Perú atraviesa un escenario inédito ante la superposición de los fenómenos Niño costero y Niño global, con temperaturas del mar por encima del promedio y efectos que pueden intensificarse entre diciembre y marzo. La combinación de ambos eventos preocupa a autoridades y especialistas, que advierten sobre posibles alteraciones en lluvias, pesca, operaciones portuarias y agricultura, según explicó el capitán de fragata Giacomo Morote, vocero de la Marina de Guerra del Perú.
La señal más inmediata del impacto se percibe en el litoral. La autoridad marítima ordenó el cierre de todos los puertos de la zona sur, la mitad de los de la zona centro y cuatro en el norte debido a un oleaje anómalo que llegó desde el suroeste. Las olas alcanzaron entre dos y tres veces su altura habitual, con previsión de mantenerse hasta el viernes 3 de julio. Este episodio marca el pico del evento y resalta la necesidad de adoptar medidas de prevención, según indicaron fuentes oficiales.
Simultaneidad inédita y riesgos diferenciados
En una entrevista televisiva, Morote subrayó que la particularidad de este año radica en que ambos fenómenos se desarrollan de forma simultánea. El Niño costero se origina por el calentamiento del mar frente a Ecuador y Perú, con influencia sobre Chile, mientras que el Niño global tiene su foco en el Pacífico central. Esa diferencia espacial no implica que los efectos sean aislados. Por el contrario, al coincidir, el norte y el centro de la costa peruana pueden experimentar lluvias intensas, mientras el sur presenta riesgo de sequía asociada al Niño global.
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El vocero de la Marina de Guerra advirtió que el clímax del fenómeno se espera entre diciembre y marzo, aunque el invierno austral será determinante para observar la evolución y la posible moderación de las anomalías térmicas, en caso de producirse afloramiento de aguas frías.
El avance del calentamiento marino hasta el centro y sur
Datos de la Dirección de Hidrografía muestran que la masa de agua cálida ya se extiende desde el norte hasta Callao y Pisco. La temperatura superficial del mar se ubica entre 1,5 y 2 °C por encima del promedio habitual, aunque en ciertas zonas la diferencia es mayor. Por ejemplo, en Paita, la temperatura del agua, que suele estar en 18 °C, llegó a 24 °C. En Chimbote, el promedio de 19,4 °C subió a 22,3 °C; en Callao, de 16,9 °C a 20,9 °C; en San Juan de Marcona, de 14,8 °C a 17,4 °C; y en Ilo, de 15,8 °C a 18,6 °C.
Morote destacó que estas variaciones trastocan el ecosistema marino y explican la sensación térmica atípica en la costa. Además, describió al mar como un regulador natural de la temperatura continental, motivo por el que la población percibe inviernos más cálidos.
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Intensidad y lluvias: el fenómeno no siempre implica extremos
Una aclaración importante de Morote se centró en el uso de la categoría “fuerte” en informes del Comité Multisectorial Encargado del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN). Según el oficial, una intensidad fuerte refleja umbrales de temperatura elevados sobre la zona peruana y el Pacífico central, pero no anticipa necesariamente lluvias extremas, desbordes o huaicos.
El impacto real depende del acoplamiento entre océano y atmósfera, fenómeno que ocurre cuando la evaporación, la nubosidad y la precipitación funcionan como un sistema de circulación más activo, proceso que suele iniciar al comienzo del verano austral.
Monitoreo continuo y vigilancia sobre los efectos
El seguimiento quincenal del ENFEN permanece como insumo indispensable para anticipar la evolución del evento. El organismo actualiza sus comunicados cada 15 días y ajusta proyecciones sobre la magnitud y los posibles efectos. Morote remarcó que el calentamiento en el Pacífico central ya está modificando el clima a nivel mundial. En algunas regiones provoca lluvias más intensas y en otras sequías más marcadas. Para Perú, la combinación puede traducirse en mayores precipitaciones en la costa norte y menor cantidad de lluvias en el sur.
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Pesca y agricultura, sectores en alerta
El vocero de la Marina de Guerra del Perú detalló que los primeros impactos ya se reflejan en la pesca. La anchoveta, un recurso central para la industria nacional, se está desplazando hacia el sur y a mayor profundidad en busca de aguas más frías. Este cambio no detiene la actividad, pero obliga a rediseñar estrategias y adaptar la captura a nuevas especies tropicales que empiezan a arribar, lo que representa retos y oportunidades para la industria.
En el sector agrícola, la advertencia apunta a la gestión del recurso hídrico y la selección de cultivos con mejor rentabilidad. El riesgo reside en que la activación de quebradas y lluvias intensas, especialmente en la costa norte, puedan alterar la producción y la oferta en los próximos meses.
Oleajes anómalos y seguridad portuaria
El aumento del nivel del mar, asociado al fenómeno, intensifica los oleajes anómalos y afecta la seguridad en puertos y faenas marítimas. La evaluación de cada terminal varía diariamente, ya que la Dirección General de Capitanías y Guardacostas revisa las condiciones para determinar su reapertura o mantener las restricciones.
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La situación obliga a una vigilancia constante sobre las condiciones marítimas y portuarias. Las autoridades insisten en la prevención y en el monitoreo permanente para mitigar los impactos sobre la economía y la seguridad de las comunidades costeras.
Perspectivas para los próximos meses
Según el seguimiento de la Marina de Guerra del Perú, el invierno podría traer una reducción temporal de la diferencia entre las temperaturas normales y las observadas, producto del afloramiento de aguas frías. No obstante, Morote puntualizó que dicha fluctuación no equivale forzosamente a un debilitamiento del fenómeno, ya que el calentamiento puede intensificarse nuevamente con la llegada de la primavera.
El oficial explicó que la energía térmica viaja hacia Sudamérica a través de ondas Kelvin, que se desplazan de oeste a este y ascienden frente a la costa peruana, lo que permite anticipar la llegada de calor al litoral nacional. Esta información resulta clave para la planificación de acciones y la preparación ante posibles escenarios de emergencia.
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