La historia del deporte peruano está llena de mitos, pero la de Alejandro Olmedo recorre el camino inverso: una hazaña descomunal que el tiempo y los malentendidos terminaron borrando del imaginario colectivo. En una reciente conversación sobre su libro 'Alejandro Olmedo, el peruano que conquistó Wimbledon', el periodista y escritor Luis Carlos Arias Schreiber desarma las ideas equivocadas que rodean al único latinoamericano en coronarse campeón individual en la mítica catedral del tenis.
“Alrededor de Olmedo hay mucho desconocimiento y también muchos malentendidos”, advierte Arias Schreiber. El error más común entre las nuevas generaciones es asumir que el tenista compitió toda su vida bajo la bandera de Estados Unidos. La realidad es que el deportista llegó a la cima del tenis mundial manteniendo intacta su identidad y sus lazos con su país, mas aún, con su tierra de origen, Arequipa.
La investigación de este libro comenzó en 2020, año del fallecimiento de Olmedo. El autor fue recopilando material y posteriormente ubicó a allegados y familiares de Alex, como la hija del tenista, Angie, quien le facilitó videos inéditos y correspondencia que conserva. También fue clave el acceso a los archivos históricos de diarios de Arequipa y Estados Unidos, así como los testimonios de los hermanos del llamado ‘Cacique’, quienes todavía custodian trofeos y álbumes familiares. Además de extensa literatura tenística de la época.
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A través de esta reconstrucción, el libro revela la trayectoria de un joven de origen humilde que empezó desde lo más bajo en el Club Internacional de Arequipa. Su ascenso se debió a un talento fuera de lo común y del apoyo directo de quienes detectaron su potencial cuando apenas era un adolescente.
El mito de la nacionalidad y el pasaporte peruano
Uno de los principales aportes de esta biografía, confirma que Alejandro Olmedo ganó Wimbledon en 1959 con pasaporte peruano y como el sembrado número uno del circuito amateur. Los registros oficiales del torneo británico despejan cualquier duda, inscribiendo su nombre junto a las siglas de nuestro país.
“La peruanidad de Alejandro Olmedo no se cuestiona en el extranjero. Es en el Perú donde se cuestiona”, señala Arias Schreiber. En las crónicas de los diarios más importantes de la época, como el New York Times o los periódicos australianos, siempre se le presentó como “el peruano Alejandro Olmedo”. Incluso su célebre apodo en inglés, Chief (El Cacique), hacía referencia directa a sus sus orígenes indígenas.
El escritor detalla que la adopción de la ciudadanía estadounidense ocurrió de forma tardía, en 1999, cuando el exdeportista tenía 63 años. Esta decisión respondió estrictamente a factores prácticos de residencia y no a un rechazo hacia su patria. Durante toda su etapa competitiva, Olmedo viajó, participó y levantó copas con su documentación peruana. Es más, en sus últimas entrevistas, podía llorar con solo recordar su amor por el país.
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De Arequipa a la meca del tenis
Los inicios del campeón mundial se ubican en las canchas de polvo de ladrillo de su ciudad natal. Su padre, Salvador Olmedo, era un apasionado autodidacta que trabajaba en el Club Internacional barriendo los campos de juego y dando clases particulares. Alejandro creció en ese entorno, desempeñándose inicialmente como recogebolas y asimilando los secretos del deporte blanco.
A los 14 años, debido a que no era socio del club por su condición económica, se le permitió participar en un torneo abierto para inaugurar la nueva sede social a orillas del río Chili. Olmedo sorprendió a todos los presentes al derrotar de forma consecutiva a los mejores tenistas adultos de la región. Ese logro llamó la atención en Lima de Jorge Harten, entonces presidente de la Federación Peruana de Tenis, quien se convirtió en el gran mentor de su carrera.
Al ver que el nivel competitivo local le quedaba chico, Harten y un grupo de aficionados recolectaron fondos para enviarlo a Los Ángeles, considerada en los años 50 la meca del tenis mundial. El joven arequipeño llegó a California con apenas 18 años, sin dominar el inglés, para abrirse paso de manera independiente en los campeonatos de parques públicos antes de conseguir becas en el circuito universitario.
