Más de 359 millones de personas en el mundo convivían con ansiedad en 2021, cifra equivalente al 4,4% de la población global, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este trastorno incide en la salud mental y física, pero suele pasar inadvertido porque sus síntomas se confunden con afecciones médicas.
Especialistas coinciden en que existen múltiples indicadores físicos, emocionales y conductuales que alertan sobre la ansiedad. Además, sugieren estrategias para su detección y el acceso temprano a intervenciones adecuadas.
La ansiedad es una reacción física y emocional ante situaciones percibidas como amenazantes, incluso en ausencia de un peligro real. El NIMH y la OMS explican que, mientras el estrés responde a causas externas y suele ser temporal, la ansiedad puede aparecer y persistir sin un motivo claro.
Esto afecta, en algunos casos, funciones corporales como el sueño, la digestión y el sistema inmune. A diferencia del estrés cotidiano, la ansiedad puede surgir aunque no exista un evento desencadenante específico.
Factores de riesgo y prevalencia
La prevalencia de los trastornos de ansiedad es mayor en mujeres que en hombres y, según la OMS y la Mayo Clinic, puede presentarse desde la infancia o adolescencia y mantenerse hasta la adultez.
El riesgo aumenta tras experiencias traumáticas, exposición a presión constante, antecedentes familiares o ciertas enfermedades médicas. La OMS estima que solo uno de cada cuatro afectados accede a tratamiento, debido al desconocimiento y al estigma social vinculado a estos trastornos.
Señales de la ansiedad
Entre las señales físicas más frecuentes asociadas a la ansiedad, Harvard Health Publishing y Mayo Clinic destacan dolores de cabeza, náuseas, molestias gástricas, dolor muscular y sensación de tensión. También pueden presentarse palpitaciones, dificultad para respirar, temblores y sudoración, incluso sin una causa médica identificable.
“Cuando usted está bajo estrés o ansioso, puede experimentar síntomas como dolores de cabeza, náuseas o dolor muscular, aunque no haya una causa física aparente”, señaló Harvard Health Publishing. Estos síntomas se relacionan con la activación del sistema nervioso autónomo, responsable de regular funciones vitales como la frecuencia cardíaca y la respiración.
A nivel emocional y conductual, la ansiedad provoca preocupación excesiva, miedo intenso, irritabilidad y problemas de concentración, según el NIMH, la OMS y la Mayo Clinic. Las personas pueden experimentar episodios de insomnio, cambios en el apetito y desarrollar conductas de evitación de lugares o situaciones que perciben como amenazantes, lo que afecta su vida social, familiar, escolar o laboral.
La OMS advierte que esta evitación puede deteriorar significativamente estos ámbitos, mientras que la Mayo Clinic indica que los síntomas pueden prolongarse durante meses y limitar las actividades cotidianas.
El círculo vicioso de los síntomas físicos
Harvard Health Publishing advierte sobre el “círculo vicioso” que aparece al enfocar la atención en los síntomas físicos: este fenómeno incrementa la preocupación y, con ello, la ansiedad. Así, las molestias pueden intensificarse, interfiriendo en las actividades diarias y dificultando identificar el problema como un cuadro de ansiedad y no como una dolencia física.
La ansiedad puede agravar enfermedades preexistentes, como las cardiovasculares o digestivas, y ciertos síntomas físicos pueden ser el primer indicio de un trastorno médico, según Mayo Clinic y la OMS. La preocupación persistente incide en parámetros como la presión arterial, los hábitos alimenticios y el sistema inmunológico.
Existen patologías, o algunos medicamentos, que pueden desencadenar o intensificar episodios de ansiedad. Es fundamental descartar causas médicas si los síntomas persisten o no mejoran con técnicas de relajación.
Las consecuencias de los trastornos de ansiedad superan el ámbito de la salud mental. La OMS y la Mayo Clinic advierten que aumentan el riesgo de desarrollar depresión, trastornos por consumo de sustancias, así como conductas autolesivas o pensamientos suicidas. Estas asociaciones evidencian la importancia de abordar la ansiedad desde un enfoque integral de salud.
Estrategias para identificar y tratar la ansiedad
Para identificar posibles cuadros de ansiedad, Harvard Health Publishing y el NIMH recomiendan realizar una autoevaluación para analizar si los síntomas surgen tras situaciones estresantes y si están acompañados por tensión muscular o insomnio.
Se proponen técnicas de relajación, como la respiración profunda, ejercicio físico regular y actividades distractoras, incluyendo tareas manuales o caminatas, para reducir la intensidad de los síntomas.
Si las molestias afectan la rutina o persisten, el NIMH aconseja consultar a especialistas, quienes pueden indicar tratamientos como terapias conversacionales, en especial terapia cognitivo-conductual o medicación específica bajo prescripción médica.
Reconocer los síntomas de ansiedad y actuar permite cuidar la salud y acceder a atención especializada antes de que los efectos comprometan gravemente el bienestar de las personas.