donde hoy se juega buena parte de la autonomía y la responsabilidad humanas.
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Su Ética del Límite propone un criterio para ese escenario: cuanto mayor sea nuestro poder de intervenir sobre la vida, la información y las decisiones de otros, mayor deberá ser nuestra responsabilidad de fijar los términos de esa intervención. Szlajen lo sintetizó afirmando que “Cada vez que una organización gana capacidad para decidir sobre la vida de otros, asume también la obligación de explicar hasta dónde va a llegar. Ese es el trabajo que sigue”.
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