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El pico de su carrera
Para el año 1958, el nivel de Olmedo era tan alto que fue convocado para integrar el equipo de Copa Davis de los Estados Unidos. Esto desató un intenso debate político y deportivo en el país norteamericano. La prensa y los aficionados locales cuestionaban cómo una potencia con millones de habitantes requería de un extranjero para enfrentar la hegemonía de Australia en las canchas.
Las reglas de la Federación Internacional de Tenis amparaban la convocatoria. El reglamento estipulaba que un jugador podía defender a otra nación si acreditaba un mínimo de tres años de residencia y si nunca antes había jugado el torneo por su país de origen. Perú no participaba en la Copa Davis en esa década por limitaciones presupuestales, por lo que el tenista estaba plenamente habilitado.
“Olmedo responde de manera extraordinaria. Va a Australia de visita y allá le gana a los números uno y dos en singles y dobles, dándole la copa a Estados Unidos”, detalla Arias Schreiber. Esta victoria histórica acalló las críticas en Norteamérica y posicionó al tenista peruano en la cima de la atención mediática global.
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Al año siguiente, vendrían sus triunfos definitivos en los torneos de Grand Slam. En enero de 1959, Alex ganaría lo que hoy se conoce como el Abierto de Australia, vendiendo en la final al local Neale Fraser.
Posteriormente, se llevaría el major de Wimbledon en Londres, al vencer en la final al australiano Rod Laver, en el que se considera el mayor logro deportivo en la carrera de Olmedo, y sin duda, del tenis peruano.
La transición al profesionalismo y la era abierta
El libro aborda detalladamente el complejo panorama del tenis antes de 1968, un periodo donde coexistían dos mundos rígidamente separados: el circuito amateur y el profesional. Los torneos más prestigiosos del mundo, incluidos los cuatro Grand Slams, estaban reservados exclusivamente para jugadores que no percibían ingresos oficiales por jugar, lo que generaba un sistema insostenible para deportistas de origen humilde.
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Los campeones de Wimbledon o el Abierto de Australia solían ser captados por empresarios para dar el salto al profesionalismo a cambio de contratos de garantía. Al convertirse en profesionales, estos jugadores tenían prohibido volver a pisar las canchas de los grandes torneos tradicionales, pasando a integrar giras itinerantes por diferentes ciudades del mundo.
“Era casi como una vida de circo”, explica el autor, detallando las precarias condiciones en que debían jugar. Los mejores tenistas del planeta jugaban noche tras noche en canchas improvisadas sobre pistas de patinaje de hielo o gimnasios escolares, en un espectáculo por el que el público pagaba por ver. Este desgaste del circuito amateur obligó a que las propias federaciones internacionales crearan la Era Abierta en 1968, permitiendo finalmente la competencia unificada que conocemos en la actualidad.
El regreso a las raíces y la gratitud del Perú
A pesar de vivir durante seis décadas en el extranjero y consolidar su carrera profesional como instructor de celebridades en California, Olmedo nunca perdió la conexión afectiva con su entorno natal. El escritor identificó al menos siete visitas oficiales del tenista al país, las cuales siempre incluían estadías en Arequipa para reencontrarse con sus familiares directos y con las costumbres de su infancia.
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El Perú de la época también supo reconocer su grandeza deportiva. Tras su triunfo en la Copa Davis y sus títulos de Grand Slam, el gobierno le otorgó los Laureles Deportivos en el grado más alto. Asimismo, los aficionados locales promovieron una colecta pública que recaudó los fondos necesarios para obsequiarle a su familia una residencia amplia en la urbanización La Negrita de Arequipa, donde su padre continuó enseñando tenis hasta el año 2000.
“En el deporte peruano se habla mucho de las oportunidades perdidas y de lo que hubiera sido. En el caso de Olmedo no es lo que hubiera sido, sino lo que fue: el número uno del mundo”, explica Arias Schreiber.
Esta biografía de Alejandro Olmedo ya está disponible en las librerías de Lima y Arequipa. La obra se disfruta no solo desde el orgullo de descubrir a un deportista peruano cabalmente exitoso, sino también desde el mérito del autor, quien despliega una prosa factual basada en una minuciosa investigación y rigor periodístico.