A diez años de la última visita de los Rolling Stones en Argentina: himnos inoxidables, asado premium y una advertencia a Trump

La banda se presentó por última vez en 2016 en La Plata. Por primera vez, no se alojaron todos en el mismo hotel. Ahora, el diario británico Daily Mail abrió la posibilidad de un regreso a Buenos Aires

"Esta noche somos locales", dijo Jagger en La Plata en febrero de 2016. Fue la cuarta y última visita de la banda a la Argentina. Foto: Ignacio Arnedo

“¡Diez años es mucho tiempo!”, les dijo Mick Jagger a las 150 mil personas que aullaban por verlo a él y a sus compañeros de ruta sobre el escenario. Fue en febrero de 2016 en el Estadio Único de La Plata: los Rolling Stones volvían a presentarse en la Argentina tras una década sin visitar este país que los ama, los venera, los sigue a todas partes. Tan profetas en estas tierras se sienten que Jagger dijo también: “Sé de los equipos de La Plata, pero esta noche somos locales nosotros”.

Esas noches, las del 7, 10 y 13 de febrero de 2016, los Stones se reencontraban con su público argentino tras una década. Ahora, en febrero de 2026, se cumplen diez años de esos últimos shows en el país. Y no hay señales concretas -algún rumor siempre circula, pero más impulsado por el entusiasmo que por la certidumbre- de que estén cerca de una nueva presentación en estas latitudes.

Jagger y Keith Richards, su socio artístico, ostentan 82 y años cada uno. Charlie Watts, el mítico baterista stone, ese reloj suizo que sostuvo el ritmo de la banda desde su fundación, murió en agosto de 2021. Ron Wood, el más joven de todos, el que entró tiempo después de que nacieran a la par de Los Beatles en pleno florecimiento de los sesenta, tiene 78.

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En diciembre del año pasado, los Stones cancelaron la gira de estadios que habían programado para 2026: iban a recorrer distintos escenarios de Europa. Venían de tocar en Estados Unidos en el marco de su gira Hackney Diamonds. Y aunque todo estaba previsto para al menos tres meses de tour en Reino Unido y Europa Occidental, en una reunión cumbre decidieron dar de baja esos planes. Los motivos: un esfuerzo demasiado intenso para sus saludes -especialmente la de Richards-, sus ganas y, sobre todo, sus necesidades.

Keith Richards fue quien más frenó la gira de estadios que los Stones tenían prevista para 2026. REUTERS/Caitlin Ochs

En su último tour por Estados Unidos la banda recaudó 235 millones de dólares y reunió a casi un millón de espectadores en veinte ciudades de ese país. Cualquier próxima gira tiene el éxito asegurado, tal como les viene ocurriendo desde hace décadas nada menos que por ser la banda de rock más importante del mundo. Pero esa garantía de éxito ahora mismo no es suficiente para sacarlos de gira por enésima vez.

Ningún anuncio de parate parece amedrentar a los fanáticos argentinos. El 22 de septiembre del año pasado, la banda compartió en sus redes sociales una animación de su clásico logo, la lengua stone, que lucía blanca y negra y celeste y blanca. La publicación se llenó de banderas argentinas rogando por un show en estas tierras. Se tomó, de hecho, como un guiño hacia sus seguidores rioplatenses. Pero apenas dos días después, por esa misma vía, los Stones revelaron que ese logo que cambiaba de color era para anunciar al reedición de su disco Black and Blue, que este año cumple nada menos que medio siglo.

En enero de este año, el diario británico Daily Mail despertó una vez más las expectativas criollas. Según publicó ese periódico, la banda está contemplando la posibilidad de girar bajo otra modalidad, la de “residencias” que impliquen una semana de shows y dos de descanso. Ese régimen, sostiene la publicación, se ajusta más a las necesidades y los requerimientos de Richards. Según el Daily Mail, los Stones piensan en tres destinos para esas residencias: Reino Unido, Estados Unidos y… Buenos Aires. Se trata más de un trascendido que de una certeza, pero, como diez años es mucho tiempo, las huestes que siguen a la banda ya habitan esa emoción tan argentina: la manija.

Carne, tango y mucho rock

En 2016, cuando visitaron por última vez el país, esas presentaciones fueron leídas como las últimas que los Stones harían en la Argentina. Fueron en el marco del América Latina Olé Tour y, en total, la banda se presentó ante 150.000 personas. El Estadio Único estuvo repleto en cada uno de los tres shows, y la autopista que une la Ciudad de Buenos Aires con la de las Diagonales, también.

