Héctor Cámpora y Juan Domingo Perón
Héctor Cámpora y Juan Domingo Perón

La noche del miércoles 13 de diciembre de 1972, pocas horas antes de dejar la Argentina a la que había retornado el 17 de noviembre tras un exilio de 17 años, Juan Domingo Perón citó al joven secretario general del Movimiento Nacional Justicialista, Juan Manuel Abal Medina, para darle sus últimas instrucciones.

Abal Medina llegó a la casa de Gaspar Campos 1065, en Vicente López, donde Perón había establecido su residencia, con una agenda poblada. Corrían días febriles: para el viernes 15 de diciembre estaba convocado el Congreso Nacional del Justicialismo, donde se debía consagrar la fórmula presidencial del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI) para las elecciones del 11 de marzo de 1973.

El líder del Justicialismo no podía participar de los comicios, impedido por un decreto del último presidente de la dictadura, Alejandro Agustín Lanusse. No era un duelo entre generales como de algún modo se interpretaba: querían proscribir a Perón o, al menos, generar fisuras internas en el peronismo, como sí lo había sucedido cuando en 1968 el líder metalúrgico Augusto Vandor proponía un "peronismo sin Perón" y pretendía ser el brazo sindical del dictador Juan Carlos Onganía.

Los tiempos eran otros: Lanusse estaba de retirada pero dejaba trampas para cazar osos. El decreto establecía que, para poder postularse, los candidatos debían tener residencia en la Argentina antes del 25 de agosto de 1972. Perón, para no aparecer sometido a las arbitrariedades de Lanusse –con quien cultivaba un particular encono–, había decidido regresar recién un mes después. Ese fue el primer regreso, el del 17 de noviembre de 1972.

En ese contexto, aquel 13 de diciembre, tras haber pujado por sus propios candidatos, los distintos sectores del peronismo sabían que la última palabra –que sería ley para ellos– la tenía Perón.

Lanusse firmó un decreto que establecía que, para poder postularse, los candidatos debían tener residencia en la Argentina antes del 25 de agosto de 1972
Lanusse firmó un decreto que establecía que, para poder postularse, los candidatos debían tener residencia en la Argentina antes del 25 de agosto de 1972

Una orden para Abal Medina

Juan Manuel Abal Medina había tenido un papel central en esos días. Era un joven nacionalista de 27 años, recién llegado a esas lides: había sido designado secretario general del Movimiento Justicialista un mes antes, en un acto en el que Cámpora le dijo que "su apellido despierta en el Movimiento los ecos más emocionantes".

Su apellido era bien conocido por la militancia peronista. Su hermano Fernando, dirigente de Montoneros, había muerto en un enfrentamiento con la policía el 7 de septiembre de 1970 en la localidad de William Morris. Por eso, en los actos, la Juventud Peronista le cantaba a Juan Manuel: "Abal/ Medina/ la sangre de tu hermano/ es fusil en la Argentina".

Y era cierto que, hasta ese momento, el mayor de los Abal Medina no tenía una historia política personal demasiado nutrida: su mayor capital era su nombre. Pero Perón había descubierto su habilidad y, sobre todo, su capacidad para guardar secretos.

Así, cuando el joven abogado llegó esa noche de 13 de diciembre para reunirse con el general, todo estaba en suspenso. Perón todavía no se había pronunciado. Pasaron apenas unos minutos después de los saludos de rigor hasta que Perón pronunció la frase decisiva:

-El candidato es Cámpora –le dijo a Abal Medina.

Abal Medina, con cara de jugador de póker, terminó de asimilar la decisión que consagraba a Héctor Cámpora -último delegado del General en el exilio-. Un minuto después, Perón le dio otra instrucción precisa: no debía decírselo a nadie hasta que su avión hubiera despegado. El avión salía el sábado 14 de diciembre con destino a Asunción y el joven Abal Medina debía hablar con los pesos pesados una vez que Perón estuviera a muchos kilómetros de distancia.

Perón fue enfático: "A nadie". Eso incluía a los dos líderes metalúrgicos que, a diferencia de Vandor, proclamaban a rabiar su lealtad a Perón: el secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, y el líder de las poderosas 62 Organizaciones Peronistas, Lorenzo Miguel.

Juan Manuel Abal Medina, Héctor Cámpora y Juan Domingo Perón
Juan Manuel Abal Medina, Héctor Cámpora y Juan Domingo Perón

El mal paso de Cafiero

Perón tenía sus razones para ordenarle silencio a Abal Medina hasta su partida. No quería que nadie lo buscara para quejarse, y mucho menos los poderosos líderes sindicales.

