El Día Mundial del Cáncer de Colon invita a reflexionar sobre uno de los desafíos sanitarios más relevantes de la actualidad: el aumento de diagnósticos de cáncer colorrectal en adultos jóvenes y la influencia de la alimentación en el desarrollo de esta enfermedad.
Con aproximadamente 2 millones de nuevos casos y cerca de 900.000 muertes cada año a nivel global, el cáncer de colon se consolida como la segunda causa de muerte por cáncer a nivel mundial.
En los últimos años, la evidencia científica identificó a los alimentos ultraprocesados —refrescos azucarados, carnes procesadas, pan industrial, snacks y cereales azucarados— como uno de los principales factores que elevan el riesgo de desarrollar cáncer de colon, incluso en personas menores de 50 años.
El gastroenterólogo Andrew Chan, del Mass General Brigham en Boston, encabezó una investigación publicada en la revista JAMA Oncology que mostró que las mujeres jóvenes que consumen más de diez porciones diarias de ultraprocesados presentan un 45% más de probabilidad de desarrollar pólipos precancerosos en el colon, en comparación con quienes ingieren solo tres porciones al día.
Este tipo de pólipo, denominado adenoma convencional, no garantiza la aparición de cáncer, pero incrementa notablemente el riesgo.
Qué alimentos aumentan el riesgo de cáncer de colon
La preocupación por el vínculo entre dieta y cáncer de colon se intensificó ante el crecimiento de los diagnósticos en adultos menores de 50 años. Un extenso estudio internacional, publicado en The Lancet Oncology, analizó datos de 50 países entre 1943 y 2017, y reveló que la incidencia en adultos de 25 a 49 años está en aumento en 27 naciones, con tasas de hasta 17 casos por cada 100.000 habitantes en regiones como Nueva Zelanda, Chile y Australia.
Según la profesora Devi Sridhar, experta en salud pública de la Universidad de Edimburgo, el impacto de los ultraprocesados podría ser comparable al que tuvo el tabaco el siglo pasado, ya que en algunos países superan el 50% del consumo diario.
Entre los alimentos identificados como de mayor riesgo se encuentran las carnes procesadas (embutidos, salchichas), bebidas azucaradas o edulcoradas artificialmente, panes industriales, cereales refinados, salsas y condimentos envasados, así como snacks y dulces industriales.
El doctor Luis Caro, presidente de la Fundación Gedyt y referente de la Asociación Mundial de Endoscopía (WEO), explicó en una nota a Infobae que este tipo de productos concentran aditivos, azúcares refinados y grasas saturadas, y presentan una ausencia notoria de fibra y fitoquímicos, lo que debilita la fisiología protectora del intestino.
Diversas investigaciones, como la publicada en 2022 en el British Medical Journal, confirmaron que quienes consumen más ultraprocesados presentan un 29% más de riesgo de desarrollar cáncer colorrectal, incluso después de ajustar por peso y calidad nutricional. Los mecanismos biológicos propuestos incluyen el aumento de la inflamación intestinal, la alteración de la microbiota y el favorecimiento de la obesidad y la diabetes tipo 2, ambas asociadas al cáncer colorrectal de inicio temprano.
La doctora Y. Nancy You, cirujana colorrectal del Centro Oncológico MD Anderson de la Universidad de Texas, indicó que aunque los estudios recientes aportan contexto valioso, aún no demuestran causalidad directa; sin embargo, la tendencia es clara y coincide con investigaciones en adultos de todas las edades.
Alimentos y hábitos que ayudan a reducir el riesgo de cáncer de colon
Frente a este escenario, las instituciones sanitarias recomiendan incrementar el consumo de frutas, verduras, legumbres y cereales integrales.
El Hospital Británico de Buenos Aires y la Asociación Española contra el Cáncer coinciden en que una alimentación basada en la dieta mediterránea, rica en fibra y baja en carnes procesadas, constituye una estrategia efectiva para reducir el riesgo.
