
Un grupo de investigadores se preguntaba hace 10 años si los poros que tenían unos materiales en el laboratorio podían modular el crecimiento de bacterias. Parece una cuestión solo de interés para fanáticos de la ciencia, pero esa inquietud llevó a buscar respuestas, a investigar más y a proteger mejor la salud humana. Lograron en colaboración con una empresa privada un desarrollo que la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) aprobó como el primer recubrimiento contra los microbios hecho a partir de la nanotecnología en la Argentina.
“El recubrimiento que desarrollamos es una emulsión que se puede usar para prevenir infecciones por bacterias, hongos y virus, como la que causa la enfermedad COVID-19″, contó a Infobae el científico Galo Soler Illia, investigador del Conicet en química y nanotecnología, decano del Instituto de Nanosistemas de la Universidad Nacional de San Martín, docente de la Universidad de Buenos Aires y uno de los cofundadores de la empresa startup Hybridon.
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Diez años atrás, el doctor Soler Illia junto con los científicos Paolo Catalano y Martín Bellino, de la Comisión Nacional de Energía Atómica, y Martín Desimone, de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires, empezaron a estudiar la pregunta sobre la porosidad de los materiales y su impacto en el crecimiento de las bacterias.
Se enfocaron primero en desarrollar prótesis médicas, pero cambiaron la orientación de la investigación y se concentraron en recubrimientos para superficies para aportar un beneficio para la salud humana. Ganaron uno de los premios del concurso Innovar, organizado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación en 2016. En ese momento, disfrutaron y creían que estaban muy cerca de ayudar a los pacientes y salvar vidas.
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Las infecciones hospitalarias, que son adquiridas por los pacientes internados, son un grave problema si no hay adecuados programas de control en las instituciones. La resistencia de los microbios a los antibióticos hace que muchos pacientes no respondan bien y se mueran. Durante los últimos meses, han sido motivo de atención por especialistas en infectología y microbiología por el aumento de casos de superbacterias en hospitales y del llamado “hongo negro” asociado a la infección por el coronavirus.
Los científicos tenían ya avanzado su recubrimiento para usar en superficies como azulejos o vidrios de los hospitales. Pero el dueño de la empresa Adox, Javier Viqueira, les hizo una objeción al escuchar sobre el desarrollo: ¿Por qué el recubrimiento antimicrobiano no se usaba también en superficies móviles como una bandeja, una cama o sillón? La objeción disparó más investigación para los científicos.
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“De alguna manera la primera versión del recubrimiento era poco práctico porque sus aplicaciones eran limitadas. A partir del comentario del empresario, hicimos más investigación y desarrollamos nanoestructuras con poros que tienen antibiótico. Cuando el recubrimiento se aplica en forma de emulsión, la superficie del equipamiento dentro de quirófanos, baños, transportes, entre otros lugares, queda protegida: si entra en contacto con un germen, el recubrimiento lo desactiva. De esta manera, se evita la contaminación de la superficie por muchas horas”, explicó Soler Illia.
Los científicos hicieron un acuerdo con la empresa Adox, que comercializará el recubrimiento a partir de septiembre. El recubrimiento contiene partículas nanoestructuradas adsorbidas con iones plata y cobre. Se puede aplicar como un spray en toda superficie de alto transito en la que se requiera un muy bajo nivel de contaminación microbiana, como los quirófanos, las terapias intensivas, los baños de lugares laborales, laboratorios, industria alimenticia, entre otros. Se puede remover fácilmente.
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El desarrollo del producto contó con financiamiento del Fondo Nacional de Desarrollo Productivo (FONDEP) del Ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación para que la startup Hybridon avanzara hacia la aprobación oficial por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT).
“Es una iniciativa de investigación básica dentro del sector público, que se gestó con la colaboración de una empresa que se dedica al sector hospitalario. Estamos investigando la aplicación del recubrimiento en otros sectores como el de la producción de los alimentos y la arquitectura”, precisó Soler Illia. “En estos momentos en que se habla tanto sobre la presencialidad en las escuelas y el transporte en el contexto de la pandemia, el recubrimiento podría ser un producto útil”.
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Para demostrar la eficacia del producto se hicieron varios experimentos. Mara Alderete, coordinadora del área de Proyectos Tecnológicos y Vinculación del Instituto de Nanosistemas de UNSAM y líder del proyecto Hybridon, contó que se hizo una prueba con el nanodesinfectante en la flota de colectivos urbanos de la empresa La Perlita, que funciona en Moreno, provincia de Buenos Aires. Con Alderete, también trabajan Carolina Blaiotta y Juan Galdorporpora.

Aplicaron el producto en diferentes superficies de una de las unidades de colectivos de la empresa. Luego de 2 turnos de 8 horas de circulación, por los que pasaron más de 500 personas, se tomaron muestras mediante hisopados de superficies. Usaron dos marcadores: por un lado, el número de unidades formadoras de colonia de bacterias totales y el número de unidades de la bacteria Staphyllococcus aureus. Compararon qué pasaba en las superficies de los colectivos cuando estaba el recubrimiento.
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Se observó que las superficies tratadas con el recubrimiento tenían un recuento menor de microorganismos en relación a las superficies que no habían sido tratadas con el producto. Probaron que si se aplica en el transporte público hay entre 4 y 6 veces menos cantidad de bacterias en las superficies. El efecto antimicrobiano dura como mínimo un día.
“El proyecto de la startup Hybridon demuestra los beneficios de estimular el desarrollo del encuentro entre la academia, la industria y el Estado”, comentó a Infobae Darío Codner, físico y secretario de innovación y transferencia tecnológica de la Universidad Nacional de Quilmes. “Lograr que el conocimiento científico se convierta en un producto es un desafío muy complejo. Implica que las instituciones, los investigadores y la empresa sincronicen sus agendas de desarrollo y co-inviertan recursos. Que ese proceso sea estimulado por la participación del Estado, a través de diferentes programas de promoción, es fundamental para que se logren resultados innovadores y necesarios, como el caso del recubrimiento basado en nanotecnología”.
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