El proyecto del Gobierno sobre Malvinas llegaría al Congreso entre el miércoles y el jueves, y se verá entonces cuánto profundiza o amplía la ley original, del 2011. El trámite arrancará formalmente con el giro del texto a dos o tres comisiones y, en la previa, asoman los recelos de opositores y algunos dialoguistas sobre las atribuciones legales del anunciado Consejo de Seguridad Nacional. Se verá también si la iniciativa altera el tablero como espera Olivos. Por el momento, no modificó sustancialmente el clima de disputa y el foco sigue puesto en la prueba planteada para este miércoles en Diputados, con temario impulsado por la oposición y operaciones libertarias para voltear la convocatoria.
La sesión del miércoles no fue convocada para discutir un proyecto específico sino para impulsar el trámite de dos temas: la morosidad por endeudamiento familiar y la prórroga de la emergencia en el área de discapacidad. La intención de los promotores de esta movida es módica en términos prácticos pero fuerte como pulseada política: se trata de emplazar a las comisiones para que avancen sin vueltas con el tratamiento de iniciativas concretas en esos dos terrenos. En espejo, la reacción del oficialismo expone lo mismo sobre el significado político de la cita. Con un agregado: la competencia en el círculo de poder violeta, que remite otra vez a Malvinas.
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La movida que marcó un giro llamativo de Javier Milei en esta materia es considerada en medios oficialistas como un paso efectivo para imponer temario político –“recuperar iniciativa”, según la fórmula repetida desde los meses del caso Adorni-, lo cual tendría que tener traducción directa en el Congreso. Es decir, debería consolidar el mecanismo de alianzas con socios y dialoguistas, especialmente los alineados con gobernadores.
La jugada fue motorizada por Santiago Caputo: se le atribuye la idea y el mensaje por cadena nacional. La estructura del asesor presidencial lo vive como un enorme éxito, oxígeno para reconquistar espacio en el circuito más cerrado de Olivos. Ese capital venía sufriendo recortes a manos de Karina Milei. Y ahora, para la secretaria General y hermana del Presidente sería significativo hacer caer la sesión de Diputados impulsada por sectores de la oposición. Si lo logra, podría traducirlo como la coronación, rápida, de una ficha propia en la disputa doméstica. En eso trabajan Martín Menem, Eduardo “Lule” Menem y Diego Santilli.
Todo empezó en Diputados, hace dos semanas, con una apuesta opositora en la sesión que aprobó los proyectos de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y la segunda entrega de Inocencia Fiscal. La oposición midió en el recinto qué respaldo podría tener el impulso al tratamiento de morosidad y discapacidad. Sumó 133 votos. Por supuesto, no esperaba alcanzar la mayoría especial necesaria para avanzar con tal propuesta en ese momento. Pudo mostrar número, apretado, para intentar una sesión especial: cuatro más que el quórum.
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En estas horas, el oficialismo trabaja intensamente para restar un puñado de diputados y dejar a la cita sin los 129 necesarios para sesionar. En la oposición ven complicado el panorama, aunque destacan que al momento de votar en la sesión de hace quince días no se encontraban en el recinto cinco o seis legisladores que apoyan la movida de este miércoles. Se verá cómo juegan algunos gobernadores y sus representantes.
El oficialismo busca frustrar la convocatoria, que apunta a imponer un plenario de comisiones para resolver el tema de morosidad. Suman más de cincuenta los proyectos presentados, que en conjunto -si se pretendiera habilitar a todos- incluirían el pase a siete u ocho comisiones. Si se unifican criterios, alcanzaría con una reunión conjunta de tres: Defensa de Usuarios, Presupuesto y Hacienda y, tal vez, Finanzas. La respuesta libertaria fue hasta ahora una convocatoria parcial, para tratar de enfriar el tema o, según la mirada opositora, empantanarlo.
En paralelo -y en rigor, después- LLA se entusiasmó con el efecto que esperan para el proyecto de reforma y ampliación de la ley 26.659, impulsada por Pino Solanas y promulgada por CFK hace quince años. Se trata básicamente de sanciones para empresas que avancen con proyectos petroleros en áreas de Malvinas. El texto, esperan en el Congreso, llegaría entre el miércoles y el jueves. Faltaría ajustar algunos detalles, más allá de que se abordado este martes, en una nueva reunión de la “mesa política”. El análisis de la letra de la iniciativa definirá seguramente los apoyos y la velocidad del trámite.
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Formalmente, el proyecto debería ser girado a unas pocas comisiones: Defensa y Relaciones Exteriores, seguramente. Y tal vez, Asuntos Constitucionales, según la definición de las atribuciones que sean planteadas para el Consejo de Seguridad Nacional. En su mensaje por cadena nacional, Milei dijo que solicitará al Congreso que le otorgue a ese organismo “las facultades necesarias” para su tarea. Por ahora, resulta un interrogante el alcance de tales “facultades”.
Pero más allá del trámite específico, el Gobierno espera que el tema Malvinas opere de manera más amplia, como elemento político para afirmar sus alianzas y acotar el manejo y las chances de los espacios opositores. Por ahora, fuera de las señales de apoyo al giro presidencial en este terreno, no parece que se extienda y produzca por sí solo un alineamiento automático de todo el espectro de socios y dialoguistas.
En todo caso, la convocatoria a la sesión de mañana en Diputados es un test impulsado por la oposición, con suma inicial de algunos provinciales y también legisladores que responden a gobernadores “amigos” de la Casa Rosada. Pero asoman además pruebas con sello libertario, como la reforma electoral y, en particular, la eliminación de las PASO. Un temario amplio e intenso.
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