El interés por el azafrán como suplemento para la salud mental creció en los últimos años a partir de estudios clínicos pequeños que evaluaron su uso en cuadros leves a moderados de depresión y ansiedad. Aunque, los organismos especializados advierten que la evidencia todavía resulta limitada y no reemplaza los tratamientos médicos establecidos.
Qué es el azafrán y por qué se estudia
El azafrán proviene de los estigmas secos de la flor Crocus sativus y desde hace siglos forma parte de la alimentación en regiones de Medio Oriente, el área mediterránea y el sur de Asia. En la actualidad, su uso como suplemento alimentario atrajo la atención de investigadores por la presencia de compuestos como crocina, crocetina y safranal, asociados en la literatura científica con actividad antioxidante y antiinflamatoria.
Un artículo reciente de Women’s Health señaló que varios ensayos analizaron si los extractos estandarizados de azafrán podían influir sobre síntomas vinculados con el estado de ánimo. Ese interés coincide con una línea de investigación más amplia sobre suplementos dietarios y salud mental. Corresponde a un terreno en el que los especialistas piden cautela por la calidad dispar de los productos y por la necesidad de contar con estudios más extensos.
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Qué dice la evidencia sobre depresión y ansiedad
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la depresión como un trastorno mental frecuente que altera el ánimo, el interés por las actividades cotidianas y el funcionamiento general. La OMS indicó que se trata de una afección distinta de las variaciones habituales del estado de ánimo y subrayó que puede requerir psicoterapia, medicación o ambas, según la gravedad de cada caso.
En ese marco, la discusión sobre el azafrán se ubica en el terreno de los tratamientos complementarios y no de las terapias de primera línea, de acuerdo con la información reunida por la OMS y por estudios citados en la base de datos de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.
De acuerdo con una revisión sistemática publicada en 2025 y disponible a través de Taylor & Francis, 34 ensayos clínicos aleatorizados con 1.769 participantes hallaron que la suplementación con azafrán se asoció con una reducción de síntomas de depresión y ansiedad. Medidos con escalas de autorreporte, aunque no mostró efectos significativos en todos los instrumentos clínicos evaluados. Los autores calificaron la certeza de la evidencia como moderada y reclamaron estudios de mayor calidad metodológica.
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También la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos recopiló trabajos que describieron una mejoría superior al placebo en depresión leve a moderada y resultados de corto plazo comparables con algunos antidepresivos en estudios pequeños.
Women’s Health retomó esa línea y precisó que varios ensayos utilizaron dosis de 28 a 30 miligramos diarios de extracto estandarizado. Aun así, la propia literatura revisada por esa base científica remarcó límites persistentes, entre ellos muestras reducidas, seguimiento breve y escasa estandarización entre preparaciones.
Lo que advierten los organismos especializados
La Oficina de Suplementos Dietarios de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) sostiene que los suplementos pueden aportar compuestos bioactivos, pero aclara que su seguridad y eficacia dependen del producto, dosis, fabricante y condiciones de salud de cada persona.
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En línea con esa postura, el Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa (NCCIH) remarca que los enfoques complementarios no deben sustituir la atención médica convencional en trastornos mentales.
Ese punto también apareció en Women’s Health, que citó a especialistas en psiquiatría para diferenciar al azafrán de los antidepresivos aprobados por agencias regulatorias. La razón principal es que esos medicamentos cuentan con ensayos amplios, guías de dosificación y datos de seguridad a largo plazo, mientras que la investigación sobre este suplemento todavía se apoya en trabajos breves y de menor escala.
Dosis estudiadas y posibles riesgos
La mayor parte de los estudios clínicos sobre suplementos de azafrán evaluó dosis cercanas a 30 miligramos por día, repartidas en dos tomas. Esa cantidad no equivale al uso culinario habitual de la especia, que suele ser mucho menor. Se indicó que la investigación se concentró en extractos estandarizados y no en la incorporación del ingrediente a las comidas.
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Sobre seguridad, la evidencia consultada por la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos describió un perfil de tolerancia aceptable en el corto plazo, con efectos adversos que incluyeron malestar gastrointestinal, dolor de cabeza, mareos o boca seca.
Los estudios y revisiones también aconsejaron precaución en embarazo y lactancia, así como en personas que reciben anticoagulantes, antihipertensivos u otros fármacos con posible interacción.
La discusión científica sobre el azafrán, por lo tanto, permanece abierta. Los datos disponibles permiten ubicarlo como una opción complementaria bajo supervisión profesional en algunos cuadros leves. Mientras los organismos sanitarios y la literatura académica insisten en la misma necesidad: más ensayos grandes, más seguimiento y productos mejor estandarizados.
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