El primer pedido de extradición de un brujo experto en el arte de desaparecer: cuando a López Rega se le rompió el hechizo

El 5 de marzo de 1976, a 19 días del golpe, la Cámara de Diputados pidió la captura del exministro de Bienestar Social. El exprotegido de la aún presidenta estaba en Europa, adonde había huido disfrazado de embajador después de dejar un país al borde del abismo con una economía destrozada por un hombre nombrado por él, con la violencia descarnada en las calles autoría del escuadrón de la muerte fundado por él, para lo que había robado fondos del Estado. Lograría evadirse por una década, luego se convertiría en uno de los primeros extraditados de la democracia

José López Rega

“Había una vez un bru

Un brujito que, en Gulubú

A toda la población

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Embrujaba sin ton ni son..."

El sábado 6 de marzo de 1976, la página 6 del diario Clarín titulaba: “Piden la extradición de José López Rega”. Quien había sido su protectora, a quien él había intentado —sin un ápice de resultado— insuflarle el carisma, la esencia de Evita mediante sesiones de transfusión espiritual desde el cuerpo embalsamado al suyo, a quien había seducido con predicciones y palabras que le llegaban de algún sitio oscuro del universo, más allá de los astros, la misma que le había permitido trepar hasta prácticamente quedarse con el poder del país, María Estela Martínez de Perón —Isabel, Isabelita para lo amigos y para los enemigos también— tenía los días contados y, a esta altura, no era secreto para absolutamente nadie. O para absolutamente nadie que estuviera atento a que la Argentina estaba a punto de volar por los aires.

En la noticia hay un indicio —todavía flaco, indirecto— acerca de su responsabilidad en los crímenes descarnados de la Triple A. Clarín no dice que lo buscan por hundir al país mediante un ministro de Economía tan nefasto como él o por ser parte de la emboscada a la izquierda peronista que terminó en la masacre de Ezeiza —por integrar el Comité organizador— cuando Perón volvió al país y las corrientes que le obedecían atacaron a balazos a las columnas de Montoneros que intentaban acercarse al palco.

Lo buscaban, principalmente —o eso destacan los redactores—, por malversación de fondos.

“La comisión investigadora de la Cámara de Diputados resolvió ayer solicitar la extradición de los exministros de Bienestar Social José López Rega y Carlos A. Villone, quienes se encontrarían refugiados en España y Uruguay, respectivamente. Los investigadores habrían hallado elementos suficientes como para ser sometidos a la Justicia. La semana próxima habrá un careo y se investigará la emisión de otros cheques”, dice un poco difusa, un poco elíptica en cuanto a los cargos, la cabeza del artículo.

En los párrafos siguientes se explica, apenas, un poco más: “La extradición de los exministros José López Rega y Carlos A. Villone reclama la comisión especial de la Cámara de Diputados que investiga irregularidades en el desenvolvimiento de los fondos de la Cruzada de la Solidaridad (exJusticialista) y el Ministerio de Bienestar Social”. “La comisión especial, según pudo saberse, tiene acumulados suficientes antecedentes para que López Rega y Villone deban ser sometidos a la Justicia ordinaria”. “Existen indicios a nivel parlamentario de que López Rega habría buscado refugio en España y que Villone permanece oculto en Uruguay”.

Perón, Isabelita y López Rega en el regreso de Perón de 1972

Tras un subtítulo que anuncia “Careo”, la única referencia a la vinculación de “el Brujo” con el sádico brazo parapolicial asesino que él fundó desde la derecha peronista: la Alianza Anticomunista Argentina (AAA): “En el transcurso de la semana próxima se procederá al careo entre el ex subsecretario de Prensa y Difusión de la Presidencia de la Nación, Jorge Conti, y Salvador H. Paino, quien se encuentra alojado en la unidad carcelaria de Villa Devoto. Paino acusó a Conti de haberlo instruido, por expresa indicación de López Rega, para que planificara la organización terrorista conocida como ‘Triple A’”. Luego brindan unos pocos detalles más sobre la investigación a Conti.

