
Investigaciones recientes sugieren que la mediana edad, en específico, entre los 40 y 60 años, podría ser un periodo crucial para el envejecimiento del cerebro y la detección de futuros riesgos cognitivos como la demencia. Este hallazgo, resultado de estudios por equipos científicos de la Universidad Johns Hopkins y la Universidad de Mississippi, revela que cambios en las moléculas inflamatorias en la sangre durante esta fase de la vida pueden predecir alteraciones cognitivas hasta veinte años después.
La investigación destaca que, durante la mediana edad, se producen cambios más acelerados que graduales en el cerebro y la estructura del hipocampo, esencial para la formación de nuevos recuerdos. Un aspecto alarmante es que, a medida que las conexiones neuronales, o sustancia blanca, pierden volumen, la transmisión de señales y el procesamiento de la información se ralentizan, lo que podría tener un impacto significativo en la capacidad cognitiva general.
La pérdida de memoria es un factor del deterioro cognitivo
La inflamación sistémica en la mediana edad podría ser un precursor temprano del deterioro cognitivo en años posteriores. En una amplia muestra superior a 12 mil personas, se observó que mayores niveles de inflamación se vinculan con un descenso significativo en las capacidades cognitivas dos décadas después. Este hallazgo pone de relieve la importancia de controlar los factores de inflamación como estrategia potencial para prevenir el declive de la función mental, de acuerdo con las conclusiones del estudio publicado en la revista Neurology.

La investigación, que contempló participantes con una edad promedio inicial de 56 años, de los cuales el 21% eran de raza negra y el 56% mujeres, ajustó los resultados considerando variables demográficas, riesgos vasculares y comorbilidades. Se descubrió que por cada incremento en la desviación estándar en los niveles de inflamación, medidos mediante la puntuación compuesta de inflamación y el nivel de Proteína C Reactiva (PCR) durante la mediana edad, se asociaba a una reducción adicional en la capacidad cognitiva dos décadas más tarde. En particular, aquellos en el cuartil más alto de dichos marcadores inflamatorios manifestaron un deterioro cognitivo notablemente más acentuado, en comparación con los ubicados en el cuartil inferior.
Los efectos más significativos de la inflamación fueron evidentes en la disminución de la memoria, sugiriendo un vínculo directo entre los marcadores inflamatorios elevados y la pérdida de memoria. Estos resultados se mantuvieron constantes incluso después de ajustar por posibles sesgos debido a deserciones en el estudio, mediante la utilización de una ponderación de probabilidad inversa. La investigación hizo énfasis en la potencialidad de la inflamación sistémica en la mediana edad como una señal de alarma para el futuro desarrollo de problemas cognitivos, reforzando la necesidad de políticas de salud pública dirigidas a la mitigación de estos niveles inflamatorios desde una etapa temprana.
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