Las voces de Ana Kuo (50) y de Angela Chung (44) no demuestran que nacieron en China ni que llegaron a Argentina con 13 y 11 años, respectivamente, porque ya no queda acento que lo revele. Se sienten ciudadanas de las dos naciones y resaltan como una gran virtud la espontaneidad de los argentinos, la actitud amistosa con la que fueron recibidas aunque todavía no aprenden a convivir con la impuntualidad que caracteriza a esta sociedad.
Ellas, junto Liu Gao Ping (de 92 años y en representación de los abuelos, como los llaman) y Priscila (16), son parte de un video que muestra cómo es la Ceremonia del Té, reunión previa a la cena por la celebración del Año Nuevo chino, que puede verse vía streaming en el canal de youtube del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
De China, pero con acento porteño
Angela Chung tenía 11 años en 1987, cuando supo que junto a su familia dejaría China para mudarse a la Argentina. “Conocía el país por Diego Maradona, por los partidos en el Mundial del ’86 que los hizo conocido en todo el mundo y estaba contenta por venir, además llegamos en un buen momento”, le cuenta a Infobae la mujer que trabaja en el Instituto de Medicina China de Villa Crespo donde instruye sobre la Ceremonia del Té.
Su padre es médico y enseñaba sus conocimientos de medicina china en distintos países de Asia, pero cuando se retiró buscó un nuevo espacio para vivir y apuntó a Argentina, donde ya vivía una familiar que no dejaba de repartir elogios sobre estas tierras.
“Era una tía y siempre contaba lo lindo que era Buenos Aires y todo el país, entonces teníamos mucha expectativa de venir. Cuando llegamos nos recibieron muy bien pese a la gran diferencia cultural que existe y que les costó más a mis padres. Pero había tantas cosas aquí que allá ellos no disfrutaban como la comida, el espacio, la amabilidad de la gente... porque en Asia todo es muy estructurado. Nos enamoramos y nos quedamos”, resume la mujer que sigue vinculada a la medicina ancestral china, lo que la hace regresar por trabajo a su país natal.
“Voy, visito parientes y regreso. China es un lugar muy lindo para conocer y visitar, pero el quedarme a vivir allá lo pensaría dos veces porque estoy acostumbrada al ritmo argentino”, afirma.
Algo similar le pasa a Ana Kuo que llegó al país con 13 y es fundadora y presidenta de la Asociación Cultural Chino Argentina. “Mi adaptación fue muy larga y sin poder hacer amistades reales por mucho tiempo. En 2001, por la crisis, lo pasamos mal y regresé a China para trabajar. Estando allí me di cuenta de que la gente trabaja mucho, que el ritmo de vida es muy rápido y todo está enfocado al trabajo, no tanto al placer como acá. Así que decidí regresar, quedarme y formar mi familia”, dice la madre de dos hijas, una nacida en Argentina y la otra “de casualidad” en Brasil.
Respecto a los primeros años en Buenos Aires y las barreras culturales, Ana asegura que lo que más le costó fue aprender el idioma “hogareño, el que hablaban las demás chicas”. Y agrega: “En la escuela me iba bien porque estudiaba de memoria, porque sabía el lenguaje académico, pero no el coloquial. Si las mis compañeras de curso cantaban alguna canción no sabía qué decían”.
En el caso de Angela Chung, que asegura que nunca se sintió discriminada, reconoce que “tuve un momento de crisis y búsqueda de identidad”. “Yo misma me decía ‘¿qué soy? ¿china o argentina?’. A eso se sumó que en medio de mi infancia mi papá enseñó medicina en Japón y viví allí unos años. Pero después de un tiempo, y viendo que aquí hay mucha interacción a nivel global, fui aflojando y hoy asumo que tengo una mezcla de las dos culturas y que como Argentina se caracteriza por las diversidades eso nos hace sentir cómodos”.
Ambas coinciden en lo que más les gusta del país es la espontaneidad de los locales: “La actitud relajada de los argentinos me encanta. Nosotros (se incluye como argentina) somos más flexibles y benévolos con respecto a los errores de las demás personas. Sin embargo, en la cultura asiática todo es bastante estructurado y hay poco espacio para tolerar errores”, compara Ana mientras que Ángela destaca que lo que más valora es “el trato espontáneo y la manera de poder expresar los sentimientos que los chinos no tenemos o nos cuesta”.
La Ceremonia del Té y la Cena de Año Nuevo
Generalmente, en China las personas no trabajan cerca del lugar donde nacieron y tienen sus raíces, por eso la celebración del Año Nuevo ocupa 15 días y significa la oportunidad de regresar y visitar a sus familias, sobre todo a los mayores que serán quienes transmitirán a los más jóvenes los valores ancestrales.