Más abajo, con el subtítulo “Cruzada”, otras precisiones sobre el avance de la investigación por malversación de fondos: cheques —al menos una docena de ellos— firmados por Isabel con supuestos destinos benéficos que habían tenido otros rumbos. Habían sido emitidos en el marco de la Cruzada de la Solidaridad Justicialista —que para la fecha ya era llamada “(ex Justicialista)”—, una fundación creada desde el peronismo en 1973 con el fin de canalizar donaciones para ancianos y obras de beneficencia —probablemente para emular el trabajo que cumplía Eva—, que la última esposa del general originalmente presidía y estaba absolutamente ligada al Ministerio de Bienestar Social, dominado por José López Rega. “Aparentemente los recursos no se ajustan a los fines que prescriben los estatutos de la fundación —continuaba Clarín—. La solicitud de informes está referida, entre otros cheques, a los que se aplicaron a pagar la instalación de equipos de comunicación en la sede central del Partido Justicialista; de pasajes de avión correspondientes a una gira proselitista que realizaron dirigentes de la Juventud Peronista de la República Argentina; y para el blindaje del despacho presidencial de la Casa Rosada y de dependencias de la Residencia de Olivos”.

Poco después Isabel sería demandada por esta causa y acusada de corrupción. Pero, ahora, nos quedamos con López Rega.

Hacía tiempo que la Argentina temblaba bajo un bote de ácido burbujeante a punto de derramarse y corroerlo todo; era una bomba con un reloj en cuenta regresiva que había comenzado a desprender los pedazos y terminaría de estallar solo 19 días después del pedido de extradición, 18 después de que Clarín lo publicara. Aquel “refugio” de López Rega en España, del que hablaba el diario, era un sutil —o cínico— eufemismo para la huída apremiante y desesperada del exministro ocho meses antes, el 19 de julio de 1975. Una huída anunciada en todos los medios con otro título: López Rega fingió —exigió como último favor a Isabel— ser nombrado “Ministro Plenipotenciario argentino en Europa”. Porque “Yo no me puedo ir como un delincuente”, decía. Lo cierto es que lo era y como lo que era terminó. Pero antes, durante toda la dictadura cívico-militar y hasta unos años entrada la democracia, perfeccionaría durante una década el número de magia que mejor le salió: el de la evasión y la desaparición.

Para pasar de ser el que en una habitación privada, encerrado con el cadáver de Evita y la futura presidenta de la Nación, Isabel, hacía sesiones de transfusión espiritual; el que se hizo con prácticamente todo el poder de las decisiones del país, a aquel que, desesperado, metía calzoncillos en una valija y se aferraba a un pedazo de cartón enrollado que lo ayudaba a creerse la propia mentira que se había inventado autoproclamándose embajador, hizo méritos.

José López Rega, conocido como "el Brujo" por sus creencias y prácticas esotéricas, conoció a Estela Martínez de Perón —Isabelita— en 1965, cuando Perón la envió a la Argentina en medio de una interna del partido. Él logró infiltrarse hasta llegar a integrar su custodia, sitio desde el que produjo su primer acercamiento

De cantante a policía, de policía a “Brujo”

La primera imagen es la de una marioneta. Es la imagen predominante, al menos de buena parte de los argentinos, cuando se piensa en Isabel. Entonces: una marioneta con cuerpo de hombrecito trajeado de gris y máscara de Isabel. Se mueve espástica revoleando las manos frente a un micrófono. Y se escucha la voz, en tono de discurso peronista, intentando siempre parecerse a Eva, de la expresidenta: “Gracias al hombre que la hizo grande”. Luego una breve sucesión de imágenes de la época y el anuncio de lo que se está por ver: “José López Rega. El Brujo. Primera parte”. “Uno de los personajes más enigmáticos de la historia política de la Argentina. De cabo de policía a secretario del general Juan Perón. Y, tras su muerte, el hombre fuerte del país. Su vida está rodeada de misterios: ¿astrólogo?, ¿pai umbanda?, ¿contacto de la mafia?, ¿creador de los escuadrones de la muerte de la Triple A? ¿Cuál es la verdadera historia de José López Rega, ‘el Brujo’?”. A continuación, diferentes entrevistados que vivieron de cerca sus fechorías —políticos, escritores, periodistas, exfuncionarios de los gobiernos peronistas, incluso familiares— darán una batería de respuestas que intentarán explicar al personaje en este documental grabado a principios del 2000 y transmitido por el antiguo canal Infinito, especializado en misterios y esoterismo.

