En abril, el fondista keniano Sebastian Sawe cruzó la meta del Maratón de Londres en 1:59:30 y se convirtió, según informó GQ, en el primer atleta en bajar oficialmente de las dos horas. Detrás de la marca, además de la preparación y las zapatillas con placa de carbono, hubo un suplemento que gana espacio entre corredores: el bicarbonato de sodio.
Sawe utilizó una fórmula de bicarbonato antes de sostener un ritmo medio de 2 minutos y 50 segundos por kilómetro. El producto, conocido entre deportistas como “bicarb”, busca reducir el impacto de la acidez muscular durante esfuerzos de alta intensidad.
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El interés no se limita al atleta keniano. También se encuentran la maratonista estadounidense Molly Seidel, el fondista Eliud Kipchoge, la campeona olímpica de 800 metros Keely Hodgkinson y el etíope Yomif Kejelcha, segundo en Londres.
El bicarbonato figura entre los suplementos avalados para la élite
El Comité Olímpico Internacional incluyó en 2018 al bicarbonato de sodio entre los cinco suplementos con respaldo científico para mejorar el rendimiento de deportistas de alto nivel. Las investigaciones sobre su aplicación deportiva se remontan a la década de 1930 y abarcan disciplinas como atletismo, ciclismo, natación, remo, fútbol, rugby, hockey, básquetbol y artes marciales.
Los trabajos analizados registraron mejoras sobre todo en ejercicios intensos de entre 45 segundos y 10 minutos. Una revisión de la Sociedad Internacional de Nutrición Deportiva, difundida en 2021, concluyó que la sustancia puede elevar el desempeño tanto en esfuerzos únicos como en series repetidas, en hombres y mujeres.
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Su uso, sin embargo, tenía un obstáculo habitual: los efectos digestivos. Ingerido en polvo, comprimidos o bebidas, el bicarbonato reacciona con el ácido clorhídrico del estómago. Esa reacción produce dióxido de carbono y puede derivar en hinchazón, gases, náuseas o diarrea.
El cirujano ortopédico especializado en medicina deportiva Guillem González-Lomas, de NYU Langone, explicó a GQ que esos síntomas representaban el principal problema para quienes intentaban utilizar dosis eficaces antes de una competencia.
Las cápsulas buscan evitar la reacción dentro del estómago
La industria desarrolló sistemas de administración destinados a disminuir esos efectos. La empresa sueca Maurten encapsula el bicarbonato en unidades gastrorresistentes que permanecen dentro de un hidrogel. Según Andy Sparks, director de investigación e innovación de la compañía, el formato permite que el compuesto atraviese el estómago sin reaccionar allí y llegue al intestino.
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El mecanismo está relacionado con la regulación del pH. Durante un ejercicio exigente, el cuerpo utiliza carbohidratos a gran velocidad. En ese proceso aumenta la concentración de iones de hidrógeno, cae el pH y aparece la acidosis, un fenómeno que dificulta la contracción muscular y se asocia con la sensación de ardor.
El bicarbonato de sodio funciona como un amortiguador de la acidez porque es una sustancia alcalina. Al elevar el pH de la sangre, puede ayudar a que el músculo mantenga durante más tiempo condiciones favorables para producir fuerza.
El fisiólogo del ejercicio Michael Lindinger, editor del European Journal of Applied Physiology, aclaró que el lactato no debe confundirse con la causa directa de la fatiga. “No existe ninguna prueba de que el lactato por sí solo cause fatiga”, señaló. Por el contrario, describió esa sustancia como un combustible para las células.
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El mayor beneficio aparece en esfuerzos cortos e intermitentes
Para Simeon Cairns, profesor de la Universidad Tecnológica de Auckland y especialista en fatiga muscular, el bicarbonato puede ayudar cuando los músculos atraviesan momentos de alta intensidad. Ese perfil encaja con pruebas de velocidad, intervalos y deportes con aceleraciones frecuentes, como fútbol, básquetbol y hockey.
Lindinger ubicó el mayor potencial en las distancias inferiores a una milla, con especial énfasis en las carreras de 50, 100, 200 y 400 metros. En esas pruebas, la acumulación de acidez es más marcada y la capacidad de sostener la potencia durante segundos puede decidir un resultado.
También hay estudios que sugieren un efecto sobre la percepción del dolor y del esfuerzo. González-Lomas sostuvo que una menor sensación de malestar puede facilitar que un atleta mantenga la intensidad. Ensayos de Maurten con corredores y ciclistas mostraron mayor potencia en el grupo que tomó su producto, aun con valores similares de consumo de oxígeno, frecuencia cardíaca y cadencia frente al placebo.
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Los especialistas dudan de su impacto en el maratón
La aplicación en carreras de larga distancia genera más discusión. Cairns y Lindinger consideran improbable que el bicarbonato produzca una ventaja amplia durante un maratón, donde la acidosis grave no suele ser el factor dominante. Sí podría ofrecer una ayuda limitada en subidas, cambios de ritmo o el esprint final.
Los deportistas entrenados parecen obtener mejores resultados con el suplemento, según una revisión reciente sobre ciclismo de resistencia de alta intensidad. La explicación apunta a una mayor eficiencia metabólica en quienes ya cuentan con una base física sólida.
Cairns planteó una mirada distinta: los atletas de élite disponen de mecanismos musculares muy desarrollados para neutralizar la acidez, por lo que el margen adicional podría ser pequeño. En corredores recreativos con entrenamiento moderado, en cambio, el compuesto podría permitir tolerar algo más de intensidad en sesiones puntuales.
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Los especialistas coinciden en una recomendación: el bicarbonato no reemplaza un plan de entrenamiento, una alimentación suficiente ni una estrategia de hidratación. Quienes decidan probarlo deberían hacerlo durante entrenamientos y no estrenarlo el día de una carrera, incluso con fórmulas diseñadas para reducir las molestias gastrointestinales.
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