Por ello, en este tiempo se produce el mayor movimiento migratorio en China y representa una nueva ocasión para compartir dos de las celebraciones más importantes de la comunidad: la Ceremonia del Té y la Cena de Año Nuevo, la víspera a la Fiesta de la Primavera.
“Me dedico a enseñar sobre la cultura china y una de las cosas que comparto son las tradiciones y la Ceremonia del Té, que es una de nuestras tradiciones más importantes”, cuenta Angela Chung sobre el inicio de la festividad.
El té chino -explica- simboliza un elemento que une a la familia, a los amigos. “Hay muchos tipos de tés y mucha historia detrás porque ya desde la Antigua China se lo toma en pos de la salud, como ofrenda para el Emperador y los dioses. Hoy, la costumbre de tomar té está insertada, en todas las casas lo tomamos y nunca falta para las celebraciones del Año Nuevo chino”, asegura y propone que cada persona haga su propia experiencia de “buscar esas tazas escondidas de las vajillas de las abuelas y las teteras para hacer su ceremonia al tomar el té”.
La importancia de esa ceremonia está en el compartir y en el sentimiento de unidad de quienes lo comparten. “El anfitrión le da la bienvenida a la familia y los amigos, juntos compartimos este momento para recibir al nuevo año con buena energía, pero también tiene símbolo medicinal porque lo tomamos para la buena salud. Todas las tradiciones de China están relacionadas con la buena vida y con la longevidad, y se la considera una disciplina más”, asegura Chung.
Entre las variedades, Angela aconseja “el té blanco porque tiene muchos antioxidantes, es muy suave y aromático y tiene el símbolo de la pureza”.
El rito se inicia con la elección de la vajilla o cuenco a usar ya que “la ceremonia se trata no solo de tomar té sino de buscar el momento, un espacio en la casa para tener un momento de serenidad por medio de su preparado porque estamos en un tiempo donde todo va muy rápido, estamos muy estresados y no nos damos cuenta”, lamenta.
Lo que sigue al té es la gran cena de año nuevo. “En la mesa familiar tienen que estar todas las comidas tradicionales sobre platos coloridos y en mesas bien preparadas porque eso simboliza la alegría. La comida es la estrella de las mesas familiares”, agrega Ana Kou y detalla: “Comemos pescados, ravioles cocidos en platos de bambú -simbolizan lingotes de oro- y la infaltable es una tortilla dulce de calabaza con arroz aglutinado que significa que vamos a crecer y evolucionar. Esas son las tres comidas más importantes y hay otros 12 platos típicos que no necesariamente tienen que estar en la mesa y si están no necesariamente se tienen que comer, pero generalmente se pica un poco de cada cosa”.
En la mesa debe destacar la vajilla de colores alegres, preferentemente en colores rojo y dorado, y nunca debe haber platos negros.
Cómo será la celebración vía streaming
El viernes 12 de febrero marcará el inicio del año 4719 para China. Esta es la celebración más importante de la comunidad y se extiende por 15 días: desde la noche de la víspera de año nuevo hasta la Fiesta de los Faroles, que marca la primera noche de Luna llena. Para esta cultura, cada año está asociado con uno de los doce animales del zodíaco chino y este es el del Búfalo de Metal.
A diferencia de las costumbres occidentales, el festejo se relaciona con el comienzo de la primavera y no se lo llama “Año Nuevo Chino”, como acostumbramos a llamarlo, sino Fiesta de la Primavera, según el calendario tradicional chino.
En Buenos Aires, esta celebración cobró singular importancia en 2013 y desde entonces el Barrio Chino (a metros de Barrancas de Belgrano) hace de punto de encuentro para los esperados festejos, coronados por el desfile del dragón y el tigre, que llegaron a reunir a más de 500 mil personas.
“Creo fundamental poder adaptar al contexto actual las distintas celebraciones y tradiciones de las colectividades priorizando el cuidado de la salud, pero sin perder de vista la importancia de acompañar, visibilizar y valorar el pluralismo cultural de nuestra Ciudad”, aseguró Pamela Malewicz, subsecretaria de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural, sobre la importancia de mantener vivo el intercambio cultural aun en este contexto.
Con el objetivo de mantener el festejo de una manera cuidada, el dragón chino -que simboliza la sabiduría, la cultura y la riqueza- y los dos leones pasearon por los lugares más representativos y emblemáticos de la ciudad. El recorrido se inició en la Avenida Belgrano y Tacuarí, pasando posteriormente por el Obelisco, Caminito, el Puente de la Mujer, la Torre de Interama, el Planetario y la Floralis Genérica. Esta actividad, que cumplió con los protocolos de prevención de la propagación del Covid-19, se realiz´p en conjunto con la escuela Lung Chuan dirigida por Germán Bermúdez, quienes realizan las danzas tradicionales del León y dragón desde 2008 en los eventos de año nuevo y otras festividades de la comunidad.
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