Lipedema o linfedema: qué son, cuáles son sus síntomas y cómo diferenciarlas

Ambos trastornos afectan principalmente a mujeres, generan hinchazón en las extremidades y suelen diagnosticarse tarde, pero uno se origina en una alteración de la grasa y el otro en una disfunción del sistema linfático

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El lipedema y el linfedema se diferencian por su origen, ya que el primero altera la distribución de grasa y el segundo deriva de un fallo del sistema linfático con retención de líquido (Imagen Ilustrativa Infobae)

El lipedema y el linfedema suelen confundirse, pero difieren en su origen: el primero es un trastorno crónico de la distribución de grasa y el segundo se origina por un mal funcionamiento del sistema linfático que provoca retención de líquido.

Según el análisis publicado por Sport Life, ambas enfermedades afectan principalmente a mujeres y suelen pasar desapercibidas o ser mal diagnosticadas, y en España el retraso en el diagnóstico afecta especialmente a las mujeres.

Esta diferenciación coincide con los criterios clínicos publicados en el Cleveland Clinic Journal of Medicine, donde se detalla que el lipedema se distingue por una acumulación excesiva y simétrica de grasa en las extremidades, mientras que el linfedema implica una acumulación de líquido linfático en los tejidos.

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Aunque ambos trastornos repercuten en el sistema linfático y los tejidos subcutáneos, este análisis médico resalta que difieren profundamente en sus causas, presentación clínica y abordaje terapéutico.

El lipedema se asocia a factores hormonales y genéticos, y suele aparecer en etapas como la pubertad, el embarazo o la menopausia (Imagen ilustrativa Infobae)

Causas y factores de riesgo de cada condición

El lipedema tiene un origen crónico y se relaciona principalmente con factores hormonales y genéticos. Esta acumulación anormal de grasa afecta sobre todo a las mujeres y su aparición se asocia comúnmente a fases de cambios hormonales como la pubertad, el embarazo o la menopausia. Aunque la causa exacta no se conoce, estos factores parecen ser determinantes para el desarrollo del lipedema.

Por el contrario, el linfedema se produce a raíz de un mal funcionamiento del sistema linfático, generando acumulación de líquido en los tejidos. Puede ser primario, cuando es de origen congénito o hereditario, o secundario, provocado por daño o extirpación de ganglios linfáticos, por ejemplo, tras cirugías o radioterapia para el cáncer. Esta condición puede afectar cualquier parte del cuerpo, aunque suele presentarse en las extremidades.

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Distribución y patrón de la hinchazón

Una de las diferencias entre ambas enfermedades radica en la distribución de la hinchazón. En el caso del lipedema, la hinchazón es simétrica y afecta ambas piernas o brazos de manera igual, sin comprometer manos ni pies. Esto genera una especie de “banda” o “puño” visible donde la hinchazón se detiene. Además, la grasa afectada suele ser dolorosa y sensible al tacto, y es frecuente la aparición de moretones.

La hinchazón del lipedema suele ser simétrica en piernas o brazos y no compromete manos ni pies, a diferencia del patrón del linfedema (Imagen Ilustrativa Infobae)

En el linfedema, la hinchazón puede ser asimétrica y abarcar una sola extremidad o parte del cuerpo. Puede incluir pies y manos, ocasionando una hinchazón más extensa y difusa. En fases avanzadas, la piel sobre el área afectada puede endurecerse y volverse fibrosa, lo que complica aún más el cuadro clínico.

Sensibilidad, dolor y síntomas asociados

El lipedema se caracteriza por una marcada sensibilidad y dolor en las zonas afectadas. Las personas con esta condición suelen presentar facilidad para desarrollar moretones, debido a la fragilidad de los vasos capilares. El dolor es un síntoma constante y puede dificultar actividades cotidianas.

En el caso del linfedema, los síntomas incluyen sensación de pesadez y tensión en la extremidad afectada, aunque generalmente no es doloroso al tacto en las etapas iniciales. A medida que la enfermedad progresa, pueden aparecer molestias o dolor, especialmente si se producen infecciones recurrentes como la celulitis.

Tratamientos recomendados para cada enfermedad

El tratamiento del lipedema está enfocado en el manejo de los síntomas. Se recomienda el uso de prendas de compresión, ejercicio suave y, en algunos casos, liposucción especializada para eliminar la grasa anormal. Intervenciones no quirúrgicas como el drenaje linfático manual pueden brindar alivio, aunque no eliminan la causa principal de la afección.

El lipedema provoca dolor, sensibilidad al tacto y aparición frecuente de moretones por la fragilidad de los vasos capilares (Freepik)

Para el linfedema, la terapia descongestiva compleja (TDC) es el pilar del tratamiento. Incluye drenaje linfático manual, vendajes de compresión, ejercicios específicos y cuidados de la piel. En situaciones graves, se pueden contemplar intervenciones quirúrgicas como la derivación linfovenosa o el trasplante de ganglios linfáticos, siempre bajo supervisión médica.

Pronóstico y posibles complicaciones

El lipedema es una condición progresiva que tiende a empeorar si no se gestiona adecuadamente. Entre las complicaciones posibles se encuentra el desarrollo de linfedema secundario, también denominado lipo-linfedema.

El linfedema, por su parte, puede controlarse eficazmente si se detecta en etapas tempranas, pero es una enfermedad crónica y progresiva. Sin el tratamiento adecuado, puede conducir a complicaciones graves, entre ellas infecciones recurrentes —como la celulitis— y fibrosis de los tejidos, lo que impacta negativamente la movilidad y el bienestar general.

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