Los sindicalistas de las 62 Organizaciones tenían un candidato que sonaba fuerte: el ex ministro de Economía de la segunda presidencia de Perón, Antonio Cafiero. Habían intentado armar una política de alianzas con los sectores ortodoxos del Movimiento y con la Juventud, repartiendo los ministerios del futuro gobierno, y creían tener la aprobación del General. Pero en el medio Cafiero había dado un mal paso: en esos días había visitado a Lanusse en Olivos, y el dictador había filtrado deliberadamente la reunión. La entrevista lo debilitaba: quería aparecer como un candidato combativo y aceptaba una reunión con Lanusse. Cafiero, enfurecido por la jugarreta del dictador, el jueves 7 de diciembre le mandó una carta bastante amarga al presidente de facto, reprochándole que hubiera hablado de ese encuentro.

La consagración de Cámpora

Perón dejó Ezeiza en la mañana del jueves 14. Cuando Abal Medina les contó la decisión del General, los sindicalistas estuvieron a punto del soponcio. Sin embargo, al día siguiente, en el Congreso Nacional Justicialista ya se habían resignado.

Los únicos que se opusieron a la candidatura de Cámpora fueron los sindicalistas participacionistas, ahora encabezados por el jefe de la UOCRA, Rogelio Coria. Su antiguo jefe, Augusto Vandor, un año después de su intento de borrar a Perón, había muerto de cinco tiros en su propia oficina de la Unión Obrera Metalúrgica. Fue el 30 de junio de 1969 y ninguna organización se hizo cargo de aquella muerte.

Ahora, los participacionistas residuales que estaban en el congreso sostenían que el único candidato posible era el propio Perón. También se oponían pequeños grupos de la izquierda peronista, encabezados por Gustavo Rearte, que decían lo mismo en nombre de la ortodoxia combativa. Una vez que la mayoría aceptó a Cámpora, la discusión se centró en el nombre del candidato a vicepresidente: tenía que ser un representante de los partidos no peronistas incluidos en el Frente Justicialista de Liberación, y finalmente los 200 congresistas apoyaron la postulación de Vicente Solano Lima, un viejo conservador popular sin mayor vuelo propio.

Las discusiones fueron relativamente breves. A media tarde, Lorenzo Miguel se presentó en el Hotel Crillón –donde sesionaba el encuentro- y abrazó al que muchos llamaban "el dentista de (San Andrés de) Giles", el eternamente sonriente Héctor Cámpora. Miguel había reconocido su derrota.

Héctor Cámpora y Juan Domingo Perón
Héctor Cámpora y Juan Domingo Perón

No eran los únicos descontentos. Entre los militantes de la Juventud y de las organizaciones armadas peronistas, la candidatura de Cámpora no despertó oleadas de entusiasmo. El hombre les parecía bastante limitado, un tipo leal sin demasiadas luces. Y sin embargo lo apoyaron.

Al día siguiente, en La Opinión de Jacobo Timerman, el periodista Miguel Bonasso daba algunas razones: "La Juventud Peronista, que expresa las posiciones radicalizadas del Movimiento, ha visto con beneplácito e inclusive ha dado su franco y expreso apoyo a la postulación del doctor Héctor J. Cámpora. En la raíz de esta actitud deben considerarse tres factores: 1) el acatamiento de la verticalidad. La Juventud ha cuestionado y cuestiona a numerosos dirigentes pero no plantea reticencias al liderazgo de Juan Domingo Perón. 2) Cámpora ha sido uno de los delegados personales que más ha permitido el ascenso a niveles de conducción de los líderes juveniles. 3) A juicio de la Juventud la candidatura del delegado reafirma la ortodoxia respecto de Perón y cierra el paso a las aspiraciones de candidatos 'potables' como Antonio Cafiero, Alfredo Gómez Morales o Jorge Taiana, que cuentan con el apoyo de la línea conciliadora".

Algo más que el dentista de Giles

Héctor J. Cámpora, nacido en 1909, tenía una larga historia dentro del peronismo, pero para muchos su designación resultaba inexplicable. Como también les había sido difícil de entender cuando poco más de un año antes, en noviembre de 1971, Perón lo había nombrado su delegado personal en reemplazo de Jorge Daniel Paladino, a quien el General veía demasiado blando y negociador, y cuyo desplazamiento se precipitó cuando supo que había mantenido reuniones a sus espaldas con Lanusse.

Un día después esa designación, el matutino de Timerman repasaba en un artículo sin firma, con tonalidades ácidas e irónicas, la trayectoria de Cámpora: "De extracción conservadora, con inclinaciones liberal-derechistas en su juventud, el doctor Cámpora activó en los Centros Cívicos fundados luego de 1943 por el coronel Filomeno Velasco, ex-jefe de la policía. Posteriormente, integró la llamada 'bancada independiente' en la Cámara de Diputados. Cuando el presidente de ese cuerpo, doctor Ricardo Guardo, abandonó el cargo (1946) fue elegido para sucederlo", decía.

