Los precios de noviembre anotaron una suba de 2,5%, la inflación acumula así 45,4% en lo que va del año y todo indica que el 2021 cerrará en torno de los 50 puntos. Los números del IPC elaborado por el INDEC dinamitaron la estimación inicial del Gobierno para este año (29%) y cuando aún resta diciembre, superaron también la última corrección hecha por el Ministerio de Economía (45,1%). Son los datos más potentes para el común de la gente, alarman a los economistas y exponen la escasa consistencia de las proyecciones oficiales en un contexto difícil por donde se lo mire: no existe una negociación política sería y resultan aún inciertas las tratativas con el FMI. Es llamativo, pero en este contexto el Gobierno pretende imponer a la carrera el proyecto de Presupuesto 2022.
La lógica que el oficialismo imprime a la relación con los espacios opositores en el tratamiento del Presupuesto reproduce el cálculo reducido sobre las negociaciones con el Fondo. Es decir, en términos prácticos, descargar costos -corresponsabilidad en el ajuste- o condenar a la otra vereda con el rótulo de oposición salvaje u obstruccionista. La movida de estas horas intenta disimular las propias tensiones domésticas y aprovechar las patéticas internas en Juntos por el Cambio, que aún no logró acomodar su tablero poselectoral.
El oficialismo organizó su estrategia frente al Presupuesto luego de meses. El kirchnerismo esmeriló la posición de Martín Guzmán y hasta lo desautorizó de hecho al congelar el texto. El texto llegó a Diputados a mediados de septiembre, hubo cuestionamientos que se dejaron correr desde el bloque del Frente de Todos y la realidad se encargó de ir mostrando que faltaba bastante por discutir en el interior del oficialismo.
Ayer mismo, en Diputados circulaban versiones sobre operaciones de última hora para asegurar asistencia propia. Y a la vez corrían especulaciones contradictorias. Se destacaban contactos impulsados por Sergio Massa y Máximo Kirchner con gobernadores del PJ y de fuerzas provinciales. Apuntan, como es habitual, a canjear apoyos por subsidios y obras. Se hablaba también de llamadas a jefes provinciales de la UCR, más que para sumar, con el fin de lograr abstenciones. Pero a la vez, existían dudas sobre la movida real del oficialismo.
El Gobierno había dejado trascender la intención de apelar a una prórroga del Presupuesto actual, por decreto, si JxC bloquea la aprobación del proyecto 2022 en Diputados. Eso le sería funcional en dos planos: manejar partidas presupuestarias con enorme flexibilidad y facturar a la oposición con el argumento de que sólo quieren “poner palos en las ruedas”. La versión extrema sería sugerir otra vez maniobras destituyentes.
El interrogante en cuanto a las negociaciones con el FMI no tiene respuesta lineal. Una salida por decreto ante el “fracaso” en el Congreso podría exponer falta de poder del Ejecutivo, sumado al condicionamiento expuesto por Cristina Fernández de Kirchner. También, dudas serias sobre la posibilidad de un trato con la oposición, con traducción posterior en falta de consenso sólido para respaldar un entendimiento inicial con el Fondo.
Es curiosa, al menos, la repentina velocidad que el oficialismo pretende para sancionar el Presupuesto, mañana en Diputados y diez días después, en el Senado. El proyecto estuvo dormido tres meses y además resulta claro que está sujeto a las negociaciones con el FMI, cualquiera sea el desenlace. Una cuestión decisiva, por ejemplo, es qué ocurrirá con subsidios y tarifas de luz, gas y agua.
JxC enfrenta la movida del Gobierno enredado en su propia interna. En Diputados, todavía no aparece resuelto quién conducirá el interbloque, un conglomerado que reúne al PRO, la UCR, la Coalición Cívica y Evolución -la escisión de la UCR, además de otros representantes de menor número. Hasta anoche, los bloques mayoritarios se habían ido pronunciando por dar quórum para sesionar y votar en contra del proyecto de Presupuesto.
Otros trascendidos exponían dudas sobre el cierre de filas. Fuentes oficialistas hacían circular que podrían producirse abstenciones de algunos legisladores vinculados a gobernadores opositores. La Coalición Cívica analizaba es alternativa. No es un dato menor, porque no estaba claro si el Frente de Todos logrará tejer alianzas con otros sectores -algún provincial, parte del Interbloque Federal- para ganar la votación. En ese caso, las abstenciones en lugar del rechazo al proyecto podrían abrir una diagonal.
Como sea, parecía claro el impacto negativo que provocó la presentación de Guzmán entre los legisladores opositores. La sensación de destrato y falta de respuestas –“Sarasa”, según reprochaban opositores rescatando la descuidada frase del ministro en otra visita a la Cámara- operaron a favor del rechazo. Y en rigor, en el bloque oficialista asumen el empeño para votar esta semana el Presupuesto como una señal política antes que como un mensaje de riguroso plan económico. Microclima, en definitiva.
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