El Estudio EPIC (European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition), realizado en diez países europeos, demostró que el consumo regular de fibras, frutas y verduras es un factor protector relevante.
Entre los alimentos protectores destacan las verduras sin almidón (zanahorias, brócoli, lechuga, judías verdes, calabaza, alcachofas), frutas con alto contenido de vitamina C (naranjas, kiwis, fresas) y aquellos ricos en vitamina D (pescados azules como sardinas y pez espada). Las legumbres —lentejas, garbanzos— y los frutos secos —nueces, pistachos— también aportan fibra favorable.
El doctor Diego Kaen, director de Investigación del Centro Oncológico Riojano Integral y expresidente de la Asociación Argentina de Oncología Clínica (AAOC), señaló a este medio que la prevención incluye, además de la alimentación, la actividad física regular, evitar el tabaco y el alcohol, y mantener un peso saludable.
“La mala alimentación, el exceso de ultraprocesados y azúcar, el sedentarismo, el tabaco, el alcohol y la obesidad son factores predisponentes”, detalló Kaen.
Factores de riesgo adicionales y recomendaciones para la prevención
Si bien la genética y los antecedentes familiares influyen, la mayor parte de los diagnósticos en menores de 50 años ocurre en personas sin predisposición hereditaria, lo que resalta la importancia de los factores ambientales y de estilo de vida. El especialista Horacio Rubio, expresidente de la Sociedad Interamericana de Endoscopía, remarcó que “una vida sana, con mayor consumo de productos naturales y vegetales, y menor ingesta de ultraprocesados, azúcares y carnes procesadas, reduce el riesgo de desarrollar neoplasias”.
Entre los factores de riesgo adicionales se encuentran el sedentarismo, la obesidad, la inflamación intestinal crónica, el uso prolongado de antibióticos en edades tempranas y la exposición a microplásticos y sustancias químicas industriales. El desequilibrio de la microbiota intestinal, favorecido por la dieta deficiente, potencia la inflamación persistente y debilita la capacidad inmunológica frente a tumores, según estudios del Instituto Oncológico de Tampa y la Universidad del Sur de Florida.
La prevención y la detección precoz son fundamentales. Las estrategias más recomendadas —colonoscopía cada diez años o test inmunoquímico fecal anual a partir de los 45 años para riesgo promedio— permiten identificar pólipos precancerosos y disminuir la mortalidad. El doctor Ignacio Zubiaurre, jefe de Gastroenterología del Hospital Británico, subrayó que la colonoscopía “no solo permite diagnosticar en etapas tempranas, sino también prevenir la enfermedad al remover pólipos”.
Contexto global y regional: cómo evoluciona la incidencia del cáncer de colon
El aumento sostenido del cáncer de colon en adultos jóvenes es un fenómeno global. El estudio publicado en The Lancet Oncology mostró que, mientras la incidencia en mayores de 60 años tiende a estabilizarse o disminuir, los menores de 50 presentan crecimientos anuales de hasta un 4% en algunos países. En Argentina, la tasa alcanza 11,6 casos cada 100.000 personas, con una tendencia ascendente.
El 75% de los diagnósticos en jóvenes no tiene antecedentes familiares, lo que enfatiza el papel de la alimentación, el entorno y los hábitos de vida. El riesgo relacionado con los ultraprocesados se detecta incluso en personas de peso normal y vida activa, lo que exige repensar la composición y calidad de los alimentos industrializados.
La evidencia actual es contundente: modificar la dieta, incorporar más fibra y productos frescos, limitar los ultraprocesados y adoptar un estilo de vida activo puede reducir significativamente el riesgo de cáncer colorrectal. La detección temprana y el control regular continúan siendo las herramientas más eficaces para enfrentar una enfermedad que, diagnosticada en estadios iniciales, tiene tasas de curación superiores al 90%.