El Día de la Madre en Perú, que este año se celebra el domingo 10 de mayo, ofrece la oportunidad de reconocer la labor de aquellas mujeres que, además de ser madres, cumplen funciones esenciales en la primera línea de emergencia. Este homenaje cobra especial relevancia para profesionales como las bomberas voluntarias y el personal del Servicio de Atención Móvil de Urgencia (SAMU), quienes enfrentan desafíos diarios para proteger vidas y sostener a sus propias familias.
En el país, la presencia de madres que atienden emergencias es cada vez más visible, aunque su tarea implica jornadas irregulares, riesgos constantes y, muchas veces, la imposibilidad de compartir fechas especiales con sus hijos. De acuerdo con testimonios recogidos por Exitosa, estas mujeres han debido aprender a equilibrar su vocación de servicio con el rol materno, priorizando la organización y el apoyo mutuo en casa.
Las madres que integran los equipos de emergencia en Perú cumplen turnos prolongados y pueden perderse momentos clave con sus hijas e hijos, pero mantienen su compromiso con la comunidad y encuentran en sus familias una red de comprensión y orgullo. La enfermera Sandra Carlos Ramos, vocera del SAMU, explica que cuando una emergencia ocurre minutos antes de su salida, debe permanecer y atender la situación, aunque eso signifique llegar tarde a casa y enfrentar la tristeza de sus pequeñas, quienes comprenden que su trabajo salva vidas.
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Bomberas que vencieron prejuicios para salvar vidas
La historia de las mujeres en los cuerpos de bomberos en Perú ha estado marcada por la discriminación y los prejuicios de género. Mónica Parasi Valdivia, teniente coronel brigadier del Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú, fue la primera mujer en la compañía Garibaldi, donde todos los integrantes eran hombres. “La luché bastante por el mismo machismo, porque decían que las mujeres no servían para eso, que solo servían para la cocina”, señala. Aunque reconoce que hoy el 90 % de sus colegas acepta plenamente a las mujeres en la institución, admite que persisten resabios de machismo, sobre todo en las compañías más antiguas.
Susan Tong, teniente y piloto maquinista del mismo cuerpo, ingresó a los diecisiete años. Recuerda que, en 1999, las bomberas eran escasas y tenían que apoyarse entre ellas para aprender las tareas y enfrentar emergencias. “Las bomberas más antiguas te guiaban y explicaban cómo era la labor, y veías que eso era lo que querías hacer”, afirma. En la actualidad, Tong es responsable de conducir camiones contra incendios y supervisar la operatividad en cada intervención, una posición en la que la técnica y la concentración resultan tan importantes como la fuerza física.
El avance de las mujeres en estos espacios no ha sido sencillo. Parasi Valdivia relata episodios dolorosos, como el impacto de atender su primer fallecido o participar en grandes tragedias nacionales como el incendio de Mesa Redonda. “Son imágenes que te quedan de por vida. Pasaron muchos años para poder hablar de eso”, comenta. La exposición a situaciones extremas exige, además, un trabajo emocional constante para poder continuar en la función y sostener el vínculo familiar.
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Entre la maternidad y la primera línea de emergencia
La conciliación entre la vida profesional y la maternidad es un desafío constante para las madres que integran servicios de emergencia. Sandra Carlos Ramos, quien es madre de dos niñas y enfermera del SAMU, explica que la organización es clave, pero no siempre suficiente: “Trato de optimizar mi tiempo y priorizar las actividades con mis hijas, pero ser enfermera implica responsabilidad y sacrificio; muchas veces no estoy en cumpleaños o actuaciones escolares”.
El contexto de la pandemia de COVID-19 agravó esta realidad. El personal de salud, además de largas jornadas, debió extremar cuidados en casa para evitar contagiar a sus familias. “Usábamos mascarillas y cambiábamos la ropa antes de entrar, hasta en casa debíamos mantener distancia”, cuenta Carlos Ramos, quien también enfrentó el estigma de vecinos que la miraban con recelo por su trabajo en emergencias.
La adaptación familiar es fundamental. Mónica Parasi Valdivia, madre de dos hijos y esposa de bombero, ha logrado integrar a su familia en la rutina de la compañía, donde sus hijos participan y comprenden la importancia del servicio. “No es un rol que yo esconda para justificar ausencias; ellos se creen bomberos y comparten el orgullo”, señala. Susan Tong coincide: el apoyo mutuo entre colegas y familiares es esencial, y destaca la solidaridad que reciben de la comunidad cuando atienden incendios en barrios populares.
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La maternidad, lejos de ser un obstáculo, fortalece el compromiso de estas profesionales. Sandra Carlos Ramos reconoce que el instinto materno se activa al atender a niños en emergencias, y que la empatía con las madres de los pacientes es inmediata. “Transmitir seguridad y tranquilidad es parte de nuestro trabajo”, afirma. La búsqueda de espacios para el autocuidado emocional es también un reto, pero resulta indispensable para poder sostener el doble rol de madre y profesional en escenarios de alta exigencia.