Un sitio arqueológico lleno de misterio, resistencia inca y descubrimientos fascinantes: esta es la historia detrás de Cerro de Oro

A lo largo de más de una década de investigación, la arqueóloga Francesca Fernandini desenterró secretos de antiguas civilizaciones que dejaron su huella en la arquitectura, la cerámica y las creencias de su época. A través de su trabajo, se rescató fragmentos de un pasado fascinante que continúan revelando la vida de los antiguos peruanos

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Un sitio arqueológico único en Cañete revela su rol clave como centro político y cultural entre los siglos VI y X. (Infobae Perú)

En la árida costa sur del Perú, donde el desierto se encuentra con el mar, se alza un sitio arqueológico de trascendental importancia: Cerro de Oro, con sus imponentes murallas de barro que desafían el tiempo. Ubicado cerca del río Cañete, este lugar no solo domina el paisaje, sino que también resguarda siglos de historia, cultura y misterio. Durante casi un milenio, entre los siglos VI y X, fue el epicentro de un asentamiento humano que destacó como referente económico, político y religioso de su época.

El trabajo de investigación llevado a cabo en Cerro de Oro ha permitido descubrir no solo los aspectos materiales de la vida de sus habitantes, sino también sus creencias, su organización social y su conexión con otras culturas contemporáneas, como las de Nazca y Lima. El esfuerzo detrás de estas investigaciones son monumental y es liderado por Francesca Fernandini, arqueóloga de la Pontificia Universidad Católic|a del Perú (PUCP), quien dedicó más de una década al estudio del sitio.

El proyecto arqueológico Cerro de Oro (PACO) es el fruto de años de meticulosos estudios que han permitido comprender la complejidad del lugar. La arqueóloga, en conversación con Infobae Perú, nos introduce a este fascinante mundo donde los restos de antiguas civilizaciones fueron rescatados, estudiados y puestos a disposición de la comunidad. Como ella misma señala, el libro recientemente publicado titulado ‘Cerro de Oro’: Mil años de historia en barro en la Costa Sur del Perú, es una síntesis de doce años de trabajo, y constituye una valiosa herramienta tanto para la comunidad científica como para la población local, quienes tienen ahora acceso a una rica fuente de conocimiento histórico.

Estratégicamente ubicado entre el río Cañete y el océano, su entorno favoreció el desarrollo agrícola y comercial. (Composición: Infobae / fotos: Paula Elizalde)
Estratégicamente ubicado entre el río Cañete y el océano, su entorno favoreció el desarrollo agrícola y comercial. (Composición: Infobae / fotos: Paula Elizalde)
“Muchísimas gracias por venir hasta aquí el día de hoy. Efectivamente, nos encontramos en el sitio arqueológico Cerro de Oro”, comenta Fernandini al comienzo de su charla. El lugar, según explica, se encuentra estratégicamente ubicado entre los campos de cultivo y con vistas al mar, lo que explica su relevancia para los antiguos habitantes de la región. Con una extensión de 150 hectáreas, el sitio fue ocupado por diversas culturas que dejaron su huella en forma de arquitectura, templos y cementerios, dando vida a un centro urbano que, en su apogeo, fue un centro neurálgico de la región.

El impacto de este asentamiento fue tal que, a pesar de ser abandonado temporalmente, su importancia como cementerio regional fue evidente en épocas posteriores, cuando el lugar volvió a ser utilizado. Algo de lo cual no se pudo librar este lugar arqueológico fue del huaqueo, esa práctica destructiva de saquear restos arqueológicos, afectó gravemente el sitio a lo largo de los siglos. Sin embargo, gracias a la intervención de autoridades locales y de la arqueóloga Fernandini, la situación mejoró, y hoy el lugar está protegido por un guardián que vela por su conservación.

Las huellas del pasado

La historia de Cerro de Oro se remonta a alrededor del año 500 d.C., una época que coincide con las culturas Lima, Nazca y Moche, como señala la arqueóloga. “Aquí, especialmente, tenemos mucha influencia, sobre todo de Nazca y Lima, en la cerámica y los textiles”, explicó. Durante aproximadamente 500 años, Cerro de Oro fue un lugar de ocupación continua, hasta que finalmente, a fines del siglo X, se abandonó.

