
El sarampión es una enfermedad vírica muy contagiosa que afecta principalmente a la infancia.
La forma más efectiva para prevenirla es la vacunación, aún así, puede haber dudas sobre los efectos secundarios.
Las reacciones adversas tras la vacunación son, en general, poco frecuentes y leves.
Entre los posibles efectos, la AEP enumera fiebre moderada con o sin sarpullido, que puede aparecer entre cinco y quince días después de la aplicación.
En casos poco habituales, se han documentado episodios de disminución transitoria de las plaquetas o inflamación articular.

La AEP subraya la ausencia de vínculo entre la vacuna triple vírica y el autismo infantil.
No existe ninguna relación entre la inmunización frente al sarampión y el desarrollo de autismo, una afirmación refrendada por la evidencia científica.
¿Cómo saber si tengo sarampión?
Sus síntomas habituales incluyen fiebre alta, erupción cutánea, tos seca y conjuntivitis.
En los últimos años, los casos han vuelto a crecer en Europa, lo que ha llevado a las autoridades a insistir en la importancia de la vacunación.
Entre los signos distintivos del sarampión destaca la aparición de manchas de Koplik, que son puntos blancos con halo rojizo en la mucosa de la boca.
Además de sus síntomas clásicos, el sarampión puede presentar complicaciones como otitis, neumonía o encefalitis, especialmente en población no inmunizada.
¿Por qué hay rebrote de sarampión?
El reciente incremento de casos en Europa se debe sobre todo a la disminución de la cobertura vacunal y a la persistencia de falsos mitos sobre las vacunas.

La pérdida de confianza en la inmunización dificulta la erradicación de la enfermedad en la región.
Mientras tanto, en África y Asia el sarampión sigue causando un elevado número de muertes infantiles, manteniendo su condición de problema mundial de salud pública.
Actualmente, la prevención se basa principalmente en la vacunación.
Actualmente se emplean dos tipos de vacuna: la triple vírica (SRP), que protege contra sarampión, paperas y rubéola; y la tetravírica (SRPV), que incluye también protección frente a la varicela.
Ambas formulaciones contienen virus vivos atenuados y generan una respuesta inmunitaria duradera sin provocar la enfermedad.
La Asociación Española de Pediatría recomienda vacunar universalmente a todos los niños con dos dosis. La primera debe administrarse al cumplir los 12 meses de edad.
La segunda, con posibilidad de utilizar la tetravírica si se requiere protección frente a la varicela, está prevista para los dos años a partir de 2025, aunque en los calendarios actuales se sitúa en los tres o cuatro años.
Si la vacuna se aplica antes de los 11 meses, por motivos como viajes internacionales, esa dosis no cuenta para la pauta vacunal estándar.
El calendario español permite que la triple vírica o la tetravírica se administren junto con otras vacunas, o bien en momentos distintos, sin afectar la protección. Sin embargo, si la vacuna de la varicela o la de la fiebre amarilla no se administran el mismo día que la triple vírica, debe dejarse un intervalo de un mes entre ambas.
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