Se perfilaba como un serio candidato a la presidencia. Robert "Bobby" Kennedy, desde que el 16 de marzo de 1968 había anunciado su intención de competir en las primarias del Partido Demócrata, había triunfado en Indiana, Nebraska y, luego de un traspié en Oregón, se impondría en Dakota del Sur y California. En un mes más la Convención Demócrata definiría su candidato presidencial. Para festejar este último triunfo, la noche del 5 de junio de 1968 se reunió junto a su equipo y seguidores en el Hotel Ambassador, ubicado cerca del centro de Los Ángeles.
No muy lejos de allí, en Pasadena, el fotoperiodista Boris Jaro descansaba en su casa. Se desempeñaba como freelance para Los Ángeles Times. Por la noche, llamó a la redacción para saber si había alguna cobertura para hacer y le dijeron que no, que esa noche no debía trabajar. Sin embargo, no se quedaría en casa.
Robert Francis Kennedy había nacido en Brookline el 20 de noviembre de 1925, y era el séptimo hijo y tercer varón de una familia de nueve hermanos que por décadas influiría en la vida política norteamericana. Había ingresado a Harvard para estudiar Derecho, pero al tiempo abandonó para enrolarse en la Marina y combatir en la Segunda Guerra Mundial, tal como habían hecho sus dos hermanos. El mayor, Joseph Kennedy Jr., moriría en 1944, cuando su avión explotó en el aire. Luego de la guerra, Bobby retomó los estudios y se graduó en la Universidad de Virginia, en 1951.
Su ascendente carrera en Derecho tomó un vuelco cuando decidió acompañar a su hermano John como director de su campaña presidencial y además como su principal asesor. Con su hermano en la Casa Blanca, se desempeñó como fiscal general de Estado y enfocó su labor en una cruzada contra el crimen organizado. Terminaría encarcelando a Jimmy Hoffa, líder del sindicato de camioneros. También dicen que su papel en la crisis de los misiles de Cuba en 1962 fue clave para llegar a una solución. Su biógrafo Evan Thomas dice que siempre tuvo empatía con los pobres, los marginados y la población negra.
Cuando su hermano fue asesinado, en Dallas, en noviembre de 1963, estuvo trabajando unos meses más en el gobierno, aunque luego renunció, ya que mantenía una pésima relación con el presidente Lyndon Johnson, especialmente a raíz de la mirada hacia el conflicto en Vietnam.
En 1965 resultó electo senador por Nueva York, y en su campaña en las primarias había criticado la intervención norteamericana en Vietnam, a la par que luchaba en contra de la segregación racial. Había señalado que antes que pasaran 50 años, Estados Unidos tendría un presidente negro. Y cuando el 4 de abril se enteró del asesinato de Martin Luther King, abogó por una reconciliación entre las razas. Llegó a ser definido como "el hombre blanco en el que más confía la América negra".
La noche del 5 de junio llegó al Hotel Ambassador el fotógrafo Boris Jaro, solo para darse el gusto de tomarle algunas fotografías a Bobby Kennedy, aun cuando sabía que no serían publicadas. También estaba su colega Bill Eppridge, de la revista Life. Jano preguntó al equipo del candidato si era posible hacerle unas tomas. Un colaborador de Bobby le dijo que, luego de hablarle al público, se dirigiría a una rueda de prensa en otro lugar del hotel, para lo cual debía tomar por un pasillo que pasaba por la cocina. Que ese sería un lugar más tranquilo. Hacia allí se dirigieron los fotógrafos.
En su discurso habló "sobre lo que vamos a hacer en las áreas rurales de este país, lo que vamos a hacer para aquellos que siguen pasando hambre en Estados Unidos, lo que vamos a hacer en el resto del mundo, o si debemos continuar con las políticas fallidas en Vietnam (…) Muchas gracias a todos, ahora vamos por Chicago. Vamos a ganar allá. ¡Gracias!".
Luego de las ovaciones, dejó el salón, empujó una puerta y caminó por el corredor. Mientras Juan Romero, un joven camarero de 15 años se estiraba todo lo que le era posible para estrechar su mano, cosa que logró, se supone que Kennedy vio a su asesino, que, de pie sobre una mesa, disparó seis tiros con un revólver Iver Johnson calibre 22. El autor se llamaba Sirhan Bishara Sirhan, era un jordano que declararía más tarde que lo había hecho por las opiniones de Kennedy favorables al Estado de Israel, que hacía tiempo que lo tenía decidido. Inmediatamente fue reducido. Un custodio puso su saco debajo de la cabeza de Kennedy que yacía en el piso, mientras era tomado de la mano por Juan Romero. Una bala había ingresado por detrás de su oreja izquierda, tenía otra en su brazo izquierdo y en su pierna derecha. "¿Están todos bien?", alcanzó a preguntar, mientras su esposa Ethel, embarazada, entraba al lugar.
Según declararía posteriormente, Jaro pensó que los disparos eran, en realidad, fuegos de artificio. Pero al verlo a Kennedy en el piso, comprendió lo que había ocurrido. Los fotógrafos comenzaron a disparar sus cámaras, a pesar de los pedidos y las protestas de las personas que estaban en el lugar. Terminadas las tomas, las fotografías revelaron una imagen cruda, dolorosa e impactante. Es la que aparece aquí, publicada originalmente en la edición Life en Español del 15 de julio de 1968.
Kennedy fue llevado al Hospital del Buen Samaritano de Los Ángeles, donde el 6 de junio a las 01:44 fue declarado muerto. De la misma manera que Bobby Kennedy llevaba su propia investigación sobre el asesinato de su hermano, uno de sus hijos hizo lo mismo con su padre. Llegó a entrevistarse con Sirhan, condenado a muerte en primera instancia, aunque en 1972 su sentencia pasó a ser de cadena perpetua. No está convencido de que el jordano haya sido el autor de los disparos, sino que detrás se escondería una conspiración, cuyas motivaciones habría que buscarlas en la larga lista de enemigos que Bobby Kennedy supo hacerse a lo largo de su carrera: su lucha contra el crimen organizado, contra la guerra en el sudeste asiático o contra los vendedores de armamentos. Bobby intuía que lo matarían. Solía decir: "Todos jugamos a la ruleta rusa".
El Hotel Ambassador ya no existe. En 1989 cerró sus puertas y fue demolido entre 2005 y 2006. En ese predio, funciona una escuela secundaria. Y una placa recuerda lo que allí le pasó a un hombre que acostumbraba repetir: "Algunos hombres ven las cosas como son y se preguntan: '¿Por qué?'. Yo sueño las cosas como nunca han sido y me pregunto: '¿Por qué no?'".
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