Las mujeres jóvenes con enfermedades cardíacas registran una incidencia creciente y un aumento de factores de riesgo que antes se asociaban exclusivamente con edades avanzadas. Según los últimos datos emitidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), divulgados en 2025, las enfermedades cardiovasculares causaron 19,8 millones de muertes en todo el mundo en 2022 y representan el 35% de todas las muertes femeninas a nivel global.
En ese sentido, un análisis basado en el estudio Global Burden of Disease 2021 documentó que los casos incidentes en mujeres en edad reproductiva pasaron de 2,77 millones en 1990 a 4,49 millones en 2021. Durante años persistió la idea de que los problemas cardiovasculares eran un asunto predominantemente masculino o de mujeres mayores, lo que retrasó el diagnóstico y la percepción del riesgo en pacientes más jóvenes. En ese marco, cobraron mayor relevancia la hipertensión, la diabetes, el colesterol alto, la obesidad, la inflamación crónica y el estrés.
Un estudio publicado en JAMA en 2023 documentó que la prevalencia de diabetes y obesidad aumentó de forma sostenida entre adultos de 20 a 44 años en Estados Unidos entre 2009 y 2020. Una tendencia que se consolidó y acentuó según los datos emitidos en febrero de 2026, cuando la Asociación Americana del Corazón (AHA) publicó en Circulation una declaración científica que proyecta que, de mantenerse las tendencias actuales, casi un tercio de las mujeres de entre 20 y 44 años tendrá alguna forma de enfermedad cardiovascular en 2050, frente a menos de una cuarta parte en la actualidad.
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La misma proyección de la AHA estima que, para 2050, el 59% de las mujeres adultas en Estados Unidos tendrá hipertensión —frente al 49% actual—, más del 25% tendrá diabetes —frente al 15% actual— y más del 61% tendrá obesidad. En mujeres de 20 a 44 años, la diabetes prácticamente se duplicaría: del 6% al 16%. La prevalencia total de enfermedad cardiovascular en mujeres escalaría del 10,7% al 14,4%, con un aumento del 62,8% en los casos de accidente cerebrovascular.
Un riesgo que ya no se limita a edades mayores
A nivel mundial, la incidencia de cardiopatía isquémica en mujeres jóvenes de entre 15 y 39 años alcanzó 29,24 casos por cada 100.000 personas en 2021 —con un aumento sostenido del 0,25% anual desde 1990 en 204 países—, según un estudio basado en el Global Burden of Disease. La tendencia se replica en contextos específicos: en Estados Unidos, la proporción de infartos agudos de miocardio (obstrucción de una arteria que interrumpe el suministro de sangre al músculo cardíaco) atribuibles a pacientes jóvenes de entre 35 y 54 años creció del 27% al 32% en las últimas dos décadas, y el aumento más pronunciado se registró en mujeres: del 21% al 31%, según un informe del Comité de Enfermedades Cardiovasculares en Mujeres del American College of Cardiology.
Un estudio publicado en el Journal of the American Heart Association en febrero de 2026 —sobre casi un millón de hospitalizaciones entre 2011 y 2022— confirmó que la mortalidad intrahospitalaria por infarto grave aumentó un 1,2% en adultos menores de 55 años y que las mujeres jóvenes murieron en mayor proporción que los hombres de la misma edad: 3,1% frente a 2,6% en los casos más severos. Además, recibieron menos intervenciones cardiovasculares para identificar y tratar la causa del evento.
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Entre los factores que concentran mayor atención aparecen la presión arterial alta, la diabetes tipo 2, el colesterol elevado y el exceso de peso. La hipertensión —elevación sostenida de la fuerza con la que la sangre circula por las arterias— puede dañar los vasos sanguíneos de forma progresiva y aumentar la probabilidad de infarto, accidente cerebrovascular y otras complicaciones del sistema circulatorio.
El aumento de trastornos metabólicos —alteraciones en el modo en que el organismo procesa y utiliza la energía— en edades tempranas amplió y adelantó el perfil de riesgo cardiovascular en mujeres. Un análisis publicado en Journal of Cardiovascular Development and Disease en 2025 señaló que la proporción de infartos en menores de 50 años crece de forma sostenida y que las mujeres jóvenes presentan peores resultados clínicos que sus pares masculinos: tiempos más largos entre el inicio de los síntomas y la atención médica, menor acceso a intervenciones coronarias y mayor mortalidad hospitalaria.
El peso de factores específicos en la salud femenina
El riesgo cardiovascular femenino incluye elementos propios de la historia reproductiva. Complicaciones como la preeclampsia, la diabetes gestacional o la hipertensión durante el embarazo se consideran hoy datos relevantes al momento de evaluar la salud futura del corazón. La preeclampsia es un trastorno que puede aparecer durante la gestación y que combina presión arterial elevada con otros signos de afectación orgánica.
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Una revisión publicada en Circulation: Cardiovascular Quality and Outcomes, con más de 6,4 millones de mujeres incluidas en 22 estudios, determinó que quienes tuvieron preeclampsia presentan un riesgo cuatro veces mayor de desarrollar insuficiencia cardíaca en el futuro y el doble de probabilidades de sufrir enfermedad coronaria o accidente cerebrovascular. La AHA incorporó la preeclampsia como factor de riesgo cardiovascular oficial en sus guías de prevención, con recomendación de seguimiento posterior para todas las mujeres con ese antecedente.
En mujeres, algunas molestias pueden expresarse con dolor en el pecho, pero también con falta de aire, cansancio inusual, náuseas, presión en la parte superior del cuerpo o malestar difícil de identificar. Esa variabilidad no implica que el cuadro sea menor. El estudio de JAHA de febrero de 2026 determinó que los factores de riesgo no tradicionales —bajos ingresos, enfermedad renal, consumo de sustancias— estuvieron más presentes en las mujeres jóvenes hospitalizadas por infarto que en sus pares masculinos, y que ese perfil se asoció con mayor mortalidad que los factores de riesgo clásicos como la hipertensión o el colesterol elevado.
Síntomas poco conocidos de infarto en mujeres, según Mayo Clinic
- Falta de aire sin esfuerzo previo
- Cansancio inusual o repentino
- Náuseas o malestar estomacal
- Dolor o presión en la mandíbula, el cuello o la espalda
- Malestar en el brazo izquierdo o en ambos brazos
- Sudoración fría sin causa aparente
- Presión o pesadez en el pecho que aparece y desaparece
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