A menos de dos semanas de las Elecciones presidenciales en Perú, el tablero político se mantiene en un estado de fragmentación sin precedentes, con hasta 35 candidatos compitiendo por la presidencia y ningún postulante logrando consolidar un liderazgo nacional. Las encuestas de las principales firmas —Ipsos, Datum y CPI— reflejan una ciudadanía marcada por la desconfianza, el desencanto y la volatilidad, con niveles de indecisión y voto en blanco que superan al respaldo individual de cualquier candidato. En este clima de incertidumbre, los debates presidenciales apenas han movido el tablero, y el desenlace se perfila impredecible.
Ipsos: dispersión nacional y grieta regional
La encuesta nacional de Ipsos, realizada entre el 26 y 27 de marzo de 2026, muestra que Keiko Fujimori (Fuerza Popular) lidera con apenas 11% de intención de voto, seguida de Rafael López Aliaga (Renovación Popular) con 9% y Carlos Álvarez (País para Todos) con 8%. Más abajo aparecen Jorge Nieto (Buen Gobierno) con 5%, Alfonso López Chau (Ahora Nación) con 4% y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) también con 4%. El bloque de “otros candidatos” suma un 12%, mientras que el voto blanco, viciado o nulo se mantiene alto, con 21%, y un 13% adicional no precisa su preferencia.
La dispersión se acentúa al analizar las regiones. En Lima Metropolitana, Keiko Fujimori encabeza con 16%, seguida de López Aliaga (15%), mientras que en el norte, Fujimori amplía su ventaja con 18%. Sin embargo, en el centro y el sur, el liderazgo se diluye: ningún candidato supera el 8% y el voto blanco/viciado alcanza picos del 27% al 29%. Estos datos revelan que la capital y la costa norte son los principales bastiones de los candidatos punteros, pero fuera de estos territorios predomina la indecisión y el rechazo.
La evolución anual del voto en blanco/viciado/nulo es otro signo del desencanto: tras alcanzar un máximo de 39% a fines de 2025, la cifra ha descendido a 21%, pero sigue siendo determinante en el desenlace electoral.
En la encuesta previa al debate, detrás de Fujimori y López Aliaga, había un cuádruple empate técnico de 5% entre Carlos Álvarez, Jorge Nieto, Alfonso López Chau y Roberto Sánchez. El debate permitió a Álvarez dar un salto de dos puntos, mientras Nieto se mantiene y López Chau y Sánchez retroceden un punto.
Destacan también los ascensos puntuales: Marisol Pérez Tello (Primero la Gente) salió del bloque de “otros” y subió a 2% tras un desempeño sólido en el debate, al igual que Fernando Olivera (Frente de la Esperanza), que capitalizó su tono confrontacional. Por el contrario, figuras como José Luna (Podemos) y Mario Vizcarra (Perú Primero) pierden presencia y caen al bloque de candidatos menores.
Datum: variaciones abruptas y polarización limeña
El último sondeo de Datum, realizado entre el 25 y 27 de marzo, revela tendencias similares: en Lima y Callao, Keiko Fujimori registra un repunte de casi cinco puntos, pasando de 11,9% a 16,5% en dos semanas, mientras que Rafael López Aliaga sube aún más, de 11,7% a 17,4%. Carlos Álvarez también crece, de 5% a 7,1%. Sin embargo, fuera de la capital, la volatilidad y la dispersión son la norma.
En la macrorregión norte, Fujimori cae de 16,2% a 7,9%, López Aliaga crece levemente y Carlos Álvarez retrocede a la mitad. Alfonso López Chau y Jorge Nieto logran cifras moderadas, y el voto blanco/nulo/indeciso alcanza 14,6%.
En el centro, Alfonso López Chau se dispara a 15,2%, liderando la región, mientras los demás candidatos se mantienen o no logran crecer. En el sur, Jorge Nieto salta al primer lugar con 9%, Fujimori duplica su base hasta 9,6%, y el voto atomizado y la indecisión persisten.
La comparación de tendencias nacionales muestra que Fujimori pasó de 8,8% en enero a 13% en marzo, con su mayor salto en Lima; López Aliaga subió de 8% a 11,7%, también con fuerza en la capital, pero estable en regiones. Carlos Álvarez crece sostenidamente, sobre todo en Lima y la sierra urbana, mientras Chau y Nieto lideran nichos regionales, pero con baja presencia nacional.
El porcentaje de indecisos, blancos y nulos oscila entre 25% y 28% a nivel nacional, y es aún mayor en el norte y sur, lo que podría modificar radicalmente el mapa electoral en los próximos días. El resumen territorial es claro: Lima define la primera línea de pelea entre Fujimori y López Aliaga, mientras el resto del país se reparte entre liderazgos regionales y una fuerte desafección.
