Mientras el celular se consolida como un compañero inseparable en la vida diaria, su presencia en la rutina nocturna despierta cada vez más interrogantes. Revisar el dispositivo antes de dormir, o incluso dejarlo encendido junto a la almohada, es una costumbre instalada tanto en adultos como en adolescentes y niños.
Sin embargo, científicos y organismos especializados advierten sobre los efectos que esta práctica puede tener en la calidad y cantidad del sueño, con riesgos que superan ampliamente el mito de la radiación.
Cómo afecta el móvil a la calidad del sueño
Diversos estudios han demostrado que dormir con el móvil cerca deteriora la calidad del descanso. Las dos causas principales identificadas por la investigación científica son la exposición a la luz azul de las pantallas y la activación mental generada por el uso del dispositivo y las notificaciones.
Los teléfonos inteligentes han transformado los hábitos nocturnos en todo el mundo, y hoy el tiempo frente a la pantalla antes de acostarse se percibe como un momento de relajación. Sin embargo, la evidencia científica vincula este comportamiento con dificultades para conciliar el sueño, despertares nocturnos y una sensación de descanso insuficiente al día siguiente.
La literatura científica es contundente: el uso del teléfono móvil en la hora previa a dormir puede aumentar hasta un 228% el riesgo de experimentar mala calidad de sueño. El motivo principal es que la luz azul emitida por las pantallas LED interfiere en la producción de melatonina, la hormona que regula el ciclo sueño-vigilia. Esta alteración retrasa la aparición del sueño y fragmenta sus fases naturales.
Además, responder mensajes, ver videos o interactuar en redes sociales estimula el cerebro y lo mantiene alerta, lo que dificulta alcanzar un sueño profundo y reparador.
Otros dispositivos electrónicos y el entorno de descanso
El problema no se limita al móvil. Dormir en un ambiente donde hay otros dispositivos electrónicos encendidos, como tablets, también se asocia a una reducción de la calidad del sueño y a cambios en la variabilidad de la frecuencia cardíaca. La presencia de estos aparatos puede alterar el ambiente de descanso, sumando fuentes de luz y estímulos que afectan los ritmos biológicos.
La preocupación por la posible influencia de la radiación electromagnética que emiten los teléfonos móviles está muy extendida. Sin embargo, organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia Australiana de Protección contra la Radiación y Seguridad Nuclear (ARPANSA) y el Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS) coinciden en que no existen pruebas suficientes para vincular los campos electromagnéticos de bajo nivel con daños a la salud en el hogar.
Los expertos subrayan que el verdadero riesgo para el sueño no proviene de la radiación, sino del uso del dispositivo y la exposición a las pantallas.
Factores genéticos y sensibilidad individual
Avances recientes en la investigación sugieren que la susceptibilidad a los efectos negativos de la exposición nocturna a dispositivos electrónicos podría depender de la genética.
Un estudio sobre ondas 5G y frecuencias similares a las del Wi-Fi detectó que personas con variantes específicas del gen CACNA1C presentan mayor sensibilidad a alteraciones en los husos de sueño, una fase crucial para la consolidación del descanso.
Si bien la mayoría de la población no enfrenta riesgos significativos más allá del uso del móvil, existe un subgrupo que podría experimentar mayor impacto en la calidad del sueño debido a predisposiciones genéticas.
Para proteger la calidad del sueño, los especialistas recomiendan evitar el uso del teléfono móvil en la hora previa a dormir.
Activar el modo nocturno o filtros de luz azul puede ayudar a reducir el impacto visual de la pantalla, mientras que silenciar las notificaciones con el modo “no molestar” disminuye las interrupciones. No se aconseja dejar el móvil debajo de la almohada ni cargarlo junto a la cama: ubicarlo lejos reduce la tentación de revisarlo y favorece una mejor higiene del sueño.
Cada persona puede responder de manera diferente a la presencia de dispositivos electrónicos durante la noche. Observar las propias señales, ajustar los hábitos y priorizar el bienestar son pasos clave para un descanso más saludable.