En un contexto en el que el acceso a la vivienda se convirtió en uno de los principales dolores de cabeza de de los argentinos, existe una ciudad europea que tiene el alquiler más barato del mundo. Allí, los residentes pagan apenas 0,88 euros al año por vivir en una casa con servicios modernos, jardines y una comunidad organizada bajo normas que se mantienen desde hace más de 500 años.
Se trata de Fuggerei, un complejo residencial ubicado en la ciudad alemana de Augsburgo, considerada la iniciativa de vivienda social más antigua del mundo que continúa funcionando sin interrupciones.
Hasta allí llegaron Iara y Guillermo, una pareja de argentinos que recorre el mundo desde hace siete años en un motorhome, con el objetivo de participar de una subasta gubernamental para comprar un coche de bomberos -modelo 2001- que tienen pensado convertir en su nueva casa si finalmente resultan ganadores.
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"Fuggerei es una locura”, resumió Iara cuando recordó el momento en que conocieron los detalles del lugar. “El alquiler de las viviendas sigue costando lo mismo que hace cinco siglos, nunca aumentaron el precio desde que inauguraron el complejo”, detalló.
La historia del barrio los atrapó inmediatamente. No se trata de una reconstrucción histórica ni de un museo temático. Allí viven personas reales que acceden a las viviendas bajo ciertas condiciones. “Deben demostrar vulnerabilidad económica, haber residido durante al menos dos años en la ciudad y no tener deudas”, contaron.
“Nosotros no aplicamos”, bromeó Iara, a quien le llamó particularmente la atención uno de los requisitos más polémicos: “Los residentes deben comprometerse a rezar tres veces al día por la familia fundadora”.
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Otra de las cuestiones a tener en cuenta es que las puertas principales se cierran cada noche a las 22 horas y quienes regresan más tarde deben abonar una pequeña tasa al guardia que controla el acceso.
Fuggerei fue fundado en 1521 por el banquero y comerciante Jakob Fugger, con el objetivo de brindar alojamiento digno a ciudadanos de bajos recursos. Considerado por muchos historiadores como uno de los hombres más ricos de la historia, decidió destinar parte de su fortuna a crear un barrio donde las personas con dificultades económicas pudieran acceder a una vivienda estable y asequible.
La propuesta era simple pero revolucionaria para el siglo XVI: ofrecer casas de alquiler permanente a cambio de una renta simbólica. El valor fijado entonces fue de un florín renano anual, una cifra que, traducida a la actualidad, equivale aproximadamente a menos de un euro.
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Cómo es vivir en Fuggerei
Actualmente, el complejo está compuesto por unas 145 viviendas de entre 45 y 65 metros cuadrados. Aunque conservan gran parte de su arquitectura histórica, las casas fueron adaptadas con el paso de los años para incorporar electricidad, calefacción, cocinas modernas y baños completos. Algunas incluso cuentan con pequeños jardines privados.
Lo primero que les llamó la atención a los argentinos fue la sencillez de las construcciones. “Gracias a que hay una vivienda abierta al público pudimos conocer de cerca cómo son los interiores. Las casas son chiquitas”, describió Iara. “Las viviendas cuentan con una pequeña cocina, dormitorios reducidos y baño propio”, agregó.
Los edificios conservan una arquitectura tradicional alemana, con techos de tejas inclinados a dos aguas y apenas dos niveles. “Son como chalecitos con el techo en punta”, contó Guille.
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Sin embargo, más allá de la particularidad económica del alquiler, fue el entorno lo que terminó impactando a los viajeros. Las calles prolijas, las fachadas impecables y la sensación de orden contrastan con una realidad inesperada: el barrio se convirtió en uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad.
“Más de doscientas mil personas al año pasan por ahí”, explicó Guille acerca de la enorme afluencia de visitantes que genera el lugar. “Nosotros pensábamos que es como una especie de museo viviente”, reflexionó. “La gente sigue viviendo ahí y los turistas entramos para ver cómo es su forma de vida”, graficó.
