El ayuno intermitente ha cobrado relevancia entre los peruanos en los últimos años, motivando a muchas personas a modificar sus hábitos alimentarios con el fin de mejorar la salud. Datos del Ministerio de Salud (Minsa) y del Seguro Social de Salud (EsSalud) indican que este enfoque ha ganado popularidad en Lima y otras regiones del país, donde crece el interés por estrategias que contribuyen a la prevención de enfermedades metabólicas y al bienestar general. La práctica del ayuno intermitente consiste en alternar periodos de ingesta de alimentos con intervalos de restricción calórica, lo que ha sido asociado con beneficios como la pérdida de peso, la longevidad, el control glucémico y la reducción de factores de riesgo cardiovascular.
Un proceso biológico fundamental vinculado al ayuno intermitente es la autofagia. Este mecanismo, cuya investigación ha avanzado en las últimas décadas, desempeña un papel central en la protección celular y la prevención de enfermedades. La autofagia permite al organismo reciclar componentes celulares dañados, mantener el equilibrio interno y optimizar el funcionamiento de los tejidos.
Estas son las enfermedades que se pueden prevenir con la autofagia
La activación de la autofagia durante el ayuno intermitente contribuye a prevenir una serie de enfermedades crónicas y degenerativas. Entre ellas destacan:
- Diabetes tipo 2: la autofagia mejora la sensibilidad a la insulina y regula el metabolismo de la glucosa, factores que ayudan a reducir el riesgo de desarrollar esta enfermedad.
- Enfermedades cardiovasculares: al eliminar células dañadas y reducir la acumulación de lípidos en los vasos sanguíneos, la autofagia protege el sistema cardiovascular, disminuyendo la probabilidad de aterosclerosis, hipertensión y eventos coronarios.
- Cáncer: el proceso de reciclaje celular contribuye a limitar el daño genético y elimina células precancerosas antes de que evolucionen a tumores malignos.
- Enfermedades neurodegenerativas: la autofagia favorece la eliminación de proteínas anómalas que se acumulan en el cerebro, asociadas a trastornos como el Alzheimer y el Parkinson.
- Hígado graso y enfermedades hepáticas: este mecanismo ayuda al hígado a descomponer los depósitos grasos y toxinas, previniendo el desarrollo de esteatosis hepática y otras patologías.
- Enfermedades inflamatorias crónicas: al modular la respuesta inmune y limpiar células dañadas, la autofagia reduce la inflamación sistémica y el riesgo de afecciones autoinmunes.
El Minsa y EsSalud recomiendan que la práctica de ayuno intermitente y la activación de la autofagia se realicen bajo supervisión médica, especialmente en personas con enfermedades crónicas o condiciones particulares de salud.
La autofagia
La autofagia es un proceso natural mediante el cual las células degradan y reciclan sus propios componentes dañados o envejecidos. El término proviene del griego y significa “comerse a sí mismo”. Este mecanismo permite eliminar organelos defectuosos, proteínas dañadas y residuos celulares, lo que contribuye a mantener la salud y el equilibrio en los tejidos.
Durante el ayuno, al disminuir la disponibilidad de nutrientes, las células activan la autofagia para obtener energía y materiales indispensables para su supervivencia. Este proceso resulta esencial en la prevención de enfermedades, ya que evita la acumulación de desechos celulares y protege contra el estrés oxidativo.
Por qué la autofagia es clave para la longevidad
La autofagia cumple una función decisiva en la longevidad y el envejecimiento saludable. Al limpiar el interior de las células y renovar sus componentes, este mecanismo previene el deterioro progresivo de los órganos y contribuye al buen funcionamiento del organismo a lo largo del tiempo.
Estudios realizados en modelos animales y humanos han demostrado que la activación periódica de la autofagia, como ocurre durante el ayuno intermitente, se asocia con una mayor esperanza de vida y una menor incidencia de enfermedades crónicas. El proceso favorece la regeneración tisular, protege contra el daño oxidativo y mantiene la homeostasis celular, factores esenciales para un envejecimiento saludable.
Tipos de ayuno intermitente
El ayuno intermitente se clasifica según las horas en las que se come y se ayuna. Uno de los más conocidos es el 12:12, que consiste en ayunar 12 horas y comer durante las otras 12, ideal para principiantes. El 14:10 amplía el ayuno a 14 horas. El método 16:8 es uno de los más populares y propone ayunar 16 horas y concentrar las comidas en 8. También existe el 18:6, más exigente, y el 20:4, conocido como dieta del guerrero. A mayor número de horas de ayuno, mayor exigencia para el cuerpo.
No es para todos
De acuerdo a la Clínica Mayo, la base científica detrás del ayuno intermitente sugiere que estos periodos de restricción promueven cambios funcionales en las células, favoreciendo procesos de reparación, equilibrio energético y ajuste en las funciones corporales. Las investigaciones citadas indican que, a corto plazo, el ayuno intermitente puede generar mejoras en ciertos indicadores de salud como la glucosa en sangre, el peso corporal, los niveles de colesterol, la presión arterial y la inflamación crónica. No obstante, los efectos a largo plazo permanecen inciertos, y algunos estudios señalan que la restricción calórica por sí sola podría ofrecer beneficios similares a los obtenidos mediante el ayuno intermitente.
Además, la evidencia sobre los diferentes ciclos de ayuno no es concluyente. Mientras que algunos hallazgos sugieren mejoras, otros advierten que el ciclo de 16 horas de ayuno seguido de 8 horas de alimentación podría incluso elevar el riesgo de enfermedad cardíaca en comparación con otros esquemas de restricción.
No todos los efectos son positivos. Entre los síntomas adversos que pueden aparecer durante el ayuno intermitente se encuentran el cansancio intenso, mareos, dolores de cabeza, cambios en el estado de ánimo, estreñimiento y alteraciones en el ciclo menstrual. Particularmente en personas con diabetes, este patrón puede complicar el control de la enfermedad.
No todas las personas son candidatas ideales para este tipo de alimentación. El ayuno intermitente puede resultar incompatible con la vida social de quienes consideran el desayuno o la cena momentos importantes de convivencia. Además, no se recomienda para quienes padecen trastornos alimentarios, mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, ni para personas con riesgo elevado de pérdida ósea y caídas.
Antes de adoptar el ayuno intermitente como rutina, es fundamental consultar con un médico previamente. Existen otros patrones alimentarios que pueden ser igual de eficaces o incluso más apropiados según los objetivos y condiciones de salud individuales.