Tradicionalmente, la pobreza ha sido definida como la ausencia de dinero. Es decir, no tener los ingresos necesarios para cubrir el costo de la Canasta Básica Familiar (S/ 1848 por un mes para una familia de 4 personas), que incluye bienes y servicios requeridos para vivir de manera apropiada. No obstante, la experiencia de las personas que están en situación de pobreza va mucho más allá de la falta de ingresos.
Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la pobreza no es simplemente un tema económico, sino un fenómeno que tiene múltiples dimensiones e incluye no solo la falta de ingresos, sino también la carencia de habilidades básicas para vivir con dignidad.
La pobreza multidimensional es una medida de la pobreza que considera diversos factores presentes en los hogares, desde su nivel de vida básico hasta el acceso a escolaridad, agua limpia y atención de salud. Ya que, por las brechas en servicios para la comunidad presentes en algunas regiones, se pueden contar con los ingresos suficientes, es decir no ser pobre monetario; sin embargo, en algunas zonas del país no se cuentan con los servicios básicos necesarios, tales como: agua potable, electricidad, centros de salud y escuelas de calidad.
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La pobreza no se limita a la falta de ingresos. El Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) permite medir las carencias en salud, educación y calidad de vida.
Desde un enfoque monetario, la pobreza supone la insuficiencia de recursos monetarios para adquirir una canasta de consumo mínima aceptable socialmente. En consecuencia, están en situación de pobreza aquellas personas cuyo consumo mensual resulte inferior al gasto mínimo para alcanzar un nivel de vida aceptable.
Con esta metodología, la medición de la pobreza se basa en una estimación sobre la posibilidad de las personas de adquirir ciertos bienes; sin embargo, no se evalúa cómo se gastó ese monto o si se destinó mayoritariamente a cubrir necesidades básicas.
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La pobreza monetaria mide cuánto hay en el bolsillo para alimentarse y vivir razonablemente, mientras que la pobreza multidimensional profundiza en la carencia de oportunidades para el desarrollo.
Los desafíos que persisten más allá de los ingresos incluyen las limitaciones en el acceso a servicios de salud, que disminuyeron del 28,4 % al 22,5 %; las limitaciones en educación, que disminuyeron del 52,3% al 51,1%; y las limitaciones en vivienda adecuada, que disminuyeron del 32,6 % al 32,4% entre 2024 y 2025.
El progreso en la reducción de la pobreza multidimensional se concentra en un mayor acceso a servicios de salud. Sin embargo, preocupa el retroceso en la cobertura de servicios básicos. Entre 2019 y 2025, la proporción de peruanos que accedió a agua a través de red pública en sus hogares disminuyó de 89,8 % a 88,1%, lo que equivale a 820.000 personas menos.
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La obligación de los Estados de asegurar que las personas disfruten plenamente de sus derechos está estrechamente relacionada con el problema de la pobreza. Por esta razón, la ONU sostiene que eliminar la pobreza no es simplemente un deber moral, sino también una obligación legal conforme a las leyes internacionales de derechos humanos.
Es fundamental considerar que los derechos humanos, constitucionales o fundamentales son componentes cruciales y pilares de todo sistema democrático y constitucional de derecho, así como de las estructuras internacionales que protegen los derechos humanos.