“Una noche de 1943, tristemente ataviado con un traje de etiqueta alquilado y perfumado con una colonia barata, el hombre subió al escenario del Club El Tábano, de Saavedra, y entonó un bolero, al frente de una orquesta que él mismo había contratado. Su debut frente al micrófono fue casi debut y despedida: una seguidilla de necesidades económicas lo llevarían a alistarse poco tiempo después en la Policía Federal. El cantante frustrado tenía la certeza de que el nuevo trabajo terminaría con las penurias que lo llevaban a enredarse en largas disputas verbales con su esposa, Josefa Flora Maseda. Ni sus más íntimos imaginaban, por entonces, que aquel hombre gris y menor se convertiría en uno de los personajes más influyentes y nefastos de la política argentina”. Así comenzaba a anunciar la periodista Verónica Abdala, en esa época de principios del nuevo milenio, desde Página 12, la emisión del documental biográfico que se hundía en la vida de esa figura que parecía insignificante pero escalaría vorazmente hacia el poder y produciría un daño enorme a la sociedad.

“El escritor y periodista Miguel Bonasso —continúa Abdala—, el ex dirigente montonero Roberto Perdía, la actriz Soledad Silveyra, el actual jefe del Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, Guillermo Patricio Kelly, el ex médico personal de Perón Jorge Taiana, el historiador Miguel Unamuno, el parapsicólogo y ex diputado peronista Luis Sobrino Aranda, el yerno menos famoso de López Rega, Jorge Conti, el ex secretario de la juventud peronista Juan Manuel Abal Medina, Ramón Landajo, ex agente secreto de Perón, Esteban Righi, ex ministro del Interior, Hipólito Solari Yrigoyen, sobreviviente del primer atentado de la Triple A, Alberto Rocamora, ex ministro del Interior de Isabel, y el periodista Emilio Corbiere ayudan al espectador inocente a entender cómo fue que pasó lo que pasó con el Rasputín argentino”.

Apenas lo conoció, Isabel quedó encantada con ese hombre que comenzó a hablarle de misticismo, de sus estrategias energéticas y profecías grandilocuentes para el país que se cumplirían gracias al liderazgo de ella y de su marido

Hijo de padre —Juan López— y madre —Manuela Rega— españoles, de pequeño, López Rega había sido un niño introvertido que tempranamente se interesó en temas espirituales y religiosos. Trabajó desde adolescente: fue empleado en una tintorería, vendedor ambulante. Y en 1943 se casó con Josefa Flora Maseda Fontenla, con quien tuvo a su única hija: Norma Beatriz López Rega, que nació en Buenos Aires, el 17 de febrero de 1945. Después de casarse —y de asumir, probablemente, que no viviría del canto— consiguió un puesto fijo en la Policía Federal. En 1951, con el apoyo del jefe de Policía, Filomeno Velazco, logró ser parte de la guardia que protegía la residencia presidencial: integró, ocasionalmente, el equipo de vigilancia del Palacio Unzúe —hoy la Biblioteca Nacional—, donde vivían Perón y Eva. Y después de que el general fuera derrocado, se sumó a la Guardia de Infantería.

Mientras tanto, no abandonó por completo su deseo de cantar. También en 1951 se plantó repetidas veces ante el micrófono de Radio Nacional. Actuaciones por las que conoció al periodista José María Villone, quien unos años después lo invitó a un sitio que lo marcaría: la Casa de Doña Victoria, en Paso de los Libres, Corrientes. Doña Victoria era la fundadora de una sede de la orden Rosacruz, una organización dedicada al estudio del misticismo y el esoterismo cristiano. La casa de Corrientes reunía a un grupo variopinto, de diferentes religiones, convocado por la búsqueda de conocimiento, científico y espiritual. López Rega fue visitante asiduo de ese lugar en el que tendió lazos con su dueña y otros participantes. Fue en esa época, entre mediados del cincuenta y el sesenta, en la que escribió buena parte de sus libros fundamentalmente sobre misticismo. El tiempo y los vínculos sumaron fuentes y elementos de los que nutrió y por los que ensanchó su esoterismo: cultura popular, religiones afrobrasileñas, ocultismo, espiritismo, entre otras nociones, se añadieron a sus creencias y su cosmovisión.​