No obstante, el sitio no desapareció completamente. En épocas posteriores, como señala experta, el lugar fue utilizado como un cementerio regional, y a pesar del huaqueo, los restos encontrados en la superficie son testigos de la vida y la muerte de aquellos que habitaron el lugar. La arqueóloga también cuenta que el sitio fue conquistado por los Incas, quienes, a pesar de las dificultades para acceder a la región debido a su fértil tierra y su abundancia de recursos, lograron imponer su dominio.

En Cerro de Oro encuentras tierras fértiles y cerca al mar. (Foto: Infobae / Paula Elizalde)
En Cerro de Oro encuentras tierras fértiles y cerca al mar. (Foto: Infobae / Paula Elizalde)

“Cuando los Incas empezaron a bajar a la costa, conquistaron primero las zonas más fáciles, como Asia. Hicieron un gran trato con Chincha, pues eran comerciantes y controlaban el comercio marítimo. El Inca se alió con ellos. Pero Cañete no lograron conquistarlo. La tierra era fértil, tenían mucha comida, y por eso no tenían interés en negociar con el Inca”, comenta Fernandini al abordar la historia de la resistencia local. Según relatos históricos, la conquista de Cerro de Oro fue particularmente sangrienta, durando varios años, hasta que finalmente, a través de un astuto acuerdo diplomático, los habitantes de la región cedieron ante los Incas.

“La guerra duró unos tres o cuatro años. En un momento, según la crónica y la leyenda, la esposa del Inca, quien originalmente era Huayna Cápac y no provenía de esta región, le dijo: ‘La curaca de Cerro Azul, que además es mujer, no se está entendiendo bien contigo. Déjame negociar con ella. Tú ya has perdido cuatro años peleando sin lograr nada’. Así, la esposa del Inca se acercó a la curaca, quien se encontraba a bordo de un barco, y le planteó: ‘Tu gente está cansada y muriendo. ¿Por qué no llegamos a un acuerdo? Me ofreces un tributo y pueden vivir tranquilos’, La curaca aceptó”, contó Francesca Fernandini.

La preservación del patrimonio

El proyecto arqueológico tuvo un impacto significativo en la comunidad local, que ahora se ve involucrada activamente en la protección y divulgación del patrimonio cultural. “Los vecinos de Cerro de Oro se han convertido en embajadores del sitio arqueológico. Además, hemos construido infraestructura para el visitante, como senderos y miradores, lo que ha facilitado el acceso al sitio”, explicó la arqueóloga.

La arqueóloga Francesca Fernandini lidera una década de investigación para rescatar y comprender la riqueza de Cerro de Oro. (Foto: Infobae / Paula Elizalde)
La arqueóloga Francesca Fernandini lidera una década de investigación para rescatar y comprender la riqueza de Cerro de Oro. (Foto: Infobae / Paula Elizalde)

El trabajo de conservación es constante y, a pesar de los desafíos logísticos y financieros, ya que no cuentan con apoyo económico del Ministerio de Cultura, el sitio sigue siendo un centro de estudio y educación. Los estudiantes de arqueología de la Universidad Nacional de Cañete colaboran en la gestión de las visitas, y la población local se beneficia de este proyecto, tanto en términos educativos como en el desarrollo de actividades turísticas. Fernandini también resaltó la importancia de la colaboración con instituciones locales y el uso de las redes sociales para difundir información sobre el sitio, lo que ha incrementado su visibilidad y permite que más personas se acerquen a conocer este valioso patrimonio.

Además, la figura de la huanca, una piedra sagrada que se encuentra en la zona principal del sitio, rodeada por altos muros, añade un toque místico a la historia de Cerro de Oro. “La palabra huancas se usa para designar piedras sagradas, y en el sitio tenemos una roca muy grande que parece haber sido utilizada como altar”, menciona Fernandini.

Un futuro de investigación y divulgación

A pesar de los avances logrados, el trabajo en Cerro de Oro continúa. La investigación sigue siendo una prioridad, y nuevas tecnologías, como el uso de georradares, permitió explorar áreas que aún no son excavadas. Estos avances abren la puerta a nuevos descubrimientos que podrían arrojar más luz sobre la vida de los antiguos habitantes de la región.

El análisis isotópico de los restos encontrados en Cerro de Oro revalaron detalles interesantes sobre la dieta de sus habitantes, quienes, a pesar de la presencia de maíz en la región, consumían una dieta diversa que incluía pescado y mariscos y productos agrícolas. Estos descubrimientos han enriquecido la comprensión sobre la economía y la vida cotidiana de los habitantes del sitio, y permite a los investigadores acercarse cada vez más a una imagen fiel de cómo vivían estos pueblos preincaicos.