Y continuaba: "El doctor Cámpora fue el primer legislador peronista que consideró un honor autoproclamarse 'obsecuente del general Perón', en el recinto de la Cámara. 'Y lo hago porque voy más allá de la consecuencia'. Existía, como precedente, el hecho de diputados radicales que se habían proclamado 'genuflexos' del entonces presidente Hipólito Yrigoyen. En el Parlamento produjo episodios memorables: todavía algunos de sus colegas de bancada recuerdan su airada intervención, desde la Presidencia, ante un proyecto del diputado santafesino Barreiro. Este pretendía que la plaza más importante de cada pueblo fuera denominada 'Presidente Perón'. Cámpora usó de la palabra señalando que el proyecto de Barreiro era insuficiente: todas las plazas del país debían ser denominadas, a su juicio, con los nombres de Perón y su mujer, Eva Duarte. Durante cinco años, el doctor Cámpora fue titular de la Cámara de Diputados. Solía esperar, a las 6,25 (de la mañana) al presidente Perón en la Casa Rosada para intercambiar con él opiniones políticas. En 1955 fue encarcelado y fugó del penal de Río Gallegos el 10 de marzo de 1957 (…). Reapareció en la política argentina en 1963, cuando reinició -en San Andrés de Giles, su pueblo natal- la militancia peronista. Con el paso del tiempo volvió a convertirse en un 'expectable' dentro del justicialismo. Su designación actual lo reubica en el primer plano de la notoriedad".

Sobre el final, el artículo daba algunas claves para entender la decisión de Perón de nombrarlo su delegado personal y que, poco más de un año después podían aplicarse sin ninguna variante a su designación como candidato a presidente: "Perón se asegura una fidelidad a toda prueba. Si algo ya se sabe, es que Cámpora no intentará desplegar ningún tipo de juego independiente en Buenos Aires, ni irá más allá de las instrucciones que reciba del Comando Superior", explicaba.

"Cámpora al gobierno, Perón al poder"

“Cámpora al gobierno, Perón al poder”
“Cámpora al gobierno, Perón al poder”

Ante la decisión inapelable de Perón, la consigna de la campaña electoral se extendió a lo largo y ancho del país. Un eslogan cuyo autor no importa tanto como los millones de gargantas que lo hicieron propio. Representaba exactamente lo que Perón quería: "Cámpora al gobierno, Perón al poder". Era una buena síntesis de la idea de que votar a uno era elegir al otro. El primer jingle, muy pegadizo, la repetía: "Cámpora al gobierno/ Perón al poder/ votar por al Frente/ es nuestro deber".

La campaña estaba centrada en la calle. Abundaban las manifestaciones, las pintadas, los actos: todos los militantes de la Juventud Peronista estaban movilizados. Las ciudades estaban llenas de afiches que mostraban a Cámpora, Perón y Evita sobre fondo oscuro, con la V del Perón Vuelve bajo la P de Cámpora.

Entre ayer y hoy

El 11 de marzo de 1973, la fórmula del FREJULI, integrada por Héctor J. Cámpora y Vicente Solano Lima se impuso con el 49.56% de los sufragios, a menos de medio punto porcentual de acceder a la presidencia en primera vuelta. Ricardo Balbín, de la Unión Cívica Radical, logró un lejano segundo lugar con el 21.29%. Francisco Manrique, candidato de la Alianza Popular Federalista obtuvo el tercer puesto con el 14.90 por ciento.

Según el decreto electoral de la dictadura de Lanusse, correspondía que el 15 de abril se realizase el balotaje entre Cámpora y Balbín. Sin embargo, el 30 de marzo el candidato radical decidió no presentarse en la segunda vuelta, razón por la cual Cámpora fue proclamado presidente.

Héctor J. Cámpora fue presidente durante 49 días: desde el 25 de mayo hasta el 13 de julio de 1973, cuando renunció junto con Solano Lima para dejar abierta la puerta a unas nuevas elecciones que permitieran una tercera presidencia de Juan Domingo Perón.

Por estos días se realizan numerosos paralelismos entre aquella candidatura de Cámpora para llegar a la Casa Rosada como el hombre elegido por Perón para manejar los hilos del poder y la reciente presentación de la fórmula Alberto Fernández – Cristina Fernández de Kirchner.

Las diferencias son notorias: Cámpora fue el candidato a presidente elegido por Perón porque el viejo general no podía serlo, impedido por un decreto de Lanusse; en cambio, el sábado 19 de mayo -cuando Cristina Fernández de Kirchner anunció que Alberto Fernández sería quien encabezara la fórmula de la que ella integrará como candidata a vice- nada le impedía a ella postularse como candidata para una tercera presidencia. Las explicaciones de por qué una candidata a vice proclama la fórmula antes que el propio candidato a presidente habrá que buscarlas en otro lugar y no en aquella consigna que le permitió a Cámpora habitar por 49 días la Casa Rosada.