Ahora el mote le toca al nuevo presidente de los Estados Unidos. Palabra comodín en el discurso de los intelectuales extraviados en la selva de la globalización. Define el espacio del mal, denunciado por los dueños de las verdades absolutas, los que no son populistas, esos que no fueron inoculados por el virus de las mayorías. Se me ocurre que quieren decir más cosas de las que dicen cuando levantan su dedo acusador y pronuncian la sentencia condenatoria. "Populistas"; uno imagina que definen a muchedumbres enfermas de invasiva y contagiosa peste.
Eso sí, los acusadores son elegantes, educados, intelectuales, gente plagada de virtudes. Luis Alberto Romero insiste en que en el 1077 un Papa humilló a un Rey; me acuerdo que con la humillación de Canossa aprobé un examen de historia. Nunca imaginé que alguien se sintiera dañado por asumirse como parte de la aristocracia humillada junto al monarca. Y que unos cuantos siglos más tarde, un pretendido historiador intentara utilizar aquel dato para apoyar sus teorías elitistas y ateas. Aburrido, pero real.
Populistas, Perón y el Papa: carambola, del loro Zanatta a sus pensantes seguidores; carambola, superioridad de las elites sobre las multitudes. Hasta la revista Criterio, expresión de la fe para los intelectuales elegantes y los ricos, hasta ellos se mandan la perorata de acusar al Papa de populista. Como si el tema de referirse a los humildes, a los que el sistema se ocupa de expulsar, e incluirlos en una esperanza mereciera el castigo de tanto pensador enamorado de la modernidad. Ya los hicieron pobres, ahora pretenden además sumirlos en el olvido.
Si la Iglesia adhiere al sistema de poder, los ateos liberales a veces masones y otras variantes de la soberbia ilustrada se declaran prescindentes y respetuosos del asunto de la fe. Eso sí, cuando la Iglesia vuelve a expresar a los humildes, salen los ateos liberales de mercado o progresistas elegantes a denunciar este asunto del virus populista.
Hay dos clases de aristocracias, la del dinero, normalmente rústica pero agresiva y la de los libros, culta pero portadora de la más sofisticada de las soberbias. Vanguardias iluminadas, minorías lucidas, elites de todo tipo, ellos comparten un hecho central, el desprecio por las mayorías. Un periodista yanqui decía no conocer a nadie que hubiera votado a Trump. Me encantó, eso define un mundo, un sistema, de esos tenemos a montones, mundos cerrados donde no entra lo popular, lo masivo y no dejarían opinar a la mucama. Para ellos, eso es de mal gusto. Todavía anda suelto y hablando uno que en la dictadura supo escribir a favor del voto calificado. Ese sí que no era populista.
Antes decían "demagogo", era el político que le mentía a la gente y en consecuencia era votado. Pareciera que para ellos queda claro que la gente es tonta y no entiende que debería votar a los otros, a los que no les prometen nada y que sin duda tampoco les darían nada. No les quieren dejar ni el derecho a la esperanza, ni los sueños siquiera.
Nunca entendí como se llaman los virtuosos que no son populistas, vendrían a ser sabios, próceres, estadistas, o simplemente ricos y cultos. Me inclino por esto último, ricos, gente que multiplica su riqueza al infinito, dejando en claro que no siente culpa alguna por la miseria que genera al resto de los mortales. Nosotros vivimos un saqueo anti populista que ya dejó a un tercio bajo la línea de pobreza, todo lo rentable fue para los privados y a todos los necesitados los debe sostener el Estado.
Nací en una sociedad en la cual la regla era el ascenso social, y viví ese proceso como natural en una sociedad en crecimiento. Luego me empezaron con el cuento de que por Perón no éramos una gran Nación y de que había que ingresar a los mercados. Para facilitar ese ingreso necesitaron masacrar a una generación. Y ahora me prometen que viene el fin del populismo con las futuras inversiones. Y Romero me cuenta que todo viene de la "humillación de Canossa". Y otros dicen que a los Estados Unidos también llegó la plaga del populismo. Y que el Papa defiende a los caídos y en consecuencia también él es portador del mal.
Me queda la sensación de que poco les falta a estos supuestos liberales para salir a perseguir a sus enemigos ancestrales que son los pobres. Esos pobres que tienen sus creencias y sus líderes, esos son los que después de empobrecidos no merecen ni el respeto de las minorías lucidas, de las elites, ricas o cultas, que nos encierran a todos los que no somos parte del "establishment" en el campo de concentración del "populismo".
Antes, hace mucho, los cultos eran marxistas y como leían demasiado no nos podían entender a los que ignorábamos la sublevación universal de los proletarios. Ahora, los cultos vienen en envase liberal y les molesta que no asumamos que la globalización es un fenómeno irreversible que lleva a la concentración de las riquezas y la opresión definitiva de las masas. Y les molesta que el Papa sea una esperanza para los humildes del universo y que Perón lo haya sido para los necesitados de estas tierras.
Ayer, vanguardia de la revolución socialista; hoy, abanderados de la atroz concentración de la riqueza. Nunca se equivocan, siempre en contra de la gente, del pueblo, de las mayorías, de eso que ellos desprecian y engloban bajo el título de "populismo".
Y fui muy duro con el gobierno de los que se fueron, tanto que me cuesta entender que los racionales que vinieron todavía no comprendan que la solución no está en las inversiones futuras sino en limitar el saqueo de los concentrados que ya no nos permite vivir con dignidad.
Me declaro católico y peronista y les grito enojado que, de sólo escucharlos se me vuelve a la memoria la barbarie del "alpargatas sí, libros no". Y digo siempre que en alpargatas entendieron a Perón en el 45 y las "Cátedras nacionales" fueron moda en la Universidad recién en los 70. Creo fervientemente que el mayor nivel de conciencia está en el seno de la clase trabajadora. Amo más la vida que la biblioteca. En fin, me asumo enfermo de "populismo".