En las excavaciones, se encontró representaciones que sugieren una simbología vinculada a la muerte y el sacrificio, como la cabeza que se muestra en la iconografía. Este tipo de representación, con los cabellos desordenados, indica que la figura está muerta o fue decapitada. Además, el ojo que se dirige hacia arriba es otro signo comúnmente asociado con el estado de trance o la muerte, lo que da un sentido ritual a la pieza.

Entre los hallazgos más fascinantes, se encuentra una vasija redonda que aparece en el libro como una especie de lenteja con un cráneo. Esta vasija tiene dos cráneos: uno se presenta de una forma, mientras que el otro lo observa desde un ángulo opuesto. La combinación de blanco y negro en la cerámica refuerza la idea de dualidad y contraste, algo que es muy común en las culturas prehispánicas, donde los opuestos como la vida y la muerte, o la luz y la oscuridad, eran símbolos recurrentes. Este tipo de artefacto demuestra la riqueza simbólica y estética que caracterizaba a las civilizaciones que habitaron la región.

Cerámicas con simbolismo ritual, pigmentos únicos y estructuras arquitectónicas revelan detalles de la vida cotidiana y espiritual. (PUCP)
Cerámicas con simbolismo ritual, pigmentos únicos y estructuras arquitectónicas revelan detalles de la vida cotidiana y espiritual. (PUCP)

En cuanto a los pigmentos encontrados, se identificó un uso particular de tonos más claros y cremosos en las cerámicas de algunas áreas. Estos colores parecen estar relacionados con el uso de cal en los pigmentos, lo que resalta el carácter distintivo de los materiales utilizados en la región. Un proyecto particularmente interesante fue la investigación de una roca local que parecía ser la fuente de un pigmento cremoso. Al analizarla en el laboratorio, se descubrió que esta roca, al ser procesada y quemada, generaba un pigmento conocido como epidota, un mineral utilizado en Europa desde la Edad Media, pero nunca antes identificado en Perú. Este hallazgo resaltó la conexión entre los recursos naturales y los procesos artísticos de las culturas antiguas.

Aunque la investigación revelaron mucho sobre los materiales y las técnicas utilizadas por las culturas de la zona, la arqueóloga destacó que no se han encontrado pruebas de un conocimiento avanzado de minería, especialmente en relación con el oro. A diferencia de otras culturas como los mochicas, que tenían un fuerte interés por los metales, las sociedades de la costa sur de Perú, como las de la Cerro Azul, no mostraban una inclinación hacia la metalurgia. Esto sugiere que, aunque podían tener acceso a recursos minerales, el uso de estos no era una prioridad en su cultura.

Estado actual de las excavaciones

Aún queda un 95% del sitio por explorar, con potencial para nuevos descubrimientos significativos. (PUCP)
Aún queda un 95% del sitio por explorar, con potencial para nuevos descubrimientos significativos. (PUCP)

A pesar de los importantes descubrimientos realizados, la investigación sobre el sitio está lejos de haberse completado. Aunque se encontraron más cráneos y otros artefactos, el trabajo de excavación no ha cubierto ni el 5% del total del sitio. Con tres temporadas de excavación en algunas áreas, como una plataforma elevada, y la atención prestada a las zonas pendientes, queda claro que aún hay mucho por descubrir. El trabajo de investigación no solo se enfoca en los hallazgos, sino también en cómo preservar y manejar adecuadamente el sitio arqueológico, un aspecto fundamental para garantizar su conservación a largo plazo.

Uno de los principales desafíos a los que se enfrenta el equipo es el cuidado del sitio. La arqueóloga Francesca Fernandini explicó la necesidad de establecer límites claros para proteger las áreas excavadas. Aunque se considera que no es necesario colocar una reja costosa, la implementación de algún tipo de marcador, como una cuerda, puede ayudar a delimitar el lugar sin causar daños. La preocupación radica en cómo las raíces de las plantas pueden afectar las estructuras arqueológicas si se plantan cerca de ellas. Por lo tanto, la protección de la zona requiere un enfoque cuidadoso para preservar la integridad del sitio mientras se continúa con la investigación.