Cuando Isabel volvió a España llevando con ella a López Regal, Perón le echó flit. Pero ante la intransigencia de su mujer sobre su deseo de que se quedara, terminó por aceptar. Poco después López Rega se convirtió es una suerte de secretario de Perón, primero, y en el hombre de mayor confianza, en lo personal y en lo político, del matrimonio, luego

Entre 1946 y 1955, durante las primeras dos presidencias de Perón, López Rega fue cabo de policía. Y en 1962 pidió el retiro de la institución —​años después, cuando llevaba tiempo alejado de esta actividad, consiguió que Perón lo ascendiera por decreto de cabo primero a comisario general, cargo que no le correspondía ni por jerarquía ni por mérito—. Durante la década de 1950 También tejió lazos con la Alianza Libertadora Nacionalista (ALN), un grupo de choque parapolicial del peronismo. Pero su gran escalada en la política comenzó cuando conoció a Isabel y vio la oportunidad para meter la cuchara.

​Era 1965. López Rega integraba la empresa Suministros Gráficos, trabajo que lo había acercado a la Logia Anael (Asociaciones Nacionales en Liberación): diferentes publicaciones del grupo se preparaban allí. Un material en particular hizo mella en él. López Rega debió imprimir un libro del juez Julio Cesar Urien, líder de la logia, en el que desarrollaba una teoría que hablaba acerca de cómo la unión entre América, Asia y África pondría fin al capitalismo y el comunismo y lograría la liberación del Tercer Mundo. El expolicía se interesó y lo sumó a su cúmulo de creencias y conocimientos. A partir de ese texto, el brujo en formación estableció un vínculo con Urien y con Bernardo Alberte, ambos miembros clave de la logia, ambos delegados de Perón. En ese contexto, cuando Perón envió a Isabel a la Argentina a apoyar a Nanclares, su candidato a gobernador en Mendoza, en medio de una interna del partido, López Rega logró infiltrarse y llegar a la custodia de la esposa del general gracias a esos contactos en la Logia Anael. Una vez ahí comenzó a hechizarle los oídos con su misticismo y conocimientos esotéricos, sus estrategias energéticas y sus profecías grandilocuentes para el país gracias al liderazgo de ella y su marido.

Isabelita, que de más joven había estado vinculada a templos umbandas y sentía inclinación hacia las creencias espirituales alternativas, estuvo encantada de escucharlo y tejió con López Rega —que para ella era “el hermano Daniel”, ya que él se le presentó con el nombre místico que se había autoimpuesto— un vínculo que fue robusto en cuestión de días, así en lo personal como en lo político. Cuando la esposa de Perón volvió a Madrid no estaba sola. López Rega viajó con ella, listo para ser lacayo del general y guía espiritual y mejor amigo hechicero de su compañera.​

Al comienzo Perón le echó flit: no quería saber nada con el personaje que trajo su esposa como brujo faldero. Ella lo defendió con uñas y dientes y, finalmente, Perón tuvo que aceptar. Así, el cantante frustrado y expolicía y exobrero gráfico se convirtió en una suerte de secretario del general. Que sí tenía quién le escriba y necesitaba una mano.

Una vez que Perón le abrió su puerta terminó por hechizarlo también a él.

