“Lo primero que hice cuando la tuve en la mano fue olerla. Tenía la esperanza de que guardase el aroma a turba y a humo que respirábamos en la guerra”, le dijo Ponce a Infobae. Fue una larga historia que tuvo un final esperado. Este martes 26 de mayo a media mañana el veterano Héctor Daniel Ponce recibió por correo privado una de las cartas que, mediante engaños, le fue sustraída hace cuarenta años y que recientemente había sido ofrecida en una subasta on line.
Ponce combatió en Malvinas como soldado, en la Compañía de Ingenieros Anfibios de la Infantería de Marina.
“La emoción fue tremenda, más cuando empecé a abrir el paquete. Lo único que encontraba eran hojas en blanco; pensé que me habían vuelto a engañar, pero en realidad esas hojas protegían la carta”. Aseguró que la pieza “está perfecta”.
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A su lado, la dueña de la carta, “mamá Tita”, de 93 años, solo lloraba y repetía la palabra “gracias”. De presión alta, trataban de contenerla y de que no se emocionase demasiado.
Fue tal el revuelo que su caso produjo que muchos se acercan a ver la carta. Por eso, Ponce la guardó en un folio, y decidió dársela a su madre, para que la conserve, porque ella era la destinataria. Igual, le sacará una copia que la exhibirá en el museo dedicado a Malvinas que levantó en Villa Mercedes, San Luis, su ciudad natal.
El caso
Durante la guerra había escrito 17 cartas, que en 1984, mediante un engaño, se las quitaron. Entonces, una persona se presentó en su casa en Villa Mercedes, San Luis. Decía ser veterano, se movilizaba en muletas y aseguraba que el escritor Ernesto Sábato estaba elaborando un libro sobre Malvinas y precisaba la correspondencia de los soldados. Entonces Ponce, que por entonces trabajaba en el ferrocarril, ofreció darle fotocopias, pero el hombre respondió que Sábato exigía originales. Daniel accedió, ya que tenía la esperanza que lo que habian hecho en la guerra quedase cristalizado en un libro. De esta manera, esta persona se las llevó, y la misma maniobra la repitió con Edgardo Guerrero, un compañero de su misma compañía, que estuvo en Tumbledown. No prestaron atención a los reparos puestos por la mamá de Guerrero, que era de la idea de no entregarlas.
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Un par de años después, el propio escritor le aseguró que nunca haría algo semejante. Al veterano el mundo se le vino abajo, y por años creyó que esa valiosa correspondencia la habían destruido.
Hablando con otros compañeros de la guerra, se enteró de casos similares ocurridos más o menos en la misma época en el que, mediante historias inventadas, desconocidos se apoderaban de correspondencia para luego venderla al mejor postor.
El domingo 17 Jesús Lepes, un amigo de Ponce, le advirtió por Facebook que en el sitio de subastas eBay se vendía la carta que había escrito el 29 de abril, dos días antes del inicio del ataque británico. “Por eso la carta tiene una letra prolija, además en el colegio tenía diez en caligrafía”, contó. “Cuando la guerra comenzó, la letra cambió”.
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La noticia reveladora tuvo un efecto disparador en Ponce, quien revivió todo lo que había pasado en la guerra. Fue asistido por el abogado Christian Burruchaga quien, junto a su equipo, se puso al hombro el reclamo para recuperarla.
De ahí en más hubo una catarata de reclamos al sitio web, que no la subastase y se la devolviese a su dueño. Ponce descubrió que el poseedor de la pieza ya había comercializado un importante lote de efectos relacionados a Malvinas.
En el término de horas, el veterano recibió mensajes de aliento de personas que se ofrecían desinteresadamente a colaborar con dinero para adquirirla, porque, cuánto más se hablaba de ella, más subía su valor.
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Con la carta en su poder, Ponce se propuso localizar al que intentaba venderla. Le contaron que había decidido quitarla de la subasta luego de haber recibido miles de mensajes -parece ser que muchos de ellos no eran muy amistosos- a través de eBay. Lo que el veterano desea es hablar con él y pedirle que, si tiene piezas similares de la guerra de Malvinas, que no lucre con ellas; que si bien pasaron más de cuarenta años del conflicto, muchos veteranos y familiares están vivos y que no está bien hacer negocios con este tipo de objetos.
Por el momento, en lo de los Ponce es toda felicidad, y el fin de muchas noches en vela, con la angustia convertida en esperanza al reencontrarse con la carta que, en su imaginación, tiene el aroma a turba malvinera.