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Várices: qué hábitos ayudan a prevenirlas y aliviar sus molestias

Una especialista reunió una serie de pautas sobre alimentación, movimiento, calor y actividad física que pueden contribuir a mejorar la circulación y reducir la pesadez en las piernas

Las várices y la sensación de pesadez en las piernas se vinculan con dificultades en el retorno venoso y suelen agravarse con el calor y la falta de movimiento (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las várices y la sensación de pesadez en las piernas forman parte de una molestia frecuente que suele ganar visibilidad en jornadas extensas en la misma posición o rutinas con poco movimiento. Aunque muchas veces se las asocia solo con una cuestión estética, el cuadro aparece vinculado a dificultades en el retorno de la sangre hacia el corazón y puede expresarse también con cansancio o incomodidad en la vida diaria.

La prevención suele centrarse menos en soluciones aisladas y más en hábitos sostenidos. La alimentación, la movilidad cotidiana, la exposición al calor y el tipo de ejercicio pueden incidir en la circulación venosa, sobre todo en personas con factores que agravan esa condición, como el sobrepeso o el estreñimiento.

De acuerdo con Aurora Casanova, especialista en deporte con formación en salud y bienestar y diplomada en nutrición deportiva, en Sport Life, esos elementos integran el conjunto de medidas prácticas que ayudan a prevenir y aliviar las várices.

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La prevención de las várices se apoya en hábitos sostenidos que incluyen alimentación, movilidad cotidiana, control del calor y ejercicio físico (Imagen Ilustrativa Infobae)

El punto central no pasa por una fórmula única, sino por reducir aquello que dificulta el retorno venoso y reforzar conductas que favorecen la circulación. En esa línea, Casanova organiza una serie de recomendaciones concretas que apuntan a aliviar las molestias más habituales de la insuficiencia venosa crónica.

Alimentación, peso corporal y tránsito intestinal

Según explicó la especialista, la insuficiencia venosa crónica consiste en una incapacidad de las venas para devolver la sangre al corazón de manera adecuada. Desde esa perspectiva, remarca que tanto el sobrepeso como el estreñimiento pueden afectar la circulación, ya que agregan una carga extra sobre un sistema que ya presenta dificultades para funcionar con normalidad.

A partir de esa relación, la especialista señala que una de las medidas preventivas consiste en sostener una dieta rica en fibra, frutas, verduras y cereales. La fibra contribuye al tránsito intestinal, lo que puede ayudar a disminuir uno de los factores mencionados en la nota. Al mismo tiempo, una alimentación de ese tipo se vincula con el control del peso corporal, otro de los puntos que la autora identifica como relevantes para reducir molestias asociadas a las várices.

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Una dieta rica en fibra, frutas, verduras y cereales puede favorecer el tránsito intestinal y ayudar al control del peso corporal en casos de várices (Imagen Ilustrativa Infobae)

El enfoque no presenta esa pauta como una solución definitiva ni como una respuesta universal para todos los casos. Lo que plantea Casanova es que se trata de una estrategia de cuidado orientada a acompañar la circulación y a limitar condiciones que pueden empeorar la sensación de pesadez y cansancio en las piernas.

Movimiento frecuente y pausas para activar la circulación

Otro de los ejes que desarrolla es la necesidad de evitar períodos prolongados de inmovilidad. La especialista advierte que no conviene permanecer quieto durante mucho tiempo, tanto de pie como sentado, porque esa falta de movimiento dificulta el retorno venoso.

En términos prácticos, la recomendación consiste en incorporar pausas a lo largo de la jornada. La autora indica que, si el trabajo obliga a pasar muchas horas en una misma posición, conviene levantarse y caminar aunque sea unos pocos pasos. En los viajes largos, añade, también resulta útil mantener las piernas y los pies en movimiento para activar la circulación.

Evitar períodos prolongados sentado o de pie y hacer pausas para caminar ayuda a activar la circulación y a mejorar el retorno venoso (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ese consejo apunta a una lógica simple: el desplazamiento corporal favorece la función de bombeo muscular que ayuda a que la sangre ascienda desde las piernas. Aunque la nota no profundiza en una explicación clínica extensa, esa referencia permite entender por qué el sedentarismo o la quietud sostenida suelen figurar entre los factores que agravan el malestar venoso.

La autora ubica este punto entre las medidas más concretas para el alivio cotidiano, porque no depende de equipamiento ni de cambios complejos en la rutina. La clave, según la especialista, está en interrumpir la inmovilidad de manera regular y no dejar que esa condición se prolongue durante horas.

Calor, ropa ajustada y elección del ejercicio

De acuerdo con Casanova, el calor también influye en la aparición o el empeoramiento de las várices. Por eso, la autora aconseja priorizar la ducha por sobre el baño y evitar temperaturas elevadas. Precisa además que el agua no debería superar los 38°C, y recomienda finalizar con agua fría sobre los gemelos en sentido ascendente.

El calor, las saunas, la depilación con cera caliente y la exposición al sol favorecen la dilatación venosa y la aparición de várices (Imagen Ilustrativa Infobae)

La lógica de esa indicación aparece ligada a la respuesta de las venas frente al calor. La especialista advierte que los ambientes demasiado calurosos y las fuentes de calor intenso, como saunas, depilación con ceras calientes o la exposición al sol, estimulan la dilatación venosa y favorecen la aparición de várices. En ese mismo sentido, también desaconseja la ropa ceñida, porque puede dificultar el retorno venoso.

La nota suma otro aspecto: el ejercicio físico es clave para prevenir la aparición de várices, aunque hace una distinción cuando esas venas ya están dilatadas. En esos casos, indica Aurora Casanova, conviene inclinarse por actividades de bajo impacto, como la natación o la bicicleta, en lugar de opciones de impacto como el running, que pueden generar molestias.

Ese matiz resulta central porque desplaza la idea de que toda actividad física produce el mismo efecto. La autora no plantea dejar de hacer ejercicio, sino seleccionar modalidades más adecuadas para un cuadro en el que ya existe malestar venoso. Así, el abordaje propuesto combina movimiento, control de la exposición al calor y ajustes en hábitos cotidianos con el objetivo de aliviar una molestia frecuente y de sostener mejores condiciones para la circulación.