La soledad, un fenómeno cada vez más debatido en la vida contemporánea, fue analizada por el terapeuta neohumanista Eduardo Wasley en una reciente conversación radial de Exitosa. Durante la entrevista, Wasley sostuvo que la soledad puede suspenderse si la persona reconoce el vacío que siente, revisa sus creencias ante la pérdida y toma la iniciativa de abrirse a vínculos recíprocos. Este enfoque, que apunta a la acción consciente, fue presentado como una alternativa frente a la creciente desconexión emocional que caracteriza a muchas interacciones actuales, incluso en presencia de tecnología.
Desde su perspectiva, la soledad no es una emoción sino una sensación de vacío. Wasley explicó que el primer paso es identificar ese vacío, que puede disfrazarse de aburrimiento o de un deseo insatisfecho. Para él, el sufrimiento aparece cuando existe una distancia entre lo que ocurre y lo que la persona desea, una brecha que suele manifestarse tras pérdidas, rupturas o cambios en el entorno cercano.
Durante la entrevista en el programa radial Exitosa, el terapeuta sostuvo que el trabajo personal implica alinear pensamiento, sentimiento y acción. Según sus palabras, esa coherencia permite que una persona no quede detenida en la sensación de aislamiento y empiece a actuar frente a ella.
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La soledad como sufrimiento y el peso de las comparaciones
Al definir el problema, Wasley partió de una idea básica: la soledad es estar sin compañía. Sin embargo, distinguió entre la condición humana de estar solo en determinados momentos y la experiencia dolorosa de quienes sufren el aislamiento incluso cuando están rodeados de personas, amistades, familia o dispositivos electrónicos.
Wasley describió el malestar con claridad: una persona puede estar acompañada y, aun así, experimentar un “nudito en el pecho” y percibirse sola. Aclaró que este fenómeno no afecta a todos por igual, sino que se manifiesta con mayor intensidad en quienes viven la soledad como una forma de sufrimiento. En su análisis, ese sufrimiento se vincula, en parte, con tres mecanismos: compararse con los demás, sentirse diferente y sentirse superior. Para Wasley, la comparación constante no fomenta relaciones sanas y refuerza el aislamiento.
La conductora del programa llevó el planteo a situaciones cotidianas, como cuando alguien se despierta tras una pérdida, una ruptura amorosa, un viaje de un ser querido o un despido laboral. Wasley respondió que, en esos casos, aparece un dolor relacionado con un hecho que la persona no quería que sucediera o que no acepta. Esa distancia entre lo sucedido y lo deseado se traduce en un deseo insatisfecho, un punto central en la experiencia de soledad.
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El entorno social: influencia, no determinismo
Durante la conversación, la conductora cuestionó la idea de que toda la responsabilidad recaiga en el individuo. Mencionó el aislamiento de adultos mayores, la escasez de espacios saludables en las ciudades, la violencia urbana y la migración de hijos que dejan a sus padres solos por falta de oportunidades laborales. Wasley reconoció que el entorno social incide en la experiencia de soledad, aunque remarcó que no la determina.
El terapeuta señaló que el sistema de vida actual no siempre responde a las necesidades humanas, ya sea por dificultades para comunicarse, trasladarse o encontrar trabajo. Hizo referencia a casos de familias separadas por la migración, con hijos residiendo en Canadá, México o Australia, mientras la madre o la pareja permanece sola en Perú. Según Wasley, el entorno social influye en las circunstancias, pero no determina la respuesta personal ante la soledad.
A partir de esa idea, propuso buscar herramientas en espacios de asesoramiento individual, grupal o empresarial. Esos ámbitos pueden facilitar la adaptación a nuevas circunstancias y el desarrollo de un “centro de gravedad” propio, que permita afrontar condiciones adversas sin quedar atrapado en el aislamiento.
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Reciprocidad y acción, claves para transformar el aislamiento
Wasley sugirió que una vía concreta para disminuir la sensación de soledad es dejar de hablar solo desde el “yo” y avanzar hacia el “nosotros”. La pregunta que planteó fue directa: qué puede hacer una persona por el otro. En esta línea, subrayó la importancia de la reciprocidad en los vínculos, no como un acto unilateral ni como una relación de dependencia, sino como la posibilidad de dar y recibir de manera equilibrada.
La conductora sintetizó esta lógica como una invitación a salir de uno mismo para mirar al otro. Wasley aceptó esa formulación y la presentó como una herramienta práctica que puede reducir la intensidad del aislamiento. A lo largo del intercambio, se brindaron ejemplos concretos de acciones: caminar, llamar a un amigo, visitar a un familiar, participar en un grupo, aprender algo nuevo, compartir emociones con alguien de confianza o escribir lo que se siente. Estas actividades fueron señaladas como pequeñas formas de encuentro que pueden abrir la puerta hacia nuevos vínculos.
En el tramo final, Wasley enfatizó la importancia de la iniciativa. Señaló que avanzar paso a paso resulta más efectivo que buscar la perfección, ya que la exigencia de no cometer errores suele activar el temor al fracaso e inmoviliza. Su mensaje de cierre fue preciso: lo relevante es aprender a iniciar y abandonar la idea de que solo lo perfecto merece ser intentado.
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La conexión tecnológica y el desafío de sentirse acompañado
Durante la conversación, Wasley también abordó una preocupación frecuente: la diferencia entre estar conectado tecnológicamente y sentirse acompañado. Señaló que la proliferación de dispositivos y redes sociales puede dar una falsa sensación de compañía, pero no siempre satisface la necesidad de vínculos recíprocos y auténticos. Para el terapeuta, la verdadera compañía surge cuando existe un intercambio real y no solo una presencia virtual.