Perón en la resdencia de Gaspar Campos, entrevistado por un periodista. A su lado, José López Rega (Revista Redacción)

De “Brujo” a “el hombre de confianza” de Perón, de hombre de confianza a dueño del poder y jefe de matones

Urdiendo una tela de araña fina y delicada —asegurándole a Perón que con sus poderes de curación podía aliviarle los dolores que sentía producto del cáncer, adiestrándole los oídos a Isabel acerca de las cosas que debía hacer para que ser la nueva Evita— López Rega fue rodeando al matrimonio hasta tenerlo en el centro plateado de su red: se transformó en la persona a la que consultaban para la toma de decisiones, a la que le confiaban grandes responsabilidades, al principio de índole cotidiana y doméstica, luego políticas y administrativas. Esto, pese a su falta de antecedentes y formación idónea, a su falta de aptitudes para manejar situaciones complejas, a su falta de escrúpulos, a su delirio místico y a su enorme ambición de poder.

En ese ejemplar depositaron todo. Era el que decidía quién podía ver a Perón y quién no en Puerta de Hierro, el que estaba presente en los encuentros y entrevistas, el que mediaba entre el líder y sus adeptos. También el que le aseguraba a Isabel que podía convertirla en la nueva Evita, insuflándole su carisma, su energía y su espíritu. Para lo que realizaban sesiones esotéricas en las que López Rega colocaba las manos sobre el cadáver de la abanderada de los humildes y trataba de transmitir su esencia a Isabel. Jamás hizo una pizca de efecto. Igualmente él estaba convencido del poder divino que poseía y en sus resultados.​

Para comienzos de la década del 70, el Brujo era parte de todas las reuniones políticas de Perón y el que manejaba sus papeles. Su trabajo se había vuelto tan jerárquico que le sugirió al general regresar a la Argentina para gestionar el partido in situ. El profeta volvió a su tierra y se coronó rey.

En 1973, poco antes del regreso del peronismo después de 18 años de proscripción, López Rega entró a la logia anticomunista Propaganda Due —llamada también “P2”— acompañado por Licio Gelli, líder de esa agrupación conocido como “El titiritero siniestro”: un italiano que había sido parte de las Camisas negras durante la dictadura de Mussolini, había militado para apoyar a Franco en España y después de la Segunda Guerra Mundial había pasado una temporada en Argentina. En algún momento entre eso y su regreso a Italia había estrechado lazos con López Rega y Perón, con quien colaboraría en su retorno al poder, del que también sería parte. También la CIA, el secretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger, y el Vaticano impulsaron la inserción de López Rega en la P2 —que tenía entre sus miembros ilustres a quien sería presidente provisional del país, su yerno, Raúl Alberto Lastiri, y al futuro dictador, Emilio Massera—. Así, esta agrupación se acomodó entre la cúpula peronista influyendo en el devenir de los acontecimientos.

Una vez victoriosos en las elecciones de 1973, con Cámpora de presidente, Perón nombró a su mano derecha como ministro de Bienestar Social —cargo que ocuparía hasta su huída del país en 1975—. Desde ahí le declararía la guerra a la izquierda peronista. Sin metáforas: saldría a cazarla.

José López Rega, Perón e Isabel saludan a los miembros de su partido que desfilan frente a la CGT

Cuando el general regresó al país definitivamente, el 20 de junio de 1973, después de casi dos décadas de exilio, López Rega —lógicamente— fue una de las personas que participó de la organización del evento de bienvenida. La custodia estaba a cargo del coronel retirado Jorge Manuel Osinde, quien tenía la directiva de evitar el acercamiento de la izquierda peronista que iba a recibir al que también era su líder. Las movilizaciones para asistir al acto fueron históricas. Pero estuvo lejos de ser un día de celebración. Cuando la Juventud Peronista, Montoneros y otras columnas revolucionarias intentaron acercarse al palco, fueron recibidos a los tiros por sectores de la derecha, bajo las órdenes de la organización del evento: tenían un arsenal de ametralladoras y fusiles. Así, la llegada de Perón se transformó en la Masacre de Ezeiza. Hubo muertos, se calculan unos trece aunque no hay certezas. Y centenares de heridos. Este episodio fue el preámbulo de lo que comenzaría poco después: la formación de la Alianza Anticomunista Argentina, organizada por López Rega para aniquilar a la izquierda del movimiento.