Durante la recorrida pudieron observar residentes dentro de sus viviendas mientras grupos de visitantes caminaban por las calles internas tomando fotografías. “Por un lado tenés una vivienda prácticamente imposible de conseguir por ese precio”, señaló Guille. “Pero por otro lado tenés a todos los turistas sacándole fotos hasta a las macetas que tenés en la puerta de tu casa”, señaló sobre lo agobiante que debe ser para los residentes.
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Sin embargo, ese padecimiento es bien recompensado ya que cada visitante paga cerca de ocho euros para ingresar al complejo. “Para ellos es una fuente de ingresos que ayuda a financiar el mantenimiento del barrio y de las viviendas sociales”, remarcaron. “Lo que ellos no pagan lo paga el turista”, ironizaron.
Sus calles, museos y viviendas abiertas al público permiten descubrir cómo era la vida cotidiana en una comunidad residencial del siglo XVI. “Nosotros lo comparamos con una cápsula del tiempo en medio de una ciudad moderna”, describieron.
Augsburgo, una ciudad con siglos de historia
Antes de llegar a Fuggerei, los viajeros quedaron sorprendidos por la propia Augsburgo. La ciudad, fundada por los romanos en el año 15 antes de Cristo, todavía conserva un entramado medieval.
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“Estuvimos por uno de los antiguos centros del mundo. Lo que hoy quizás es Nueva York o Londres, en algún momento se manejaba desde acá”, explicó Iara sobre el casco histórico.
Guille, por su parte, se mostró impactado por el orden urbano, los canales y el sistema de circulación. “No hay autos acá. Hay mucha bicisenda y todo está muy bien organizado”, comentó al referirse a los antiguos barrios industriales reconvertidos en zonas residenciales.
“La ciudad, además, integra el listado de Patrimonio Mundial de la UNESCO gracias a su histórico sistema hidráulico, una red de canales que comenzó a desarrollarse en la Edad Media y que todavía forma parte de la vida cotidiana local”, precisaron.
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Siete años viajando por e mundo
Hace quince años, Iara y Guillermo llevaban una vida que parecía seguir un camino previsible. Se conocieron en 2011 mientras trabajaban en atención al cliente para una empresa de telecomunicaciones en el barrio porteño de Recoleta. Como miles de argentinos, cumplían horarios de oficina, tenían empleos estables y aprovechaban las vacaciones para hacer escapadas por distintos destinos del país.
Sin embargo, esos viajes comenzaron a despertar preguntas que terminarían cambiando sus vidas para siempre. Cada vez que abandonaban la rutina urbana descubrían otras formas de vivir, con ritmos más pausados y vínculos más cercanos.
La transformación definitiva llegó en 2017, cuando Guillermo le mostró ejemplos de personas que vivían viajando en vehículos adaptados. La propuesta parecía descabellada, pero la idea empezó a crecer. Un año más tarde tomaron una decisión radical: renunciaron a sus trabajos, dejaron atrás la estabilidad económica y convirtieron una Renault Kangoo en su hogar.
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Así nació “Rodando por Ahí”, el proyecto que hoy los llevó a recorrer más de veinte países. Lejos de perseguir una lista de destinos, su motivación siempre fue otra. “No era llegar a un lugar, era ver realidades”, explicó Iara.
Con el paso del tiempo fueron mejorando sus vehículos, pasando por una Fiat Ducato 4x4 y luego por un motorhome más amplio y confortable. En todas las etapas estuvieron acompañados por Ettore, su perro rescatado, que se convirtió en un integrante fundamental de la aventura.
Hoy sostienen su estilo de vida gracias a la creación de contenido en YouTube e Instagram, y también en el blog www.rodandoporahi.com, en la que brindan información útil para los viajeros que buscan un estilo de vida como el suyo. “Nos movemos sin itinerarios rígidos y abiertos a la sorpresa. Vamos a donde pinte”, concluyeron.