CPI: escenario ajustado y liderazgo disputado voto a voto
La encuesta de CPI, difundida por RPP, sostiene la tendencia de fragmentación: Rafael López Aliaga lidera con 11,7%, seguido de Keiko Fujimori con 10,1%. Alfonso López Chau ocupa el tercer lugar con 6,6%, seguido de Jorge Nieto (3,9%) y Carlos Álvarez (3,5%). Otros, como César Acuña, Roberto Sánchez, José Luna Gálvez y Wolfgang Grozo, oscilan entre 3% y 5%. El bloque de indecisos alcanza el 23,1%, con mayor peso entre jóvenes de 18 a 24 años.
El simulacro de votación de CPI, realizado con réplica de la cédula oficial, muestra un virtual empate entre López Aliaga (13,5%) y Fujimori (13,1%) en votos emitidos, que se amplía a 17,9% y 17,3% respectivamente al considerar solo votos válidos. López Chau logra 7,9% de votos emitidos y 10,5% de válidos, mientras Nieto y Álvarez se mantienen entre el 6% y el 5%. El voto en blanco/viciado asciende al 24,2%, superando a cualquier candidatura individual.
Este escenario refuerza la percepción de que la elección se decidirá en los márgenes y en la movilización de los indecisos. Según CPI, la tendencia de López Aliaga es a la baja respecto a inicios de año, mientras Fujimori muestra un crecimiento gradual. López Chau duplica su respaldo y Nieto protagoniza un ascenso notable desde enero. La encuesta confirma que la fragmentación y la volatilidad son la norma, y que cualquier movimiento puede alterar el orden de llegada al ballotage.
Desconfianza, desinformación y lógica pragmática
Los datos de las tres principales casas encuestadoras coinciden en varios puntos: la fragmentación extrema, la ausencia de un liderazgo nacional sólido, el peso del voto blanco/indeciso y la volatilidad regional. La cantidad inédita de candidatos —35 en total— y el tamaño del tarjetón electoral reflejan una oferta política que ha perdido la capacidad de representar y entusiasmar a la ciudadanía.
Especialistas como Paulo Vilca Arpasi, del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), subrayan para la revista ‘Memoria’ de la PUCP que la ruptura entre ciudadanos y política es profunda y viene de una larga crisis institucional. La percepción de que los procesos electorales no tienen impacto en la vida cotidiana, sumada a la experiencia de presidentes destituidos y congresos dominantes, alimenta el desapego y la desconfianza. La encuesta del IEP de octubre de 2025 identificó tristeza, frustración y cólera como sentimientos dominantes ante la política nacional.
Estudios de Ipsos también muestran que el 68% de los peruanos identifica el crimen y la violencia como su principal preocupación, muy por encima del promedio regional, mientras la corrupción sigue siendo vista como un problema estructural. El desgaste institucional, la inseguridad y la falta de respuestas efectivas desde el Estado refuerzan la desconfianza en los candidatos y en el proceso democrático mismo.
En este clima, el voto peruano se vuelve menos ideológico y más pragmático: el 44% de los ciudadanos declara votar por quien “cree que le irá mejor a la mayoría”, frente a solo un 20% que busca afinidad programática. La cultura antipolítica, la fragmentación del sistema de partidos y la saturación de ofertas hacen que el voto sea un ejercicio de minimización de daño, más que de identificación entusiasta.
El proceso electoral de 2026, con su caudal de candidatos, listas y cargos en juego, llega en un contexto de polarización, inseguridad y escasa información: solo el 28% de los ciudadanos se considera bien informado sobre las alternativas en competencia. Los especialistas coinciden en que la desinformación y la apatía son riesgos para la gobernabilidad futura, y que la decisión de los indecisos —y el comportamiento del voto blanco/viciado— podría definir tanto el acceso a la segunda vuelta como el rumbo político de los próximos años.
Un escenario abierto e impredecible
A solo nueve días del 12 de abril, el escenario electoral peruano sigue completamente abierto. Ningún candidato logra tomar la delantera de forma clara, y la suma de indecisos, blancos y nulos supera la adhesión de cualquier postulante. La experiencia reciente demuestra que las sorpresas de último minuto son posibles en un país donde la volatilidad es la regla y la desconfianza el clima dominante.
La jornada de debates y el desenlace de la campaña h movido nuevamente las fichas. De momento, la incertidumbre y el escepticismo de los peruanos condicionan una elección que, como en 2021, podría decidirse en los últimos días y con márgenes mínimos. El reto para los candidatos y la ciudadanía será, más que nunca, reconstruir la confianza y garantizar la gobernabilidad en un país marcado por la crisis política y la demanda de cambio.