
La creciente presencia de los teléfonos inteligentes en la vida cotidiana ha dado lugar a un fenómeno que, según el Instituto Europeo de Psicología Positiva (IEPP), puede tener consecuencias profundas en las relaciones personales: el phubbing.
Este término, que resulta de la combinación de las palabras inglesas phone (teléfono) y snubbing (desaire), se utiliza para describir el acto de ignorar a quienes nos rodean por prestar atención exclusiva a la pantalla del móvil. En español, el concepto se traduce como una forma de ninguneo, y su impacto se extiende mucho más allá de lo que suele reconocerse.

El phubbing se ha convertido en una conducta cada vez más habitual, impulsada por el acceso permanente a internet y la necesidad constante de conexión. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2024 el uso medio diario del smartphone en España alcanzó las cinco horas y un minuto, una cifra que ilustra la magnitud del fenómeno.
Esta tendencia no solo afecta la calidad de las interacciones sociales, sino que también puede deteriorar de manera significativa las relaciones de pareja. Diversos estudios han analizado las consecuencias del phubbing en el ámbito afectivo. Una investigación realizada por la Universidad de Baylor (Texas) identificó que este comportamiento, al que denominaron Phubbing, genera conflictos dentro de la pareja.

Los autores del estudio concluyeron que “estos conflictos tienen un efecto negativo significativo en la satisfacción en la relación”, y que el impacto es especialmente marcado en personas con “alta ansiedad por apego”. De este modo, la costumbre de interrumpir una conversación para revisar mensajes o contenidos en redes sociales puede erosionar la confianza y la cercanía entre los miembros de la pareja.
No obstante, el alcance del phubbing no se limita a las relaciones sentimentales. Una investigación de la Universidad de Kent (Reino Unido) demostró que la simple presencia de un teléfono móvil durante una conversación puede reducir la percepción de intimidad y confianza entre los interlocutores. El estudio advierte que “la interferencia constante de la tecnología puede llevar a una menor satisfacción, aumentando los síntomas de depresión y ansiedad”.

Así, el uso indiscriminado del móvil no solo afecta la calidad de las relaciones, sino que también puede incidir en el bienestar emocional de las personas. El fenómeno también repercute en el entorno familiar. La tendencia a priorizar la interacción digital sobre la presencial debilita los lazos familiares y limita la construcción de experiencias valiosas en el seno del hogar.
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