El Perú atraviesa una transformación demográfica que empieza a reflejarse en distintos ámbitos de la economía y la sociedad. Los resultados de los Censos Nacionales 2025 muestran que la edad promedio de la población alcanzó los 34,2 años, frente a los 32 años registrados en 2017. Asimismo, la edad mediana pasó de 29 a 32 años, una señal de que el país avanza hacia una estructura poblacional cada vez más madura.
Este proceso ocurre en paralelo a un crecimiento sostenido de la población adulta mayor y a una reducción del peso relativo de los grupos más jóvenes. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), las personas de 60 años a más representan ahora el 14,8% de la población nacional, cuando en 2017 concentraban el 11,7%, consolidando una tendencia de envejecimiento demográfico que plantea nuevos desafíos para el mercado laboral, las finanzas públicas y los sistemas de protección social.
Un país con menos jóvenes y más adultos mayores
Los datos censales evidencian un cambio progresivo en la composición de la población peruana. Mientras la proporción de menores de 15 años continúa disminuyendo debido al descenso de la fecundidad, la participación de los adultos mayores sigue en aumento. Este fenómeno modifica la tradicional estructura demográfica del país y marca el inicio de una nueva etapa en la que la población envejece de manera acelerada.
PUBLICIDAD
La magnitud de esta transformación también se observa en el índice de envejecimiento. En 2017 existían 44 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años; en 2025 la cifra se aproxima a 65. El cambio refleja una reducción de la distancia entre ambos grupos etarios y confirma que el peso de las generaciones de mayor edad gana relevancia dentro de la población total.
Nuevas presiones sobre el mercado laboral
El envejecimiento de la población tiene efectos directos sobre el empleo. Durante las últimas décadas, el incremento de la población en edad de trabajar permitió ampliar la oferta laboral y acompañar el crecimiento económico. Sin embargo, el escenario comienza a cambiar a medida que disminuye la proporción de jóvenes que ingresan al mercado y aumenta la edad promedio de la fuerza laboral.
En este contexto, las empresas enfrentan el reto de adaptarse a una fuerza de trabajo más experimentada, pero también de mayor edad. La capacitación permanente, la actualización de habilidades y los procesos de reconversión laboral adquieren una importancia creciente para mantener la productividad y responder a las nuevas exigencias del mercado.
PUBLICIDAD
La relación de dependencia y el reto fiscal
Los resultados del censo también muestran que actualmente existen 60 personas dependientes —entre niños, adolescentes y adultos mayores— por cada 100 personas en edad de trabajar. Aunque el indicador aún se encuentra en niveles considerados manejables, los especialistas advierten que el aumento sostenido de la población adulta mayor puede generar mayores exigencias sobre quienes producen ingresos y contribuyen al financiamiento del Estado.
A medida que más ciudadanos alcanzan la edad de jubilación, se incrementan las necesidades de financiamiento para pensiones, servicios de salud y programas de protección social. Esta situación obliga a las autoridades a planificar con mayor precisión la asignación de recursos públicos en un contexto donde también deben mantenerse inversiones en educación, infraestructura y seguridad.
Productividad e innovación como motores del crecimiento
La transición demográfica implica que el crecimiento económico ya no podrá depender únicamente de la incorporación de más trabajadores. Con una expansión poblacional más moderada, la productividad adquiere un papel central para sostener el desarrollo del país.
PUBLICIDAD
Por ello, factores como la innovación tecnológica, la formalización empresarial, la mejora de las competencias laborales y la adopción de nuevas herramientas productivas se vuelven fundamentales. En lugar de crecer por el aumento de la cantidad de trabajadores disponibles, la economía deberá apoyarse cada vez más en la calidad del empleo y en la generación de mayor valor agregado.
Oportunidades en una sociedad más longeva
Pese a los desafíos que plantea el envejecimiento, la transformación demográfica también abre nuevas oportunidades. Una población que vive más años puede continuar participando en actividades económicas durante más tiempo, siempre que cuente con condiciones adecuadas de salud, capacitación y acceso al empleo.
Además, el crecimiento del segmento adulto impulsa el desarrollo de sectores vinculados a servicios médicos, cuidados especializados, seguros, vivienda adaptada y asistencia para personas mayores. Los propios resultados del censo destacan que los cambios en la estructura poblacional deberán ser considerados en el diseño de políticas públicas relacionadas con salud, educación, empleo y protección social, ámbitos que cobrarán una importancia cada vez mayor en los próximos años.
PUBLICIDAD