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Pastas secas y kilómetros: la logística detrás de una pyme familiar de alimentos

Federico Marini, socio de una empresa familiar productora de alimentos, cuenta cómo el costo logístico, la distribución territorial y la relación con proveedores definen la estrategia del negocio

Federico Marini es socio de una empresa familiar productora de alimentos (Foto: Movant Connection)

“No es lo mismo entregar un palet de cualquier manera que hacerlo de forma impecable”. Con esa comparación, Federico resalta el cuidado logístico que atraviesa toda la cadena de una pyme familiar de alimentos: desde el costo del transporte hasta la trazabilidad, la calidad y la expansión territorial en un mercado de consumo masivo cada vez más competitivo por la apertura importadora, donde cada punto de la cadena de valor termina pesando en el margen final del negocio.

¿Qué aprendizajes personales te dejó asumir la conducción de una empresa familiar con varias décadas de historia?

Lo primero fue la paciencia. Vivimos en la lógica del ya todo ya, pero en el día a día uno entiende que todo proceso tiene su tiempo. También aprendí a valorar al equipo: durante años la empresa estuvo dirigida por una sola persona, de forma piramidal, y nosotros crecimos pensando que teníamos que decidir todo. Con el tiempo entendimos que delegar cada área en quien sabe es la mejor decisión, y a eso se suma la persistencia en un país cambiante.

¿Cómo se fue visibilizando el rol de la logística dentro de la operación de la compañía?

Al estar en consumo masivo, el costo logístico pesa mucho en la estructura: entre un 8% y un 10% por unidad vendida. Es un mercado comoditizado y competitivo, con jugadores totalmente integrados frente a empresas que solo producen. Por eso decidimos sumar variedades dentro del rubro alimentos y no depender de un único producto, así llegamos a cada cliente con una gama más amplia, lo que ayuda a llenar el camión y ganar presencia en la góndola.

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¿Qué complejidad logística implica ampliar la distribución dentro de Argentina?

El costo logístico en un producto tan básico tiene un altísimo peso, así que ampliar la zona de cobertura es un desafío constante. Hoy la distribución llega a Buenos Aires, Gran Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe, Misiones y La Pampa, aunque en Capital Federal todavía hay poca presencia. El objetivo para el año próximo es entrar en Córdoba y profundizar en Santa Fe, sumando más cuentas en cada zona para que el ruteo sea lo más eficiente posible.

En la producción de alimentos, ¿qué permite construir una cadena de abastecimiento sólida y confiable?

Antes que nada, la trayectoria. Llevamos casi 70 años en el mercado y hay proveedores que trabajan con nosotros desde hace medio siglo. Siempre aparecen jugadores nuevos porque las necesidades se van renovando, pero lo principal para sostener una cadena de abastecimiento confiable son las relaciones de largo plazo y el tiempo compartido con cada proveedor.

¿Qué lugar ocupan la trazabilidad y la calidad en la logística de un producto alimenticio?

Contamos con un equipo de calidad propio, porque en alimentos la calidad es una condición para que el consumidor vuelva a elegir la marca. En un mercado comoditizado hay que cumplir con las expectativas del cliente, y eso incluye la logística: no es lo mismo entregar un palet de cualquier manera que hacerlo de forma impecable. Tratamos de sostener esa calidad desde que ingresa la materia prima hasta que llega al distribuidor.

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"En un mercado comoditizado hay que cumplir con las expectativas del cliente, y eso incluye la logística", resalta Federico sobre las condiciones de entrega (Foto: Shutterstock)

¿Cómo trabajan la confianza con los proveedores de transporte para asegurar el cuidado del producto?

Trabajamos con cada proveedor desde hace diez años como mínimo, y hay uno con el que la relación supera los treinta. Ese tiempo compartido genera un trato directo con los dueños, que conocen los valores con los que trabajamos. Los desvíos fueron mínimos y siempre se resolvieron conversando. Al no manejar un volumen comercial muy grande, nos mantenemos con los mismos proveedores de siempre, así que no hay demasiada rotación detrás de esa relación.

¿Qué problemáticas escuchás entre otros empresarios del consumo masivo en el contexto actual?

Lo que más se repite es el efecto de la apertura de importaciones, que golpeó fuerte el margen de varios rubros, sobre todo el textil. En alimentos compartimos una situación parecida: costos que suben de forma constante, una estructura que pesa cada vez más y precios de venta planchados por la caída en la demanda. Frente a eso, la respuesta fue reinventarse: abrir zonas nuevas, sumar volumen y ser más eficientes puertas adentro.

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