Sisters of the Valley (Hermanas del Valle), la organización que elabora ritualmente Aceite de CBD, Bálsamo de CBD y Tintura de CBD, creció en un año por esos derivados del cannabidiol (un ingrediente de la marihuana que, a diferencia del THC, no es psicoactivo) antes que por sus otros productos. Es el objetivo prioritario del grupo que encabezan dos monjas de denominación religiosa propia, las hermanas Kate y Darcy, que tuvo como base 150.000 dólares para comprar un campo en el Condado de Merced, en California, más otros 80.000 para acondicionarlo como abadía y área de cultivo.

"Era mi dinero: lo recuperé de lo que mi ex esposo me había robado y escondido!, dijo la Hermana Kate a Infobae frente a las 12 plantas que crecen legalmente en su tierra. "Esto nos dio una base. Y aun si cada mes nuestro negocio crece, también cada mes contratamos más gente. Nada de la inversión original me regresó aún y, francamente, no me importa, porque seguimos creando empleo".
También tienen una misión sanadora: "Nosotras no decimos que nuestros productos curen enfermedades –explicó la Hermana Darcy–, pero recibimos comentarios de nuestros clientes, que los usan para combatir el dolor de la artritis, la fibromialgia, la esclerosis múltiple, las migrañas, la molestia en las articulaciones y en los huesos en general. También los utilizan para tratar problemas de piel y de pérdida de cabello. Mucha gente sintió que si bebe la tintura y se aplica el aceite –es decir, si hace un uso interno y externo del CBD– tiene mejores resultados".
–¿Por qué creen que sus ventas aumentaron de modo tan sostenido?
–La gente está cansada de la industria farmacéutica –analizó la Hermana Kate–. La gente usa nuestro bálsamo para reemplazar las pastillas para dormir: se lo untan en la sien antes de acostarse. O para prevenir el dolor de cabeza: se aplica detrás de las orejas en las mañanas. También sirve para la dermatitis de pañal del bebé y el dolor de articulaciones del abuelo. La razón principal por la cual la gente se acercó a nuestros productos fue dejar de lado los fármacos industriales de a poco.
"Muchas veces las personas consumen nuestros productos del mismo modo que harían con un suplemento vitamínico, junto con sus otras medicaciones –agregó la joven monja–. Y en el proceso pueden bajar la dosis e inclusive dejar sus fármacos".

 

Un fenómeno mundial

Las Hermanas del Valle envían sus productos a todos los países del mundo. Lo último que incluyen en los paquetes es una nota para los agentes de las aduanas: "Hay diferentes clases de productos derivados del cannabis. No usamos psicotrópicos en estos productos. La ley nos permite hacerlo. Por favor no interfiera con el control del dolor".

La mayor parte de su comercio, no obstante, se realiza dentro de los Estados Unidos, y del estado donde trabajan en particular: "Probablemente, un 40% de nuestras ventas se realiza en California".
Desde marzo, las administran solamente desde su propia página; antes, tenían un comercio en Etsy, pero desde que la plataforma pasó a manos de eBay las cosas cambiaron, y de un día para el otro las monjas se encontraron con esa puerta cerrada.

Sintieron un golpe en su flujo de caja; debieron recurrir a GoFundMe.com, una web de crowdfunding.

Mientras juntaban allí los 3.400 dólares que necesitaban para cubrir la emergencia, dos estudiantes de la Universidad de California las ayudaron a fortalecer su página de internet para que no perdieran clientes. Con el tiempo, el traspié se convirtió en una oportunidad.

"Lo mejor que Etsy pudo haber hecho por nosotras fue cerrar nuestra tienda en su página –evaluó la Hermana Kate–. Como su buscador juega con quienes ocupan los primeros lugares en los resultados, apenas salimos de allí nuestros números se fortalecieron más y más. Resultó caro, porque Etsy tiene herramientas que perdimos y tuvimos que construir en nuestra página, pero nos fue mucho mejor desde entonces".

Confusiones y mensajes en clave

De las miles de reseñas que recibieron sus productos, sólo un puñado fueron negativas. "Y los autores decían que aunque a ellos no les había servido el bálsamo, a otra persona de su familia sí", se enorgulleció la monja. "Francamente, eso no es un fracaso para nosotros: no todas las medicinas funcionan para todas las personas. Tenemos una política de satisfacción 100% o devolvemos el dinero. ¡Ninguna industria farmacéutica hace eso! Y sobre todo lo hacemos porque la gente no conoce bien el CBD, y es un campo perfecto para el engaño comercial".

Nunca aceptaron inversionistas para conservar la autonomía; ni siquiera quisieron donaciones. "Cuando nos las ofrecieron, respondimos que queremos ser autosustentables y preferiríamos que nos comprasen varios bálsamos y los regalaran a personas con artritis, por ejemplo".
Por la naturaleza del emprendimiento, algunas de esas personas sintieron deseos de apoyarlas, pero se abstuvieron por temor a que sus productos las embriagaran.
Una mujer les insistió:
–¡Yo me siento drogada!
–No, señora, eso es imposible –la guió la Hermana Kate–. Sucede que usted se había olvidado de cómo era vivir sin dolor. Confunde la euforia del bienestar con estar drogada. Usted sólo se siente bien.

También porque en el origen de sus productos está el cannabis, las monjas recibieron mensajes codificados de fuentes que con frecuencia desconocen. "La DEA dice que no se preocupen, que aunque el sheriff se meta con ustedes nadie va a presentar cargos en su contra", por ejemplo. Y otro: "El cartel está al tanto de lo que hacen, pero no las van a molestar porque es para ayudar a gente con enfermedades".

Ellas los toman con gracia. Les preocupan más, en cambio, "los hombres blancos que hacen las leyes", como definió la Hermana Kate. Sobre todo, en 2016, cuando California votará –entre otras cosas– un plebiscito por legalizar o no el comercio de marihuana más allá de la normativa medicinal.