
La familia Pearson nos regaló enseñanzas de vida a lo largo de toda la serie This is Us. Nos fue mostrando, a través de su historia que comenzó en 1979 con el nacimiento de los hermanos, cómo revertir momentos tristes y de adversidad, cómo valorar esas pequeñas cosas cotidianas y un montón de otros mensajes sobre la vida misma.
Rebecca, la madre de la familia, nos dejó en la temporada final de la serie una nueva lección sobre la importancia de la planificación para cuidar la armonía familiar. Al avanzar su enfermedad de Alzheimer, decide anticiparse antes que la pérdida de la memoria le impida resolver por sí misma.
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Técnicamente, acude a la herramienta legal conocida como “directivas anticipadas”, que en la Argentina está contemplada en el Código Civil y Comercial. A través de este instrumento, una persona en pleno uso de sus facultades mentales manifiesta su voluntad respecto a ciertas decisiones para que sean cumplidas cuando ella pierda capacidad de expresión. Este recurso no sólo le garantiza el cuidado o tratamiento médico deseado, sino que, además, previene potenciales discusiones o conflictos entre sus seres queridos sobre lo que es lo mejor para ella.
A lo largo de las últimas temporadas fuimos viendo cómo Rebecca fue aceptando que su enfermedad era irreversible. Por eso, con la intención de ser clara en su deseo sobre cómo quería que continúen las cosas cuando su Alzheimer avance aún más y más, reunió a sus hijos y a su pareja, Miguel. A ellos les comunicó detalladamente qué quería que suceda cuando llegue ese momento.
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En esa conversación, Rebecca les cuenta a sus hijos que al fallecer su padre, tras el incendio de la casa familiar, resultó un shock para todos. Jack tenía alrededor de 40 años y tomó a la familia desprevenida. “El lado positivo de esta terrible enfermedad es que tengo la oportunidad de hacer un plan para aliviar alguna carga sobre ustedes”, les dijo su madre en ese encuentro.

“No importa cómo vaya esta enfermedad, si hay que tomar decisiones sobre mí, Miguel es el capitán del barco”, ordenó dejando en claro que nadie iba a anteponerse a lo que él decidiera. Miguel –su actual pareja- y ella venían hablando sobre todos los posibles escenarios futuros que pudieran aparecer. La posibilidad de que se produjeran discusiones con sus hijos la atemorizaba.
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Miguel no era su padre y una historia de egos y recelos podría aflorar si Rebecca no dejaba en claro su rol de “capitán” respecto a la enfermedad. “Lo último con lo que él tiene que lidiar es con los desacuerdos sobre mi cuidado, así que necesito que todos estemos de acuerdo”, demandó la matriarca.
Ella fue más allá: se anticipó incluso a la posibilidad que Miguel falleciera antes que ella. “En caso que Miguel no esté acá para tomar esas decisiones, necesito que uno de ustedes lo sustituya, y estuve pensando mucho sobre quién debería ser porque no quiero que haya confusiones ni peleas. Hay muchas razones para mi decisión y espero que los tres puedan respetarlo. Kate quiero que seas tú”, dijo Rebecca y largó un profundo respiro de alivio.
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A veces, en toda planificación, la parte más difícil no es la de tomar las decisiones, sino la de comunicarlas. Uno siente que se adelanta a algo que no pasó y que quizás nunca pase, y el miedo al impacto que esa pueda tener en los otros aterroriza.
Son muchísimas las historias que muestran que cuando esos escenarios futuros llegan, la armonía familiar corre un gran riesgo porque todos quieren tomar decisiones y cuando éstas se contraponen las peleas pueden ser extremas. Además, las decisiones deben tomar en momentos en los que las emociones personales están movilizadas por las circunstancias. Seguramente, las personas están frente a la pérdida efectiva o inminente de un ser querido y todo lo que eso conlleva.
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La conversación de Rebecca con sus hijos terminó con la aceptación por parte de los tres. Ellos no sólo se comprometieron a respetar el pedido de su madre sino que, además, “the Big Three” –como solían llamarse cariñosamente- cumplieron con esa promesa. Llegado el momento, tras la muerte de Miguel, cada uno contó cuál era su propuesta sobre cómo continuar con el cuidado de su madre. Pero los tres sabían que la decisión final la tendría Kate, su única hija mujer. Ésa era la voluntad de su madre y así fue.
Rebecca se tomó su tiempo para pensar en cada detalle y tuvo el valor de comunicarlo de forma clara a quienes correspondía. Su vivencia, que nos llegó al corazón a más de uno, nos deja la lección y recordatorio de que la planificación, ya sea patrimonial o en relación a temas de salud, ayudan a que los vínculos y la armonía familiar continúen y trasciendan a la vida de quien ya no está o no puede decidir.
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