No habían pasado dos meses cuando el recién electo presidente, Héctor José Cámpora, y su vice, Vicente Solano Lima, renunciaron luego de breves 49 días en el Gobierno para, según hicieron trascender, darle paso a Perón —aunque diversas fuentes, el historiador Felipe Pigna entre ellas, aseguran que lo que quisieron presentar como renuncia fue, en verdad, producto de “un mini golpe de Estado”—. La presidencia quedó provisionalmente a cargo del presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Alberto Lastiri, yerno de López Rega. A partir de ese momento el país volcaría dramáticamente hacia la derecha, con censura de medios, de libros y contenidos considerados de izquierda o progresistas y atentados y persecuciones contra militantes de este sector en general.

En el Congreso Nacional Justicialista que se celebró en agosto, Perón e Isabelita fueron nominados como candidatos a presidente y vice, respectivamente —López Rega, por supuesto, había sido un de los principales impulsores para que la esposa del general integrara la fórmula—. Y el 23 de septiembre —como para no creen en la efectividad de su magia— la lista encabezada por Perón - Martínez de Perón triunfaba con el 61,85 % de los votos.

Dos días después, una célula de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) asesinó a José Ignacio Rucci, secretario general de la CGT. Perón llamó a una reunión a la que asistió su gabinete, gobernadores y vicegobernadores y el secretario general del Partido Justicialista. En ese encuentro se aprobó un documento que denunciaba “agresiones marxistas” y ordenaba a los militantes a “participar activamente en las acciones que se planifiquen para llevar adelante esta lucha”.​

En los pasillos del poder comenzaban a circular fotografías y a señalarse personas y ámbitos que había que “depurar” para acabar con “la infiltración marxista”. López Rega era uno de los mayores responsables de organizar esta tarea. Para eso contó con el amplio apoyo de la logia P2 y la CIA. Así, sin demasiado esfuerzo, montó la Alianza Anticomunista Argentina, un escuadrón parapolicial y paraestatal que tenía sede en el Ministerio de Bienestar Social, encargado de aterrorizar, secuestrar y asesinar a toda persona que se les antojara de izquierda, marxista, comunista o se les volviera indeseable —cualquier semejanza a la distopía orwelliana en la que el Ministerio de la Verdad se encarga de distorsionar todos los hechos, y paradojas similares, es pura coincidencia.

Comenzaron a operar ese mismo año. El primer atentado que se autoadjudicó la Triple A fue cuando atacaron e hirieron de gravedad al senador radical Hipólito Solari Yrigoyen, el 21 de noviembre de 1973. Aunque antes de eso ya se habían realizado secuestros y asesinatos contra activistas considerados de izquierda atribuidos a grupos que integrarían el órgano terrorista comandado por el Brujo —quien desvió fondos del Ministerio de Bienestar Social para financiarlo y equiparlo— y por el comisario jefe de la Policía Federal Argentina, Alberto Villar. Estos escuadrones matarían alrededor de mil o dos mil personas —no hay cifra exacta ya que nadie ordenó una investigación— entre 1974 y 1976; y comenzarían a realizar secuestros y desapariciones forzadas, método represivo que se volvería corriente a partir del golpe de Estado del 24 de marzo del 76 y no se detendría hasta la recuperación de la democracia.

Tras la victoria electoral de 1973, con Cámpora como presidente, López Rega fue nombrado ministro de Bienestar Social —cargo que ocuparía hasta su huída del país en 1975—. Desde esa cartera fundaría y financiaría la Triple A y buscaría aniquilar a la izquierda peronista

De “Brujo”, matón y superministro corrupto a falso embajador; de falso embajador a mago fugitivo: ahora me ven, ahora no

Después del 1 de julio de 1974, cuando muere Perón y la primera dama asume la presidencia, López Rega, automáticamente, llenó a sus anchas —pretendía hacerlo— ese vacío de poder. Comenzó a hacerse cargo de la dirección de todas las secretarías que orbitaban bajo la Presidencia. Armó el gabinete a su talla y a su gusto, sacó, puso y promovió a destajo a amigotes y contactos estratégicos. Uno de ellos fue el ministro de Economía —tan nefasto como él— Celestino Rodrigo, ejecutor de un plan diseñado por el Fondo Monetario Internacional que —una receta vieja y conocida— en medio de un período de gran inflación y desabastecimiento imponía un ajuste feroz, “un plan de shock” que tuvo como respuesta las movilizaciones populares lideradas por el movimiento obrero que pasaron a la historia como el “Rodrigazo”.

