Las necropsias de las cuatro personas asesinadas durante el secuestro del empresario minero Jenss Lara Tantaquilla, ocurrido el 30 de agosto en Trujillo (La Libertad), revelan que fueron ejecutadas con disparos dirigidos principalmente a la cabeza, lo que da cuenta de la precisión con la que actuaron los atacantes, según un informe publicado este domingo por el diario La República.
Los documentos forenses, a los que tuvo acceso el medio, señalan además que los homicidas utilizaron al menos dos armas de distinto calibre y que los proyectiles impactaron en diferentes zonas vitales del cuerpo, entre ellas la cabeza, el cuello y el tórax.
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La Policía considera que los homicidas dispararon contra los ocupantes de la camioneta con el objetivo de impedir que alguno sobreviviera y pudiera identificar posteriormente a los responsables del secuestro.
El conductor de la camioneta, Christopher García Álvarez, de 33 años, fue quien recibió más impactos, con siete heridas de bala. Una de ellas ingresó por la región parietal izquierda y provocó una lesión craneoencefálica mortal.
Nadia Urtecho Rodríguez, de 28 años, recibió cuatro impactos, incluidos disparos en la cabeza y el tórax. Luis Rojas Ramos de Rosas, de 38 años, sufrió dos impactos, uno de ellos en la zona cervical posterior, con trayectoria hacia la cavidad craneana.
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Andrea Monzón Lingán, de 20 años, recibió un único disparo en la región occipital que atravesó el encéfalo y fue necesariamente mortal, según el protocolo de necropsia.
La distribución y trayectoria de las heridas son analizadas por los investigadores para establecer la posición que ocupaban las víctimas y los atacantes durante el ataque.
Dos tipos de munición
Los peritos de la División de Criminalística de Trujillo recogieron nueve casquillos en la escena: ocho correspondientes a munición calibre 9x19 milímetros Luger y uno de calibre 5.7x28 milímetros.
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La evidencia apunta al uso de al menos dos armas de distinto calibre. Los dos proyectiles de aproximadamente 9 milímetros recuperados y examinados fueron asociados a una misma arma de fuego, según los informes citados por el medio.
El calibre 9x19 milímetros es utilizado habitualmente en pistolas, mientras que el 5.7x28 milímetros es empleado por armas como el subfusil FN P90 y la pistola FN Five-seveN, fabricadas por la compañía belga FN Herstal.
Este último tipo de munición tiene características de penetración que le permiten atravesar determinados chalecos antibalas. Las investigaciones buscan establecer cuál de las víctimas fue alcanzada por ese proyectil, ya que el casquillo fue encontrado dentro de la camioneta.
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Según las fuentes policiales citadas en el informe, armas capaces de emplear munición 5.7x28 milímetros son utilizadas por unidades de fuerzas especiales de las instituciones castrenses, aunque todavía no se ha establecido el origen del arma empleada en el crimen.
La investigación también incluyó pruebas de absorción atómica a cinco de los detenidos por el caso. Cuatro de ellos —Frank Quezada Cruz, Ángel Bocanegra Linares, César Iván García Rivera y Julio Zavaleta Quezada— dieron positivo para plomo, antimonio y bario.
Sin embargo, este resultado no permite concluir por sí solo que los detenidos hayan disparado las armas utilizadas en el ataque, debido a que la prueba debe ser valorada junto con el resto de evidencias recogidas por los investigadores.
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La Policía sostiene como una de sus líneas de investigación que los asesinatos buscaban impedir que alguno de los ocupantes pudiera identificar posteriormente a los responsables del secuestro.
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