
La provincia de Buenos Aires es la principal perjudicada por el reparto de fondos. El 37 por ciento de lo que recauda el gobierno nacional proviene de este distrito, pero solo regresa el 21 por ciento.
También es Buenos Aires la provincia más poblada (hay 17.569.053 de bonaerenses). Según datos de Unicef difundidos recientemente 8,6 millones de menores de edad son pobres en Argentina. Un dato que preocupa sobre todo si tenemos en cuenta que el 39% de los niños y niñas de todo el país viven en esta provincia.
Con casi todas las cuentas en rojo, Buenos Aires se encuentra en el podio de los rankings que nadie quiere liderar: pobreza e inseguridad, que además repercuten en una calidad educativa desigual y en un servicio de salud deficitario con el IOMA, un claro ejemplo del fracaso en la gestión sanitaria.
Por supuesto no escapa de la crisis económica y social que es transversal a toda la Argentina y de este modo, también sus habitantes se ven afectados por los aumentos en la canasta básica, los impuestos, el transporte y las tarifas. Viajar en colectivo hacia el trabajo se convirtió en un atentado contra el bolsillo y aquellas familias que habían decidido sacar a sus hijos de la escuela pública, cansadas de la discontinuidad en el ciclo lectivo, descubren que enviarlos a una escuela privada es algo cada vez más difícil de solventar. Lo mismo ocurre con las prepagas.
Con tantos indicadores en alerta, no hay recetas mágicas que resuelvan los problemas de la provincia de la noche a la mañana. Se requiere de planificación y constancia a mediano y largo plazo. Pero por sobre todas las cosas se necesita un trabajo coordinado entre el gobierno de la provincia y el gobierno nacional.
Axel Kicillof está atravesando su segundo mandato como gobernador de Buenos Aires, sin embargo, cuando inauguró el período de sesiones ordinarias en la Legislatura bonaerense, dio un discurso de diagnóstico. Como si recién estuviera llegando al Poder Ejecutivo.
Mientras todos esperábamos que hablara de un plan para abordar las urgencias que tenemos los bonaerenses, se dedicó a pelearse con el presidente Milei. En un intento de desviarnos de lo importante. Pero los bonaerenses estamos cansados de las maniobras distractivas y de la simulación en la gestión.
Durante toda la campaña electoral, el gobernador anunció su Plan 6X6 que prometía sacar a la provincia del estancamiento e impulsarla hacia el desarrollo. Pero hoy, en el quinto año de su gestión seguimos escuchando, con suma preocupación, diagnósticos adornados con el viejo recurso de echarle la culpa a otros en lugar de reconocer su incapacidad de gestión.
Los habitantes de la provincia estamos reclamando menos discursos y más valentía para recuperar nuestros recursos. Ser valiente no es gritar, ni redoblar la apuesta. Ser valiente es entender que la gente no puede más y ponerse a trabajar para solucionarles los problemas.
Necesitamos ese gesto de valentía. El de quien es capaz de poner el bien común por encima del ego y las aspiraciones personales.
El Pacto de Mayo ojalá simbolice un acuerdo macro que ponga sobre la mesa la realidad de nuestra provincia porque es urgente avanzar en una planificación que contemple la pluralidad de necesidades del territorio bonaerense, con acompañamiento a cada sector productivo para generar empleo genuino, con mejores rutas para comercializar nuestros productos, con escuelas de calidad, con más seguridad, con mejores hospitales y con obras para desterrar para siempre las inundaciones.
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