Días después de que un video de una pelea en un almacén de Neuquén se hiciera viral en redes sociales, una de las jóvenes que protagonizaron el brutal enfrentamiento dentro del comercio salió a dar su versión a través de un descargo en TikTok.
“El respeto tiene que ser igual hacia todos, nada más y nada menos que eso”, afirmó Luli Soria en el video que publicó para explicar sus razones de la pelea. Lejos de minimizar lo ocurrido, la joven trazó un recorrido por los antecedentes que, a su entender, desencadenaron el incidente dentro del local ubicado en la calle Abraham al 1500, en el barrio Islas Malvinas de la ciudad de Neuquén.
El episodio que derivó en el video viral tuvo un origen previo al enfrentamiento físico. Según el relato de la propia Soria, sus hermanas concurrían con frecuencia al almacén y, en reiteradas ocasiones, recibieron lo que ella describió como malos tratos por parte de la empleada. Uno de esos casos involucra a una hermana con discapacidad, dato que, en sus propias palabras, agrava la situación.
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Fue precisamente esa acumulación de situaciones la que la llevó a presentarse en el comercio. Soria dejó en claro que su intención inicial no era pelear, sino reclamar. “No fui a pelear por pelear, fui porque estaba cansada de una situación que venía pasando hace bastante tiempo”, explicó. La hermana que había realizado la compra ese día era menor de edad, razón por la cual fue ella quien decidió ir al local a plantear el reclamo.
Lo que siguió quedó registrado en las cámaras de seguridad del comercio. Las imágenes, que se difundieron en redes sociales, muestran una discusión verbal que escaló hasta convertirse en un forcejeo con golpes, tirones de pelo y empujones entre Soria y la empleada del almacén, frente a otros clientes que se encontraban en el local.
La caja registradora terminó en el piso durante el altercado. Un joven que realizaba compras intentó separar a las involucradas sin éxito; luego ingresaron al comercio otras dos personas que lograron apartarlas.
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Sobre esa grabación, fue tajante: “El video que circula no muestra todo, ni lo que se escuchó, ni lo que se dijo, ni lo que pasó. El video está cortadísimo mal”. Agregó que, tras lo que se ve en las imágenes, el enfrentamiento continuó fuera de cuadro. “Después de lo que se ve, de lo último, seguimos cagándonos a piñas. Ella me amenazó que me iba a apuñalar. Me dijo un montón de cosas que no se escucharon en las grabaciones”, afirmó.
La nueva grabación de las cámaras de seguridad del local, difundida con posterioridad al primer video viral, muestra el momento inicial de la transacción que, según la familia, habría dado inicio a todo: una de las hermanas de Soria pide “3 mil pesos en papitas” y la empleada atiende el pedido con seriedad, sin que se registren insultos ni gestos de maltrato visibles. La secuencia transcurre como una compra sin incidentes aparentes.
Soria también apeló a su propia experiencia laboral para fundamentar su postura. Dijo haber trabajado durante años en atención al público y conocer de primera mano lo que implica tratar con personas aun en los peores días. “Sé lo que es tratar con personas porque lo he hecho durante años, incluso estando cansada. Pero una mala actitud repetida, andar mal vuelto, responder mal, tratar diferente, depende de quién entre, eso no está bien para nada”, indicó.
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Respecto a la reacción de la empleada durante el reclamo, Soria cuestionó que no haya optado por una salida más tranquila. “Hubiera podido reaccionar de otra forma, algo más racional, haber llamado a la policía, haber hecho algo al respecto, haberse quedado callada, haberme preguntado algo de la situación que había pasado”, planteó.
Según su relato, la empleada le respondía que el asunto era con su hermana y que fuera ella, sin tomar en cuenta que se trataba de una menor.
Soria también reconoció que el episodio escaló más de lo que hubiera querido: “Obviamente, no estoy orgullosa de que la situación del video haya escalado más”. Aunque aclaró que tampoco iba a quedarse callada ante lo que consideró un trato reiterado e injustificado.
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El comercio pertenece a José y Gladys, una pareja que llegó desde Bolivia y abrió el almacén hace poco más de un año. Fue José quien facilitó el video de las cámaras a su empleada —quien trabaja en el local desde hace seis meses— para que pudiera realizar la denuncia policial.
“Estoy muy molesto porque salió la publicación del video. Yo ya había arreglado con los padres de la clienta, habíamos hablado bien y salió esa publicación que le afectó a ellos y a nosotros igual”, declaró el comerciante en diálogo con LM Neuquén.
José informó además que realizará una denuncia policial por la difusión de las imágenes, preocupado porque en los videos aparecen menores.
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Hasta el momento, ninguna de las partes radicó una denuncia formal y no se reportaron heridas de gravedad. Los vecinos del barrio Islas Malvinas, que reconocieron de inmediato el local en el video viral, comenzaron a acercarse al almacén para interiorizarse sobre lo ocurrido. La empleada continúa trabajando en el comercio.