En 2016, Charlie Watts se alojó en el mismo hotel que Richards: el Four Seasons. El histórico baterista stone murió en 2021. REUTERS/Rodrigo Garrido/File Photo

Era la cuarta visita de la banda a la Argentina: ya habían estado en el país en 1995, en 1998 -cuando, en un hito histórico, compartieron escenario con Bob Dylan y cantaron juntos el himno compuesto por el hombre al que sus letras le valieron un Nobel de Literatura, “Like a rolling stone”-, y en 2006. En 2016, por primera vez, no se alojaron todos los integrantes de la banda en un mismo hotel.

En 1995, 1998 y 2006 habían pasado sus días porteños en el Four Seasons. En 2016, ese fue el hotel en el que se alojaron Richards, Watts y todo el equipo -unas ochenta personas- que giraba con los Stones por el mundo. Jagger pasó sus días en el Palacio Duhau del Park Hyatt y fue el más ensimismado de los cuatro. Destinó la mayoría del tiempo a estar solo en su habitación, entrenando y descansando, aunque pasó un rato paseando por Palermo y otro rato cenando sushi.

Wood durmió en el Hotel Faena, en Puerto Madero, y fue no una sino dos veces a ver Rojo Tango, el espectáculo de danza que se organizaba allí. Llevó a varios integrantes del equipo y todos pagaron la entrada, que costaba, en ese momento, 290 dólares. A diferencia de artistas como Bono, John Travolta o Madonna, Ron Wood no pidió que el espectáculo fuera exclusivo para él y sus invitados, sino que lo compartió con otros espectadores.

La misma política tuvieron Richards y Watts cada vez que se instalaron en el bar del Four Seasons: no hacía falta mover a ningún otro parroquiano ni cerrar ningún salón. Eso sí, a todos lados los acompañaba una fuerte custodia. Una escena similar de esa visita ocurrió en La Cabrera, la parrilla de Palermo en la que cenaron Richards y Wood junto a trece integrantes del equipo stone.

La primera visita de la banda fue en 1995. Después volvieron en 1998, 2006 y 2016

No querían salones cerrados para ellos, apenas un espacio un poco más privado que las demás mesas y cierto contacto con el mundo que los rodeaba. Comieron chorizo, morcilla, bife de chorizo, carne de kobe y provoleta. Tomaron tres vinos de la bodega Angélica Zapata entre quince personas y se fueron a dormir.

Los últimos días porteños de los Rolling Stones estuvieron hechos de varios restoranes de los más selectos de Buenos Aires, especialmente los dedicados a la carne. Ron Wood se hizo espacio para el rock en medio del tango: en el Faena, vio un exclusivísimo show de Charly García.

Era verano, pero los Stones fueron menos a la pileta que al spa. Nunca interrumpieron lo que estaban haciendo otros huéspedes de los hoteles en los que se alojaron ni otros comensales de los restoranes que eligieron. Dejaron buenas propinas y el helado argentino les pareció varias veces el mejor postre posible. Siempre con la espalda cubierta por sus custodios, insistieron en que a esa altura de sus trayectorias preferían mucho más cierto contacto con el mundo que los rodeaba que esa exclusividad solitaria en la que vivieron durante décadas.

En medio de todo eso, y porque Estados Unidos atravesaba una campaña presidencial, usaron sus días porteños para advertir a Donald Trump. En ese entonces, el actual primer mandatario de los Estados Unidos se postulaba por el partido republicano para el que terminaría siendo su primer gobierno.

Durante la última visita, Jagger permaneció casi todo el tiempo entrenando y descansando en su habitación del Palacio Duhau

Y usaba, entre otras canciones que ponía al servicio de su campaña, tres canciones de los Stones: “You can’t always get what you want”, “Sympathy for the devil” y “Brown sugar”. La banda no dudó en hacerle saber al mundo entero que ese uso no contaba con ninguna autorización y en instar al candidato a que dejara de usarlas inmediatamente.

Eran tres de las decenas de clásicos irrompibles de la discografía de los Rolling Stones. Tres de las decenas de canciones históricas que sonaron en el Estadio Único en esos shows en los que, una vez más, la banda jugó de local en tierras tan lejanas a su rincón de origen y tan cercanas a su obra y a su mística.

Ahí, ante su gente, era donde los Stones querían que sonara su música. No en el slogan de Donald Trump, sino en los coros de miles de argentinos que les cautivaron el corazón desde el primer encuentro, hace más de treinta años. Esos argentinos que se emocionan cuando una lengua se tiñe de celeste y blanco y que se aferran a un trascendido porque diez años es mucho tiempo y ya va siendo hora de que Jagger, Richards, Wood y los suyos vengan a la Argentina a hacer lo que mejor les sale. Como dice el cantito popular: una más y no jodemos más.

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