Un equipo internacional de arqueólogos descubrió restos del perro peruano sin pelo en el complejo arqueológico de Castillo de Huarmey, en la región Áncash. Se trata de una de las evidencias más antiguas y mejor conservadas de esta raza, considerada símbolo nacional.
“Este descubrimiento es importante porque demuestra que el perro peruano sin pelo no es solamente un símbolo moderno del Perú, sino que esta raza ya formaba parte de la vida de las sociedades andinas hace más de mil años”, dijo el lider del grupo, el arqueólogo Miłosz Giersz.
Las investigaciones en el sitio Wari permitieron identificar restos óseos y animales momificados, preservados gracias a las condiciones del desierto peruano. Entre los hallazgos destaca un ejemplar fechado entre los siglos VII y IX d.C., asociado al inicio de la presencia Wari en la zona.
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Los análisis osteológicos e isotópicos confirmaron que la ausencia congénita de ciertos dientes—uno de los rasgos distintivos de la raza—corresponde al perro peruano sin pelo.
El especialista polaco precisó que “uno de estos ejemplares apareció naturalmente momificado” y que sus características anatómicas coinciden plenamente con la raza peruana. Este hallazgo constituye un referente importante para el estudio del rol de los animales en el antiguo Perú.
Hipótesis sobre contactos con Mesoamérica y función ritual
El hallazgo no solo aporta a la historia nacional, sino que alimenta la hipótesis de vínculos entre el perro peruano sin pelo y el xoloitzcuintle de Mesoamérica. “Existe una hipótesis muy interesante de que esta raza pudo tener vínculos tempranos con Mesoamérica, donde también existía un perro parecido”, señaló Giersz.
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Aunque todavía no existen pruebas definitivas sobre rutas de intercambio entre México y la costa peruana, el investigador considera que los estudios de ADN antiguo serán clave para resolver esta incógnita.
Durante el periodo Wari, existieron contactos e intercambio de metales, conchas de spondylus y bienes exóticos, lo que aumenta la probabilidad de una relación más amplia entre ambas regiones.
Los análisis de más de 300 huesos recuperados en Castillo de Huarmey revelan que algunos perros recibieron un trato especial dentro de la sociedad Wari. Varios ejemplares fueron enterrados junto a personajes de alto rango y probablemente participaron en rituales y ceremonias simbólicas.
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Uno de los perros momificados presentaba restos de cinabrio en el rostro, pigmento vinculado a prácticas funerarias de élite. “Eso demuestra que la relación con estos animales era mucho más compleja que una simple utilidad práctica”, indicó el arqueólogo.
Además, en los adobes de la huaca se hallaron improntas de patas de perro, lo que refleja la convivencia cotidiana y la importancia del animal en el sitio.
Castillo de Huarmey
El Castillo de Huarmey es reconocido por el hallazgo, en 2012, del primer mausoleo real Wari intacto. Allí se encontraron restos de 64 mujeres de alto rango junto a más de 1 300 objetos de calidad excepcional, como textiles, joyas, herramientas y cerámica. Según Giersz, esto permitió replantear el papel de las mujeres en la civilización Wari y mostró que accedían a posiciones de poder político y religioso.
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“La llamada Reina Wari de Huarmey se ha convertido en una de las mujeres más poderosas del mundo prehispánico conocidas hasta ahora”, remarcó el investigador. Actualmente, el equipo desarrolla un programa de cinco años que abarca excavaciones y estudios en más de 20 sitios arqueológicos asociados al periodo Wari en toda la provincia de Huarmey.
El objetivo es reconstruir redes de intercambio, rutas de contacto y el origen de las poblaciones vinculadas al imperio Wari, así como comprender mejor su funcionamiento social y político. “Desde el punto de vista de Castillo de Huarmey, fue un periodo de gran prosperidad y tranquilidad”, concluyó Giersz.