Ahí estaban los miles y miles de trabajadores copando plazas y, principalmente, la Plaza de Mayo en el que fue el primer paro general de la CGT a un gobierno peronista; pidiendo la cabeza de Rodrigo y la de López Rega al grito de: “Isabel, coraje, al Brujo dale el raje”. Isabel lo supo: no tenía más remedio que hacerles caso.

Si hubiera habido un helicóptero en la terraza, López Rega —y quizás también la presidenta— se lo hubiera tomado. Aunque de seguro habría inventado otra excusa parecida a la que fabricó en ese momento, cuando le exigió a Isabel que lo nombrara con un título que sonara importante —al margen de ridículo—, ministro Plenipotenciario argentino en Europa, y que anunciara su viaje a España como una responsabilidad oficial que le había sido adjudicada e iría a cumplir con honores: una gran misión para el país que, en verdad, era la forma de escabullirse como una rata cobarde para evadir la prisión o la muerte.

La efervescencia social que lo condenaba, la crisis galopante y los ánimos inflamables permitieron que se multiplicaran las denuncias contra él y la Triple A. El Coronel Jorge Felipe Sosa Molina, jefe del Regimiento de Granaderos a Caballo y también encargado de la seguridad presidencial, investigó y consiguió pruebas que demostraban lo que era un secreto a voces: cuál era la sede de la Triple A y dónde se guardaban las armas. Mientras, los operativos de este grupo asesino se intensificaban, los muertos se reproducían y la violencia escalaba sin tregua.

Sosa Molina denunció lo que sabía a sus superiores, se elevaron denuncias a la Justicia y filtraron todo a la prensa. El 6 de julio de 1975, la nota de tapa del diario La Opinión describía cómo operaba la Alianza Anticomunista Argentina por la cual responsabilizaba a López Rega.

Isabel no pudo hacer demasiado —en ningún momento, pero menos en ese— y el Brujo tuvo que presentar su renuncia y huir. No le alcazaban las manos para armar valijas y baúles, vigilado por los custodios presidenciales. Sabía que su tiempo se había terminado.

En 1975, con el país ardiendo, en medio de una crisis económica y social, se multiplicaron las denuncias contra López Rega que huyó diciendo que se iba a ser embajador a Europa. El 5 de marzo del año siguiente la Argentina pidió su extradición, la que se reiteraría en los años posteriores en los que "el Brujo" se haría experto en escabullirse y desaparecer

El 19 de julio se escapó a España, donde se alojó en la residencia de Puerta de Hierro por un tiempo. Al año siguiente, el 5 de marzo del 76, la Justicia argentina pedía su extradición. Poco después, cuando comenzó a ser buscado por Interpol, ya derrocada Isabel y con la dictadura cívico - militar en el poder, se hizo diestro en el arte de desaparecer. Lo perfeccionaría durante todo lo que duró el terrorismo de Estado, y algunos años entrada la democracia. Fue visto en Suiza en 1982 pero logró escaparse. Se supo que pasó por Italia y que viajó a los Estados Unidos y a las Bahamas. Allí fue localizado en 1986, luego de que Alfonsín impulsara los juicios a los responsables —civiles y militares— de crímenes y violaciones a los derechos humanos durante el período anterior y retomara su búsqueda. López Rega volvió al país esposado en 1987.

Automáticamente le dieron prisión preventiva acusado de asociación ilícita, secuestro y homicidio. Ese sería su último destino: murió preso y casi ciego, a los 72 años, el 9 de junio de 1989, esperando su condena.

Pero, un día, llegó el doctor

Manejando un cuatrimotor

¿Y saben lo qué pasó?

¿Y saben lo qué pasó?

¿No?

Todas las brujerías

Del brujito de Gulubú

Se curaron con la vacú

Con la vacuna, luna-luna-lú.

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